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jueves, 25 de julio de 2019

El Libro del Desasosiego


Pessoa, F. 2016. El Libro del Desasosiego. Alianza Editorial

Oculto tras el heterónimo de Bernardo Soares, Pessoa escribe este libro inolvidable, que es un tratado sobre la Realidad frente a la Ensoñación. La Realidad como cárcel, como abismo, como vértigo, y la Ensoñación como bálsamo, como consuelo, como liberación, pero a la vez también como desilusión y decepción. Y entre ambas, el desasosiego permanente. Porque el ensoñamiento de Soares/Pessoa es una actitud lúcida; a pesar de vivir en un mundo imaginario, es perfectamente consciente de su elección. No se trata de un estado ilusorio en el que se haya perdido la cordura. Es una decisión premeditada, una huida consciente de la realidad, un mundo elegido en el que sobrevivir, pero sin dejar de saber dónde se pisa. Soares/Pessoa nunca abandona por completo la Rua de Douradores, ni Lisboa, ni su oficina. Su trabajo no puede ser más prosaico: oficinista contable. Y no lo desprecia, todo lo contrario, pues sabe que es su conexión con la realidad, a la que una mente lúcida no quiere perder nunca totalmente de vista.

Soares/Pessoa defiende los sueños y la imaginación como alternativa frente a la realidad; pero es un sueño propio, personal e intransferible, un derecho individual. El autor descree del sueño colectivo, de la ilusión metafísica, religiosa o incluso científica. No quiere ilusiones fosilizadas o heredadas, ni utopías comunitarias. En sus palabras se condensa todo el hambre de irrealidad del ser humano del que venimos hablando en las páginas de este blog, pero sin abandonar la lucidez y la conciencia: de ahí el desasosiego. Sus aforismos son tan certeros y están tan bellamente esculpidos que no queda otra opción que simplemente ofrecer una selección a continuación, sin posibles comentarios.

"Me escondo detrás de la puerta, para que la Realidad, cuando entre, no me vea. Me escondo debajo de la mesa, donde de manera súbita doy sustos a la Posibilidad. De modo que aparto de mí, como si fueran los dos brazos de un abrazo, los dos grandes tedios que me ahogan: el tedio de poder vivir solo lo Real y el tedio de poder concebir solo lo Posible. Triunfo así de toda Realidad" (p.63).

"Desde los pequeños malentendidos con la realidad, construimos las creencias y las esperanzas y vivimos de las cortezas que llamamos panes, como niños pobres que juegan a ser felices" (p.64).

"La civilización consiste en otorgar un nombre que no le compete a algo para luego ponerse a soñar sobre el resultado. Y realmente el nombre falso y el sueño verdadero crean una nueva realidad. El objeto se convierte en otro, porque nosotros lo convertimos en otro. Manufacturamos realidades" (p.65).

"En el fondo, lo que hay en nosotros de doloroso es lo que no somos en realidad y nuestras mayores tragedias corresponden a la idea que tenemos de nosotros mismos" (p.70).

"Pura solo tú, Señora de los Sueños, que puedo concebirte como amante sin concebir la mancha, puesto que eres irreal. Te puedo concebir, madre, adorándote, porque jamás te manchaste ni del horror de ser fecundada, ni del horror de parir" (p.79)... "Si tuviese la certeza de lo que eres, crearía una religión sobre el sueño de amarte. Eres lo que falta a todo. Eres lo que falta a cada cosa para poder amarla para siempre. Llave extraída de las Puertas del Templo, camino encubierto del Palacio,
Isla lejana que la bruma nunca deja ver..." (p.83)

"Lo cierto es que las cosas que amamos más, o creemos amar más, sólo tienen valor verdadero mientras las soñamos simplemente" (p.92)

"No poseemos un cuerpo ni una verdad, ni una ilusión siquiera. Somos fantasmas de las mentiras, sombras de la ilusión, y nuestra vida está vacía por fuera y por dentro. ¿Conoce alguien las fronteras de su propia alma, para poder decir yo soy yo?" (p.122)

"Vivir la vida en sueños y en falso es también vivir. Renunciar es también hacer algo. Soñar es confesar la necesidad de vivir, sustituyendo la vida real por la irreal, y de esta manera es una compensación de la inalienabilidad del querer vivir" (p.133)

"Los personajes imaginarios tienen más empaque y verdad que los reales. Mi mundo imaginario siempre ha sido el único mundo verdadero para mí. Nunca he disfrutado de amores tan reales, tan llenos de vigor, de sangre y vida como los que mantuve con quien yo mismo creé" (p.152)

"No puedo encarar la realidad frente a frente. El propio sol ya me desanima y me llena de desolación. Sólo en la noche, en la noche a solas conmigo, ajeno, olvidad, perdido --sin ligarme con la realidad ni formando parte de la utilidad-- me encuentro y me conforto" (p.176).

"Que los dioses, caso de ser justos en su justicia, nos conserven los sueños aunque sean imposibles, y nos ofrezcan buenos sueños, por más que sean corrientes. Hoy, cuando aún no soy viejo, me permito soñar con las Islas del Sur y con las Indias imposibles... cámbienme los dioses de sueños, pero no del don de soñar" (p.192).

"La mayoría de los hombres vive con espontaneidad una vida ficticia y ajena. "La mayoría de los hombres son otros hombres", dice Oscar Wilde, y tiene razón. Unos se pasan la vida en busca de algo que no desean; otros se emplean en la búsqueda de lo que desean y no les vale; otros, incluso, se pierden" (p.212).

"El cansancio de todas las ilusiones y de todo lo que incluyen las ilusiones --su pérdida, su inutilidad, el precansancio de tener que tenerlas para luego perderlas, la tristeza de haberlas tenido, la vergüenza intelectual de saber que las has tenido sabiendo cuál sería su fin... la conciencia de la inconsciencia de la vida es el más antiguo gravamen a la inteligencia" (p.232).

"Hay criaturas capaces de sufrir durante largas horas por no poder convertirse en el personaje de un cuadro o en la figura de un naipe de la baraja. Hay almas sobre las que pesa como una maldición el no poder travestirse en gentes de la Edad Media. Esto es lo que me ocurrió hace tiempo. Hoy ya no me ocurre" (p.235).

"Tomar el sueño por algo real, vivir demasiadamente los sueños me ha dado la espina de la rosa falsa de mi soñada vida: no me gustan ni siquiera los sueños, pues a todos les hallo defectos" (p.249).

"Yo crucé más mares que nadie. Yo he visto más montañas de las que hay en la tierra. He paseado por más ciudades de las que existen y los grandes ríos de ninguno de los mundos fluyeron, absolutos, bajo mis ojos contemplativos. Si viajase sólo encontraría un pobre remedo de lo que ya he visto sin viajar" (p.256).

"El sueño, no obstante, lo reemplaza todo. En él puede caber toda la noción de esfuerzo, pero sin el esfuerzo real. Dentro del sueño puedo batallar sin riesgo de miedos o de caer herido. Puedo razonar sin que esté previsto alcanzar alguna verdad y que me duela el no alcanzarla nunca... puedo cambiar de amante pero ella siempre será la misma" (p.303).

"La metafísica siempre me ha parecido una forma extendida de locura latente. Si conociéramos la verdad, la veríamos; todo lo demás es sistema y alrededores. Nos bastaría, pensándolo mejor, con la incomprensibilidad del universo; tratar de comprenderlo es ser menos que hombres, porque ser hombre es saber que no se puede comprender" (p.314.)

"Permaneceremos indiferentes a la verdad o mentira de todas las religiones, de todas las filosofías, de todas las hipótesis inútilmente verificables a que llamamos ciencia" (p.322)

"Reconocer la realidad como una forma de ilusión, y la ilusión como una forma de realidad, es tan necesario como inútil" (p.324)

"El soñador no es superior al hombre de activo porque el sueño sea superior a la realidad. La superioridad del soñador consiste en que soñar es mucho más práctico que vivir, y en que el soñador saca de la vida un placer mucho más vasto y variado que el hombre de acción. En mejores y más directas palabras, el soñador es el verdadero hombre de acción" (p.327).

"Para mí, solo mi conciencia es real; los demás son fenómenos inciertos en esa conciencia y a los que sería indiferente prestar una realidad muy verdadera" (p.335)

"De soñar nadie se cansa, porque soñar es olvidar, y olvidar no cansa porque es un sueño sin sueños mientras estamos despiertos. En sueños lo he logrado todo. Me he despertado después, pero ¿qué importa? ¡Cuántos Césares he sido!... ¡Cuántos Césares he sido aquí mismo, en la Rua dos Douradores! Los Césares que he sido aún viven en mi imaginación, pero los verdaderos están ya muertos y la Rua dos Douradores, es decir, la realidad no los puede conocer (p.341).

"No sólo es mejor, sino más auténtico, soñar con Burdeos que desembarcar en Burdeos" (p.359).

"Me repugna la vida real como condena; me repugna el sueño como una liberación innoble. Pero vivo lo más cotidiano y lo más sórdido de la vida real y lo más intenso y constante del sueño" (p.380).

"Toda la vida es sueño. Nadie sabe lo que hace, nadie sabe lo que quiere, nadie sabe lo que sabe... todos los movimientos y propósitos de la vida, desde la vida simple de los pulmones hasta la construcción de los imperios, los considero como una somnolencia, cosas como sueños o interrupciones de la consciencia, ocurridas involuntariamente en el intervalo entre una realidad y otra" (p.407).

"Por lo demás, ni sueño ni vivo, sino que sueño la vida real. Todas las naves son naves de sueño con tal de que exista en nosotros el poder de soñarlas. Lo que mata al soñador es no vivir mientras sueña; lo que hiere al que hace algo es no soñar cuando vive. Yo he fundido en un solo color de felicidad la belleza del sueño y la realidad de la vida... Matar el sueño es matarnos. Es mutilar nuestra alma. El sueño es lo que tenemos realmente nuestro, de impenetrable e inexpugnablemente nuestro" (p.408). 

"Tengo el cierto deber de soñar siempre, pues, no siendo más ni queriendo ser más que un espectador de mí mismo, tengo que ofrecerme el mayor espectáculo posible. Así me construyo a base de oros y sedas, en salones de mentira, escenario falso, decorado antiguo, sueño creado entre juegos de luces tenues y músicas invisibles" (p.465).

"Si, el tedio es eso: la pérdida por parte del alma, de su capacidad para ilusionarse, la carencia, en el pensamiento, de una escalera inexistente por donde ascender sólidamente hasta la verdad" (p.482).

"La mentira es, simplemente, el lenguaje del alma, pues, del mismo modo que nos servimos de palabras...de igual manera nos servimos de la mentira y de la ficción para entendernos los unos y los otros, lo que con la verdad, propia e intransferible, no se podría conseguir nunca" (p.484).

"Y tal cosa me hace soñar la pregunta de si no será todo en este mundo real un entremezclado de sueños y novelas, como cajas dentro de otras cajas mayores --unas dentro de otras y así hasta el final--, siendo todo una historia de historias, como Las Mil y Una Noches, recorriendo ficticiamente la noche eterna" (p.490).

"Saber no tener ilusiones es absolutamente necesario para poder tener sueños. Llegarás así al punto supremo de la renuncia soñadora, donde los sentidos se mezclan, los sentimientos se desbordan, las ideas se penetran entre sí" (p.530).

"Es humano querer lo que es necesario, pero es humano desear lo que, no siendo preciso, es deseable. Lo doloroso es desear con igual intensidad lo que nos es preciso y lo que nos es deseable, sufriendo por la imperfección de igual manera que sufrimos por no tener pan. El mal romántico es éste: el desear la Luna como si hubiera modo humano de conseguirla" (p.535).

"...ese episodio de la imaginación al que llamamos realidad" (p.571)

"La inacción consuela de todo. No hacer nada nos lo da todo. Imaginar lo es todo, siempre que no tienda a la acción. Nadie puede ser el rey del mundo salvo en sueños" (p.590).

"Todos los ideales y todas las ambiciones son un desvarío de verduleras hombres. No hay imperio que justifique el destrozar de una muñeca. No hay ideal que que merezca el sacrificio de un tren de hojalata. ¿Qué imperio es útil o qué ideal  provechoso? Todo es humanidad y la humanidad es siempre la misma --variable pero no perfeccionable, cambiante, pero sin moverse de sitio" (p.599).

"Cuanto más y mejor contemplo el espectáculo del mundo y el flujo y reflujo de la mutación de las cosas, más profundamente me compenetro con la ficción congénita de todo, con el prestigio falso y suntuario de todas las realidades" (p.615).

"Los campos son más verdes en su discurso que en su verdor" (p.616).

"Prefiero un Moreira al mundo astral; prefiero la realidad a la verdad; prefiero con mucho la vida al propio dios que la creó" (p.646).

"Mientras podamos considerar este mundo como una ilusión o un fantasma, podremos considerar todo cuanto nos ocurre como un sueño, algo que fingía ser porque estábamos dormidos. Entonces nace en nosotros una indiferencia sutil y profunda hasta todos los desaires y desastres de la vida" (p.654). 

"Que los dioses me conserven, hasta la hora en que acabe ese aspecto mío, la noción clara y solar de la realidad externa, el instinto de mi insignificancia, la comodidad de ser pequeño y pensar en ser feliz" (p.268)

Fernando Pessoa, filosofía del desasosiego




domingo, 9 de septiembre de 2018

El Coronel no Tiene Quien le Escriba


García Márquez, G. 2017. El Coronel no Tiene Quien le Escriba. Debolsillo

La esperanza es el tema principal de esta novela. La esperanza, ya lo hemos comentado en otra ocasión, puede considerarse como una actitud positiva o todo lo contrario. En esta novela, se presenta en su más absoluta crudeza: aquí la esperanza es, en lugar de aquello que nos mueve, aquello que nos inmoviliza, pues va asociada al miedo e impide actuar sobre la realidad de manera inteligente y decisiva.

"Durante cincuenta y seis años -- desde cuando terminó la última guerra civil -- el coronel no había hecho nada distinto de esperar" (p.7). He aquí el problema del coronel: no hace nada, solo espera, y esa espera provoca miedo y una ansiedad paralizante. Cada vez que llega el correo donde se supone debe aparecer la carta anunciando la concesión de su pensión, siente lo mismo: "Cada vez que lo hacía, el coronel experimentaba una ansiedad muy distinta pero tan apremiante como el terror" (p.21)

El coronel es consciente de lo pueril de esa actitud esperanzada, por eso no la reconoce cuando le preguntan: "El coronel se sintió avergonzado. -- No esperaba nada -- mintió. Volvió hacia el médico una mirada enteramente infantil--. Yo no tengo quien me escriba" (p. 23)

El médico, un poco más adelante, asocia la esperanza con la ingenuidad y le advierte: "No sea ingenuo, coronel -- dijo el médico. Ya nosotros estamos muy grandes para esperar al Mesías" (p.23). De la misma forma, el cartero también le indica, ante su tozuda esperanza, la realidad: "Lo único que llega con seguridad es la muerte, coronel" (p.62). Pero el coronel no hace caso a estas advertencias, no renuncia a la esperanza.

La esperanza también se asocia en otro momento con la desazón, la frustración: "Acuclillado en la plataforma de tablas sin cepillar experimentó la desazón del anhelo frustrado" (p.26) "Se sentía defraudado. Habría preferido permanecer allí hasta el viernes siguiente para no presentarse esa noche ante su mujer con las manos vacías".(p.37). Todos estos sentimientos van acumulándose en el corazón del coronel, y ninguno es positivo. Es cierto que hay un momento en el que la espera se asocia a una virtud positiva: la paciencia. Una de las veces que el coronel vuelve sin la esperada carta, su mujer le dice: "Se necesita tener esa paciencia de buey que tú tienes para esperar una carta durante quince años" (p.37). La paciencia conectada a la esperanza: más adelante volveremos a ella.

La única acción que el coronel emprende para intentar salir del estado de miseria en el que se encuentran él y su mujer es la crianza de un gallo de pelea, pero en el fondo también se trata de otra espera más, puesto que el gallo no le da nada ahora, es solo una ilusión del futuro, cuando tal vez pelee y pueda sacar dinero de él. "Dentro de tres meses será la pelea y entonces podremos venderlo a mejor precio" (p. 49). Su mujer, más realista, se empeña en que lo venda ya, aunque haya que malvenderlo. En este diálogo encontramos a la esperanza asociada a otras dos palabras: ilusión y milagro:

"--Es un gallo contante y sonante --dijo. Hizo cálculos mientras sorbía una cucharada de mazamorra --. Nos dará para comer tres años. 
-- La ilusión no se come-- dijo ella. 
-- No se come, pero alimenta -- replicó el coronel--. Es algo así como las pastillas milagrosas de mi compadre Sabas" (p. 64)

En otro lugar, encontramos una reflexión que asocia el estado de esperanza a la falta de paz y de sosiego: "Necesitó medio siglo para darse cuenta de que no había tenido un minuto de sosiego después de la rendición de Neerlandia" (p.69). El estado de esperanza, por definición, trae consigo el desasosiego, puesto que la esperanza es la cara de una moneda en cuya cruz están inscritos el miedo, la preocupación y la incertidumbre.

Cuando, por enésima vez, su mujer espera que el coronel haya emprendido alguna acción y al menos se hay decidido a vender el gallo, aparecen más sentimientos asociados a la esperanza: "La momentánea frustración de sus proyectos le produjo una confusa sensación de vergüenza y resentimiento". La frustración y la vergüenza ya han sido mencionadas antes, pero aquí aparece otro sentimiento aún más negativo: el resentimiento, el rencor, inevitable a la larga, pues a algo o a alguien habrá que culpar cuando se espera y nunca llega lo que se espera -- culparemos a los que nos rodean, al gobierno, a la realidad o a Dios.

Ansiedad, vergüenza, ingenuidad, ilusión, paciencia, falta de sosiego, rencor: estas son las palabras que encontramos en el libro asociadas a la esperanza. De todas ellas, la paciencia es la única claramente positiva. En su tercera acepción del diccionario de la RAE, se define así la paciencia: "Facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho". De hecho, la paciencia es lo único que puede hacer sobrellevable la esperanza, porque si unimos la esperanza a la impaciencia, el resultado necesariamente es la ansiedad.

No obstante, lo ideal es el uso de la paciencia según la primera acepción que tiene en el diccionario: "Capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse". Es decir, la paciencia no como espera del cumplimiento del deseo, sino como aceptación de la realidad sin esperar nada de ella: sólo así podremos cambiarla.

El coronel no cambia nada, no actúa, solo espera. Por eso, cuando su mujer le pregunta "Y mientras tanto, qué comemos", sólo le sale una respuesta: "Mierda", última palabra del libro asociada a la esperanza.

Reseña 

Proyecto para resitutir la memoria del abuelo de García márquez, que inspiró la novela



viernes, 7 de mayo de 2021

Utopía. Historia de una Idea


Claeys, Gregory. 2011. Utopía. Historia de una Idea. Siruela. 

Título original: Searching for Utopia. The History of an Idea.  

Claeys realiza un recorrido por el pensamiento utópico que tiene muchos puntos en común con el monumental estudio de Bloch El Principio Esperanza. Es un recorrido por los ideales y sueños del ser humano, una de cuyas principales características es la imposibilidad de conformarse con la realidad, y la necesidad de crear paraísos donde acudir y agarrarse para sobrevivir a la dureza del camino. 

Claeys divide el pensamiento utópico en tres etapas: la mítica, la religiosa y la positiva o institucional. Las dos primeras enlazan esta vida con otra posterior, mientras que la tercera intenta conseguir la utopía en esta vida. Claeys comienza por delimitar el concepto de utopía, circunscribiéndolo a aquello que consideramos deseable pero también plausible, distanciándolo así de los deseos, los sueños, la esperanza o la ciencia ficción. 

Para Claeys, la utopía "explora el espacio entre lo posible y lo imposible... Es un lugar en el que hemos estado y del que a veces hemos huido, y un lugar todavía ignoto que aspiramos a visitar. Sin él, la humanidad  nunca habría avanzado en su lucha por mejorar. Es una estrella polar , una guía, un punto de referencia en el mapa común de una búsqueda eterna de la mejora de la condición humana " (p.15). 

Comienza el viaje por la era clásica, con los mitos y las edades de oro, como la que cita Hesíodo en Los Trabajos y los Días, Homero en la Odisea, u Ovidio en las Metamorfosis. Visitamos la Atlántida, la Arcadia, o la República de Platón. Después viene el cristianismo, con el Edén como cuna de la humanidad y fin del creyente, y las creencias milenaristas: la Ciudad de Dios de Juan, la Tercera Edad de la Humanidad de Joaquín de Fiore, Thomas Munzer y los anabaptistas. Dante retrata el paraíso en la Divina Comedia y Milton su pérdida en El Paraíso Perdido

Pero no solo Europa crea paraísos. La Epopeya de Gilgamesh también habla de una mítica edad de oro, o el Libro de los Muertos, de la época egipcia clásica. El Taoísmo tiene su Tierra Pura, el Corán su Jardín, Confucio y Lao zi diseñan sociedades ideales, y el hinduismo hace referencia a las eras védicas en el Mahabarata

Un capítulo completo está dedicado a la Utopía de Tomás Moro, preguntándose cuáles eran las intenciones del autor, si una mera crítica social de tono pesimista o un intento esperanzado de diseño de sociedad ideal. 

Otro capítulo está dedicado a los Viajes al Nuevo Mundo y más allá: Avalón, la Amazonia, las tierras fabulosas del Preste Juan, las minas del Rey Salomón, el Dorado o el Pacífico (ya comentamos aquí el interesantísimo libro sobre los Mitos y Utopías del Descubrimiento de Juan Gil). 

Continuamos el viaje por la era de Defoe y Swift, titulado "Sátiras e isla desiertas". Con los Viajes de Gulliver comienza un giro escéptico y pesimista hacia la distopía, al ser cada vez más evidente la distancia entre el primitivismo y la vida sencilla y la creciente complejidad de la civilización europea. La idea de que la modernidad trae consigo desasosiego e infelicidad está cada vez más extendida, y la fascinación por el primitivismo y el culto al "buen salvaje" crece. 

Con la Ilustración, la utopía toma un carácter secular y se orienta hacia el progreso y deja de mirar con nostalgia al pasado. La revolución francesa da lugar posteriormente al Terror, evidenciando uno de los mayores peligros de las utopías que se quieren imponer por la fuerza. 

Hay un capítulo dedicado a la arquitectura y su contribución al diseño de ciudades ideales, desde Camelot a la Nueva Jerusalén, pasando por la Ciudad del Sol de Campanella, Cristianópolis de Andreae, Icaria de Étienne Cabet o ciudades futuristas como Brasilia. Por otro lado, está la utopía como comunidad, pasando revista a los menonitas, los shakers, los zoaritas, los amish, los MORMONES, las comunas de Robert Owen y de Charles Fourier, o los hippies. 

Llega la segunda era revolucionaria con pre-marxistas como Henri de Saint-Simon o positivistas como Auguste Comte, y por fin Karl Marx  y su Manifiesto Comunista, ideales que terminarían en el totalitarismo staliniano, otro ejemplo del terrible fin de las utopías implantadas como un rodillo. El anarquismo también tuvo una enorme fuerza como movimiento utópico, especialmente en España.  

Finalmente, llega la invención del tecnología y la fe ciega en el progreso, la fascinación por las máquinas, la eugenesia, el optimismo radical del cientificismo y la vez la aparición de miedos y distopías como Frankenstein de Mary Shelley, o Un Mundo Feliz de Aldous Huxley. Hay una reacción utópica a este progreso desmedido con Thoreau (Walden o La vida en los Bosques) o pintores como Gauguin y su fuga al supuesto paraíso de la Polinesia. 

Los últimos capítulos están dedicados a la ciencia-ficción (Verne, H.G. Wells), las distopías (Huxley, Orwell) y el papel del cine y el imaginario creado por películas como Metrópolis de Fritz Lang hasta la Guerra de las Galaxias de Lucas pasando por 2001: Una Odisea del Espacio de Stanley Kubrick o Blade Runner de Ridley Scott. 

Terminamos con un párrafo incluido en el último capítulo, sobre el propósito general del libro: 

"En este libro hemos trazado una distinción entre la tradición de imaginar visiones finales, paradisíacas o en ocasiones apocalípticas del destino último de la humanidad, y la tradición en la cual la naturaleza humana, si se mejora, se asemeja a la conducta humana real lo bastante como para que su descripción idealizada siga siendo verosímil. El segundo de estos dos ámbitos, que está entre lo posible y lo imposible, es la utopía: no es la perfectibilidad ni tampoco es impecable, completa, final o total; no exige virtud pura y constante; no anuncia la salvación ni alguna forma de "emancipación" definitiva o de "fin de la Historia". Cuando la utopía aspira a tales metas, deviene cada vez más intolerante y forzosa y se transforma en distopía. Y es que entonces demanda la salvación en vez de la mejora, y luchar por la salvación en esta vida conduce inevitablemente a la impaciencia y por ende a la violencia contra los herejes y los fracasados. En una visión así, los refugiados de la utopía pronto superan en número a sus habitantes" (p. 204) .  

martes, 6 de agosto de 2019

El Principio Esperanza


Bloch, Ernst. 2006. El Principio Esperanza. Editorial Trotta. (3 tomos) (Traducción de Felipe González Vicén)

(Título original:  Das Princip Hoffnung. In fünf Teilen. 1959)

Estamos ante una monumental obra sobre la esperanza humana, consistente en tres tomos de más de 1500 páginas, un exhaustivo tratado sobre la Esperanza, que aunque está escrito desde una perspectiva marxista, agrupa todas las ilusiones, sueños y utopías que han puesto y siguen poniendo al ser humano en movimiento hacia una vida mejor. Situado en la misma vertiente que el Breve Tratado de la Ilusión de Julián Marías, o La Sociedad Invisible, de Innerarity, reivindica la necesidad de la esperanza y la utopía como motores del progreso y la sociedad, frente a otros autores, como Spinoza, Prajnânpad, o Comte-Sponville, que argumentan en contra de la esperanza, a la que ven no como virtud, sino como causa de desasosiego, temor y parálisis (ver el Tratado de la Desesperanza y la Felicidad, La Felicidad, Desesperadamente, o De l'autre Côté du Désespoir, de Comte-Sponville).

La esperanza se encuentra en el centro del foco de nuestro interés, por ser una emoción con cara y cruz: por un lado, se relaciona con nuestros deseos e ilusiones, nuestros anhelos y aspiraciones, nuestra voluntad de mejorar el mundo y mejorarnos a nosotros mismos; por otro lado, es compañera inseparable de nuestros miedos y frustraciones, de nuestros falsos sueños y decepciones, nuestra falta de contacto con la realidad y construcción de castillos en el aire. Bloch, sin duda, se sitúa en la cara positiva de la esperanza, a la que hermana directamente con la Utopía, como fuerza motriz de la vida humana. Todo podría resumirse en la figura de Colón:

"La creencia en el paraíso terrenal, sólo ella, prestó ánimo a los navegantes para osar consciente y planificadamente la travesía hacia el Oeste... Más que hombre alguno, Colón creía en el paraíso terrenal, en el lugar física y metafísicamente más elevado de la tierra: ésta era la costa de su Atlántico" (tomo 2, pp.362-3).

Es cierto: la utopías, por una parte, nos han llevado a los seres humanos a lugares donde nunca habríamos llegado a no ser por el poder de su atracción. Pero por otra parte, no es menos cierto que en otras ocasiones han traído destrucción y fanatismo, por su capacidad cegadora y obstinada de querer buscar, implementar e imponer una realidad imposible como si de ingeniería social se tratase, siendo la causa de los fascismos y totalitarismos que han asolado el siglo anterior (por eso, un buen contrapunto a la lectura de este libro sería La Sociedad Abierta y sus Enemigos, de Karl Popper). Escribe Vargas Llosa:

 "Todas las utopías sociales de derecha o de izquierda, religiosas o laicas, se fundan en la noción "positiva" de la libertad. Ellas parten del convencimiento de que en cada persona hay, además del individuo particular y distinto, algo más importante, un "yo" social idéntico, que aspira a realizar un ideal colectivo, solidario, que se hará realidad en un futuro dado y al que debe ser sacrificado todo lo que lo impide y destruye. Por ejemplo, todos aquellos casos particulares que constituyen una amenaza contra la armonía y la homogeneidad social. Por eso, en nombre de esa libertad "positiva" --esa sociedad utópica futura, la de la raza elegida triunfante, la de la sociedad sin clases y sin Estado, o la ciudad de los bienaventurados eternos-- se han librado guerras crudelísimas, establecido campos de concentración, exterminado a millones de seres humanos, impuesto sistemas asfixiantes y eliminado toda forma de disidencia o de crítica" (1).

Sea como sea, positiva o negativa, la esperanza es consustancial a la condición humana. Por ello, El Principio Esperanza, al ser una historia de todas nuestras utopías y sueños, es también un tratado de la naturaleza humana. El tomo primero comienza por analizar nuestros sueños diurnos en la vida diaria a lo largo de las diferentes etapas de la vida; nuestros impulsos y apetitos básicos, nuestros sueños nocturnos, el papel de lo todavía-no-consciente, lo posible, lo anticipado, lo deseado en el espejo, los castillos en el aire que construimos en torno a las fábulas, las novelas, el bailes, el cine, el teatro, el arte. Entre decenas de interesantísimos ejemplos de la fuerza de la esperanza, selecciono uno de este primer tomo: el mito de la Helena egipcia y la Helena troyana en la tragedia de Eurípides. La Helena egipcia es la real, mientras que la otra es un fantasma. Pero ese fantasma es por el que Menelao ha guerreado durante diez años, y por el que han muerto decenas de miles de hombres. Menelao se rinde a la evidencia y se queda con la Helena real, pero esta nunca llega a poder competir con la luminosidad del objeto ensoñado, cuyo brillo utópico es inigualable. Como dice Clement Rosset, "en caso de conflicto entre lo ilusorio y lo real, siempre triunfa la ilusión" (2).

El tomo segundo, titulado Proyecciones de un mundo mejor, analiza las utopías en el arte médico, los sistemas sociales, la técnica, la arquitectura, la geografía y el arte. Así, se pasa revista a las variaciones del Edén o El Dorado, como el sueño del estado dórico en Platón, la isla del sol de Yambulo, la Ciudad de Dios de San Agustín, el tercer evangelio de Joaquín de Fiore, la utopía de tomás Moro, el estado del sol de Campanella, o las utopías de Owen, Fourier, Cabe, Saint-Simon, Stirner, Proudhon o Bakunin. Por otro lado, están las utopías de la ciencia, o las utopías técnicas: la alquimia, la lámpara de Aladino o la flauta mágica, el Nova Atlantis de Bacon, las máquinas, la energía atómica. A continuación, se analizan las utopías arquitectónicas y las geográficas: el Vellocino de oro, el Santo Grial, el Paraíso, la isla de los feacios, las columnas de Hércules,el viaje por mar de San Brandán, el reino del preste Juan, el viaje de Colón, las Tierras del Sur. También se desglosan los paisajes desiderativos representados en la pintura, la ópera y la literatura, como el Paraíso de Dante, el país legendario de Giotto o el Elíseo. No se olvidan los paisajes desiderativos en la filosofía, pasando a través de Anaximandro, Platón, San agustín, Kant, Spinoza o Leibniz. Por último, se mencionan las utopías actuales en el capitalismo y el socialismo.

El tomo tercero, titulado Imágenes desiderativas del instante colmado, está dedicado a paradigmas literarios como Fausto, don Juan, Ulises, don Quijote, Hamlet, Próspero (La tempestad), Tasso versus Antonio (de Goethe, o el idealismo frente al realismo). Hay toda una sección dedicada a la música, a la que se denomina "el arte franqueador por excelencia", pura aspiración o tendencia, y una sección dedicada a la muerte, el más allá, el viaje celestial gnóstico, el cielo egipcio, la resurrección bíblica y el apocalipsis, el cielo mahometano, el nirvana budista, los mormones, los curanderos, la inmortalidad metafórica, la pervivencia en los libros. La religión ocupa un lugar preponderante como creadora de utopías, comenzando por su raíz mítica (Orfeo y Prometeo), siguiendo por los dioses babilónicos y egipcios, Confucio, Lao zi, el Tao Te ching, Moisés, Zoroastro, Mani, Buda, Jesús y Mahoma. Se analiza el papel del destino (Cassandra, Isaías) y el de Dios como ideal (siguiendo sobre todo la línea de Feuerbach: el hombre crea a Dios), el ateísmo, la mística, los milagros. Partiendo de las fábulas, se llega al bien supremo y al marxismo como esperanza.

Terminamos con un párrafo que resume bien la filosofía de Bloch:

"Desde siempre se ha enseñado al hombre que no debe salirse de sus posibilidades, y así lo ha aprendido; pero ni sus deseos ni sus sueños se doblegan. Todos los hombres, puede decirse, están prendidos en el futuro, superan la vida que les ha tocado vivir. Y en tanto en cuanto se sienten insatisfechos, valoran una vida mejor... El sueño soñado despierto de una vida perfecta, un sueño mediado objetivamente, y precisamente por ello no resignado, supera así tanto su proclividad al engaño como la misma falta de sueños. Esta última, con su mantenerse-en-sí o unida a un realismo que solo parece serlo si es resignado, es precisamente la situación predominante de muchos hombres, pensantes pero poco cognoscentes, en una sociedad sin perspectiva " (tomo 3, pp.498-99).

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(1) Vargas Llosa, Mario. 2019. La Llamada de la Tribu. Penguin Random House (pp. 258-9)

(2) Rosset, Clement. 2012. Lo Invisible. El cuento de plata SLR (p.33)


Ernst Bloch, profeta de la razón utópica

Posmarxismo y poscristianismo de Enst Bloch 

Utopía e ideología en el pensamiento de Ernst Bloch 

Introducción a Ernst Bloch (a 125 años de su nacimiento) 

Reseña

Texto completo (tomo 1)


miércoles, 6 de noviembre de 2019

Niebla


Unamuno, Miguel de. 1982. Niebla. Ediciones Orbis.

Decía Isaiah Berlin que los hombres se dividen en dos: los zorros y los erizos, siguiendo la frase de Arquiloco "el zorro sabe muchas cosas, pero el erizo sabe una gran cosa". Los erizos tiene una visión centrada y sistematizada de la realidad, mientras que los zorros tienen una visión dispersa, múltiple y contradictoria. Si alguien es un ejemplo perfecto de zorro, ese es Unamuno. Tanto él como su personaje Augusto, personaje central de la novela Niebla, son un cúmulo de contradicciones, una personalidad múltiple que no es capaz de comprenderse a sí misma. Dice Unamuno en un ensayo sobre Pirandello: "Otra de las concepciones que ese yo incógnito sembró en Pirandello y en mí fue el modo de ver y desarrollar las personalidades históricas -- o sea, de ficción -- en flujo vivo de contradicciones, como una serie de yos, como un río espiritual. Todo lo contrario de lo que en la dramaturgia espiritual se llama un carácter. "No logro definirle a usted", me dijo una vez un teólogo. Y le contesté: "Afortunadamente para mí, pues si usted u otro lograra definirme, es que me habría muerto yo ya" (1). Como diría Walt Whitman, Unamuno "contenía multitudes".

Este principio de incertidumbre ante sí mismo y la realidad es la característica que más me llama la atención de Unamuno, su decisión de vivir en una continua duda a pesar de que ello le aportara angustia y desasosiego. La religión aparecía ante sí continuamente ofreciéndole el espejismo de la fe y la certeza en algo seguro a lo que agarrarse, pero su razón le impedía una y otra vez optar por el camino fácil. Como dice D.L.Shaw, "En diferentes momentos, Unamuno pasó por alternativas de acezante angustia y de readquisición temporal de la confianza religiosa. La más importante de ellas fue la "feliz incertidumbre", que es un intento de volver la angst contra sí mismo y verla como un estado espiritual positivo en vez de negativo" (2). Esta forma inquieta e inquietante de ver la realidad le llevó a posturas opuestas frente a acontecimientos trascendentales, como sus diferentes opiniones frente al golpe militar de 1936, reflejado en la película Mientas Dure la Guerra, de Amenábar. El estreno reciente de esta película me ha llevado a releer Niebla.

Niebla es un ejemplo paradigmático de metaficción: el juego de la ficción consigo misma, difuminando las fronteras entre ésta y la realidad, de forma que la realidad se introduce en la ficción y la ficción en la realidad, algo que ya hizo Cervantes en el Quiote, o siguen haciendo escritores como Javier Cercas o Paul Auster. Dice Unamuno en el mismo ensayo citado previamente:

 "Y he encontrado en Pirandello otra expresión que me parece característica, y es la de que esos seres históricos que los hombres empíricos y fisiológicos llaman de ficción son acaso menos reales, pero más verdaderos. ¡Menos reales, pero más verdaderos! ¿Y qué es la realidad? ¿Qué es verdad? ¿Hay una realidad no verdadera? ¿Hay una verdad no real? Es todo el problema del arte y todo el problema de la filosofía. Es el problema de la historia... "Realidad deriva de "real" y "real" de res, cosa. Suele contraponerse a lo real lo ideal y a la realidad la idealidad. ¿Pero es que las ideas no son tan verdaderas como lo que llamamos cosas? Más verdaderas por ser más duraderas. Y aun la verdad de las cosas está en su idealidad" (3).

La niebla de la novela es la difusa frontera entre la ficción y la realidad. El personaje Augusto Pérez tiene mucho de Segismundo, pues constantemente duda si vive en un sueño o en la realidad: Le dice a su perro Orfeo antes de irse a dormir: "Ay, Orfeo, Orfeo, esto de dormir solo, solo, es la ilusión, la apariencia; el sueño de dos es ya la verdad, la realidad. ¿Qué es el mundo real sino el sueño que soñamos todos, el sueño común?" Y cayó en el sueño" (p.95).  A su vez, Orfeo (pues el perro también piensa, como el perro de Auster en Timbuktú), antes de morir, hace una reflexión similar, pues la muerte al fin y al cabo, es también una especie de sueño: "Siento que mi espíritu se purifica al contacto de esta muerte, de esta purificación de mi amo, y que aspira hacia la niebla en que él al fin se deshizo, a la niebla que brotó y a que revirtió -- Orfeo siente venir la niebla tenebrosa..." (p.235). Venimos de la niebla, vamos a la niebla, vivimos en la niebla. Esa bruma constante, esa falta de luz y claridad, que es la misma de la que habla Esquirol en su libro La Penúltima Bondad, es nuestro estado natural.

Una forma de escapar a la angustia que produce esa niebla, se encuentra en el consuelo de la religión, bajo el que Unamuno se vio tentado a buscar cobijo durante toda su vida. Tal y como le dice a Augusto su amigo Don Ávito Carrascal, profundamente consternado por la muerte de su hijo, la vida es un constante ir de la ilusión al desengaño, y finalmente para él el único refugio es la religión: "No hay más que dos legados: el de las ilusiones y el de los desengaños, y ambos sólo se encuentran donde nos encontramos hace poco: en el templo... Porque la ilusión, la esperanza, engendra el desengaño, el recuerdo, y el desengaño, el recuerdo, engendra a su vez la ilusión, la esperanza... No hay presente posible, no hay ciencia ni realidad que valgan para mí; no puedo vivir sino recordándole o esperándole. Y he ido a parar a ese hogar de todas las ilusiones y todos los desengaños: ¡a la iglesia!" (p.99). En el templo no hay bruma ni niebla, de la misma forma que en el mundo platónico de las ideas, que es lo mismo: el cielo claro y diáfano inventado por Platón. El perro Orfeo ve así este cielo, con la misma ironía con la que podría verlo Diógenes el cínico (o el perro):

"¡Pobre amo mío! ¿Qué será ahora de él? ¿Dónde estará aquello que en él hablaba y soñaba? Tal vez allá arriba, en el mundo puro, en la alta meseta de la tierra, en la tierra pura toda ella de colores puros, como la vio Platón, al que los hombres llaman divino; en aquella sobrehaz terrestre de que caen las piedras preciosas, donde están los hombres puros y purificados bebiendo aire y respirando éter... Allí, en el mundo puro platónico, en el de las ideas encarnadas, está el perro puro, el perro de veras cínico. ¡Y allí está mi amo!" (p.235).

El lenguaje, que podría ser otra forma de dar claridad a la niebla, no hace más que aumentarla. Podría ser el instrumento para aclarar ideas y comunicarnos con propiedad, pero no consigue otra cosa que hacer la niebla aún más espesa, pues es la fuente de todas las mentiras (ver Valverde y Watzlawick). Piensa Augusto, refiriéndose a Rosario: "

"La he estado mintiendo y he estado mintiéndome. ¡Siempre es así! Todo es fantasía y no hay más que fantasía. El hombre en cuanto habla miente, y en cuanto se habla a sí mismo, es decir, en cuanto piensa sabiendo que piensa, se miente. No hay más verdad que la vida fisiológica. La palabra, ese producto social, se ha hecho para mentir. Le he oído a nuestro filósofo que la verdad es, como la palabra, un producto social, lo que creen todos, y creyéndole uno se entiende. Lo que es producto social es la mentira... No hacemos más que mentir y darnos importancia. La palabra se hizo para exagerar nuestras sensaciones e impresiones todas... acaso para creerlas... Nadie sufre ni goza lo que dice y expresa, y acaso cree que goza y sufre, si no, no se podría vivir" (p.131-2).

Al no encontrar salida alguna para su desesperada situación, Augusto visita a Unamuno, que se convierte así en otro personaje de ficción dentro del libro. Se produce entonces un enfrentamiento único, entre el autor y su personaje, que no tiene salida alguna salvo el suicidio. "No quiere usted dejarme ser yo, salir de la niebla, vivir, vivir, vivir, verme, oírme, tocarme, sentirme, dolerme, serme. ¿Conque no lo quiere? ¿Conque he de morir ente de ficción? Pues bien, mi señor creador don Miguel, también usted se volverá a la nada de la que salió... ¡Dios dejará de soñarle!" (p.216). No hay salida a la niebla, pues lo que llamamos realidad es también una ficción.

Aunque quizás sí la hay. En un rincón de libro, aparece oculta la que es quizás la única salida. La da Víctor, el amigo íntimo de Augusto y el prologuista de Niebla: la aceptación de la realidad a través de la risa, el humor y  la carcajada sin sentido. Cuando Augusto está destrozado por lo que le ha ocurrido con Eugenia, se burla de su estado: "Y ¿por qué no me he de burlar? ¡Tú, querido experimentador, la quisiste tomar de rana, y es ella la que te ha tomado de rana a tí! ¡Chapúzate, pues, en la charca, y croar y a vivir!" (p.201). Augusto le recrimina que se burle de él de esa forma tan corrosiva y Víctor le contesta: "Y hay que corroer. Y hay que confundir. Confundir sobre todo. Confundir el sueño con la vela, la ficción con la realidad, lo verdadero con lo falso; confundirlo todo en una sola niebla. La broma que no es corrosiva y contundente no sirve para nada. El niño se ríe de la tragedia; el viejo llora en la comedia. Quisiste hacerla rana, te ha hecho rana; acéptalo, pues, y sé para tí mismo rana" (p. 201-2). Quizás sea esta la principal labor del escritor: ser creador de bruma y de broma, provocador de cínicas carcajadas, instigador de dudas, hacedor de niebla.


MORIR SOÑANDO
Au fait, se disait-il a lui-même, il parait que
mon destin est de mourir en rêvant.
(Stendhal, Le Rouge et le Noir, LXX,
«La tranquillité»)


Morir soñando, sí, mas si se sueña
morir, la muerte es sueño; una ventana
hacia el vacío; no soñar; nirvana;
del tiempo al fin la eternidad se adueña.

Vivir el día de hoy bajo la enseña
del ayer deshaciéndose en mañana;
vivir encadenado a la desgana
¿es acaso vivir? ¿y esto qué enseña?

¿Soñar la muerte no es matar el sueño?
¿Vivir el sueño no es matar la vida?
¿A qué poner en ello tanto empeño?:

¿aprender lo que al punto al fin se olvida
escudriñando el implacable ceño
-cielo desierto- del eterno Dueño?
__________________________________________
(1) Ensayo de Unamuno "Pirandello y yo", incluido en la versión de Niebla de la editorial Cátedra (1988) (p. 83)

(2) Shaw, D.L. Historia de la Literatura Española (tomo 5). Ariel  (p.263)

(3) Ibid, p. 84.

domingo, 19 de agosto de 2018

La Gran Desilusión


Gómez, J. 2018. La Gran Desilusión. Cómo Caímos en la Época de la Incertidumbre... y Cómo Saldremos de Ella. Círculo de Tiza.

No podía dejar pasar un libro con este título, del que me ha interesado sobre todo el ensayo central, donde analiza las "las siete desilusiones". Javi Gómez, periodista, enmarca de la siguiente forma lo que él denomina "La Gran Desilusión": "Ya tenemos los tres vértices del malestar contemporáneo: nostalgia, emoción y eterna adolescencia. Nos ha quedado un mundo definido por el miedo al futuro, el dominio de los sentimientos sobre la razón y una sustitución de la responsabilidad por el deseo. El triángulo del desasosiego que delimita el área de La Gran Desilusión" (p.24)

El autor parte de la fórmula de la felicidad enunciada por el ingeniero de Google Mo Gawdat: "La Felicidad es igual o mayor a los eventos que se produzcan en tu vida menos tus expectativas sobre cómo la vida debería ser" (p.22). Por decirlo de otra manera, la felicidad es la concordancia entre tu realidad y tus ilusiones. Nuestra sociedad ha creado una discordancia abismal entre lo primero y lo segundo. Se nos han creado unas expectativas infinitas que han chocado de lleno con la cruda realidad que se hizo patente con la crisis financiera de 2007, y que nos han llevado al "lamento puro de la contemporaneidad: necesidades autocreadas, conexiones invisibles y males intangibles que no podían confluir más que en el etéreo robo del alma" (p.48).

Hemos creado una realidad paralela: "Vivimos diariamente de las vidas de los otros, a través de los medios de comunicación y las redes sociales. La hipercomparación es uno de los aguijones de nuestra autoestima. Como ver ya es sinónimo de creer -- una ilusión que explica la magia y el éxito de la televisión-- hemos terminado por convencernos de que esa felicidad del Instagram ajeno es tangible. Y aún peor: que es real" (p.53) Y esta falsa realidad, cuando se compara con la verdadera realidad, da lugar a las siete desilusiones que, según el autor, definen nuestra época: la desilusión política, la desilusión económica, la desilusión periodística, la desilusión con la libertad de expresión, la desilusión de las pequeñas cosas, la desilusión cultural y la desilusión tecnológica. Citemos un párrafo para entender someramente cad una de estas desilusiones.

La desilusión política: " Las expectativas y las demandas del público frente al sistema político se han hecho tan directas, tan intensas e irrealistas que las quiebra de la democracia está prácticamente asegurada... Exigimos que nos hagan promesas y las cumplan, para después quedar sistemáticamente decepcionados cuando sus límites se muestran evidentes" (p.65)

La desilusión económica: "Nos guía una ideología que tiene como prioridad la complacencia inmediata y los resultados a cortísimo plazo. Somos consumidores narcisos de una sociedad de la tentación" (p. 83)

La desilusión periodística: "La gente prefiere a Trump por lo mismo que consume antes un youtuber que un diario, por una falsa sensación de cercanía debido a la ausencia de intermediarios y un lenguaje más simple y popular... La razón ha dejado el sillón central del salón al sentimiento, y la verdad a la emoción. ¿Qué son si no las redes? Un conjunto de comportamientos emotivos a golpe de tecla" (p. 89)

La desilusión con la libertad de expresión: "Nos esforzamos por eliminar la negatividad estética de nuestro entorno. Un síntoma de nuestra debilidad colectiva. Una fuente de donde brota a chorros la desilusión. No entendemos que el mal -- como la risa, la crueldad o los ronquidos--, es inseparable de nuestra existencia" (p.108)

La desilusión con las pequeñas cosas: "Que la felicidad sea una obsesión, como ocurre hoy, es algo inaudito en la historia de la Humanidad. Nunca el hombre ha sido tan banal como para perseguir solo el disfrute... Cuanto más nos acercan esa narcisístico tarro de la plenitud, cuanto más preocupación nos despierte, más infelices e incompletos nos sentiremos. Y esa es quizás la más honda de todas las ilusiones del mundo contemporáneo: cuando más deseamos la felicidad, más antidepresivos compramos" (pp. 112-3).

La desilusión cultural: "Las sociedades avanzadas gastamos hoy un alma esencialmente lúdica, obsesionada por el confort y la ausencia de sufrimiento, por borrar todo rastro de tragedia en la existencia. Hemos cancelado a Hegel y nos hemos echado en manos de Platón" (p. 129)

Y, finalmente, la desilusión tecnológica: "El 64% de los españoles aseguramos sentir ansiedad si nos quedamos sin batería en el móvil y reconocemos acudir a la pantalla líquida unas 150 veces al día... Empiezan a despuntar síntomas de un hartazgo mesurable en forma de datos... Ya hay sentencias que reconocen el derecho a desconectar el móvil en vacaciones" (pp.134-5)

Como resumen de todo este proceso de desilusión, estos párrafos que lo explican todo: "Nos angustia la parte azarosa indisolublemente ligada a la existencia, porque hemos querido eliminar de nuestra mente la posibilidad de que las cosas salgan mal. Nuestra ilusión ha superado a nuestra consciencia. El marketing ha barrido por goleada al realismo" (p.140). "Esa sociedad profiláctica de hoy que anhela amputarse el mal, la vejez, la muerte, la fealdad, la enfermedad, la suciedad, la mezquindad... Nunca antes coincidió que, creyendo nuestro mundo tan perfecto, nos diésemos cuenta de nuestra crudad imperfección" (p. 148)

A lo largo del libro hay múltiples referencias muy interesantes, desde Daniel Kahneman hasta Yuval Harari pasando por Michel Houellebecq, pero me quedo con dos de obligada lectura: La Expulsión de lo Distinto de Buyng Chul-Hang, y la novela El Palacio de los Sueños, de Ismaïl Kadaré.


Entrevista a Javier Gómez 


lunes, 4 de noviembre de 2019

The Book of Illusions


Auster, Paul. 2002. The Book of Illusions. Faber and Faber.

Una historia dentro de otra historia dentro de otra historia, como en Las Mil y Una Noches:  así se va desarrollando este libro, como un laberinto de ficciones y sueños encadenados poblado por fantasmas. Zimmer, el protagonista, vive como si lo fuera desde que perdió a su familia en una accidente de avión. Sólo encuentra una vía de escape de la realidad: ver y analizar las películas de un antiguo director de cine mudo dado por muerto, Hector Mann. Dedica a esta tarea cada minuto de su tiempo, aislado por completo del mundo exterior. En una de esas películas, Mr Nobody, cuyo argumento se nos cuenta plano a plano, el protagonista (Hector) se transforma en hombre invisible, convirtiéndose así en un fantasma para todos los que le rodean. Esta película es de alguna forma el anticipo de lo que será el resto de su vida para Hector Mann.

Posteriormente, Zimmer se dedica a traducir las Memorias de Ultratumba de Chateaubriand, que él traduce como Memoirs of a Dead Man, un libro que Chateaubriand no quiso que se publicara hasta cincuenta años después de su muerte ("It's literally written in the voice of a dead man", p.62). Zimmer vuelve a sumergirse en la vida de otro fantasma para seguir apartado de la realidad, como él mismo reconoce:

"I forgot about Hector Mann and thought only about Chateaubriand, burying myself in the massive chronicle of a life that had noting to do with my life. That was what appealed to me most about the job: the distance, the sheer distance between myself and what I was doing" (p.70).

La traducción de Chateaubriand se ve interrumpida por una carta que también parece venir de ultratumba: una mujer que dice ser la esposa de Hector Mann asegura que éste no está muerto, y que sigue haciendo películas en un lejano lugar  de Nuevo México llamado Tierra del Sueño. Totalmente escéptico ante la misiva, Zimmer no cree en ella hasta que una mujer llamada Alma aparece y le obliga a ir a ese lugar a punta de pistola, insistiendo en la premura porque Hector está a punto de morir (esta vez de verdad). Alma aparece también como si de un fantasma se tratase, en una noche de tormenta  y sin aviso previo. Su propio nombre es el de un espíritu. Tras un forcejeo y las aclaraciones oportunas, Zimmer decide finalmente acompañarla y se inicia una relación entre ambos. Alma está escribiendo la biografía de Hector, la biografía de un fantasma ("The Afterlife of Hector Mann": afterlife, el más allá, la ultratumba, Chateaubriand). 

En el viaje hacia Tierra del Sueño, Alma le cuenta a Zimmer la verdadera historia de Hector Mann, de cómo éste tuvo que abandonar su vida debido a un trágico suceso, que le obligó a desaparecer del mundo y convertirse en un espectro. Su vida se convirtió en una peregrinaje fantasmal en el que fue asumiendo diversas personalidades y máscaras en una huida constante y en una permanente necesidad de expiación por el terrible suceso en el que se vio envuelto. Hector se ve a sí mismo como una alucinación: "Life was a fever dream, he discovered, and reality was a groundless world of figments and hallucinations, a place where everything you imagined came true. Did he know who Hector Mann was?" (p.163).

En la actualidad, Hector sigue filmando películas de forma secreta para sobrevivir a la muerte de su hijo y sin ninguna otra aspiración que la mera realización de las mismas, pues tiene la intención de que todas sean destruidas una vez muera. Es el arte por el arte, sin ningún otro objetivo que la superación de los propios traumas y fantasmas personales, como huida de la realidad, de la misma forma que Zimmer hace con sus libros, o Alma con el suyo ("I'm not even thinking about publication. Whether it comes out or not, writing this book has been the biggest experience of my life", p.217). La escritura o el arte son instrumentos de salvación antes que ninguna otra cosa, túneles por donde escapar de la cárcel de la realidad para asomarse a una realidad diferente que consiga redimirnos. No hay otra función que importe más que la propia redención: el arte surge de una necesidad profunda que debe ser satisfecha para pacificar el desasosiego interior. La biografía escrita por Alma comienza por una cita del libro My Last Sigh de Luis Buñuel, donde éste dice: "I suggested that we burn the negative on the place du Tertre in Montmartre, something I would have done without hesitation had the group agreed. In fact, I'd still do it today; I can imagine a huge pyre in my own little garden where all my negatives and all the copies of my films go up in flames. It wouldn't make the slightest difference" P.284). Este es el tema central del libro: el arte por el arte, sin otra razón de ser que la catarsis.

Zimmer llega a tiempo para ver una de esas últimas películas rodadas en la Tierra del Sueño (que es una especie de Más Allá, o Ultratumba como la de Chateaubriand), titulada The Inner Life of Martin Frost. En ella, un escritor que se aisla para poder encontrar la inspiración recibe la inesperada visita de una chica, Claire, de la que no se sabe nada (otro fantasma) y por la que termina quemando su libro para salvarle la vida. ("You see, Claire? he says. It's only words. Thirty-seven pages-- and nothing but words", p.268). La literatura no tiene ningún valor en sí misma, solo vale en tanto en cuanto sirve para salvarnos la vida. Lo mismo ocurre con todas las películas de Hector, y con la biografía escrita por Alma: todo desparece bajo el fuego, sin dejar rastro alguno.

El mismo Libro de las Ilusiones se nos presenta como otro libro escrito por Zimmer, donde este relata todo lo sucedido, un sueño dentro de otro sueño, una ilusión dentro de otra ilusión, sin que quede rastro de nada. Aunque a Zimmer le queda un atisbo de esperanza. ¿Habrá en algún lado copias de las películas quemadas? ¿Podrán ser rescatadas y vistas algunas vez por alguien? ¿Hay que resignarse a pensar que todo desparece por completo, como si fuera simplemente un sueño o una ilusión? Quizás no todo esté perdido.

"If that was the case, then Hector's films haven't been lost. They are only missing, and sooner of later a person will come along who accidentally opens the door of the room where Alma hid them, and the story will start all over again. I live with that hope" (p.321)

La esperanza: la última palabra del libro de las ilusiones, la última ilusión.

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Reseña (EL CULTURAL)

Review (THE NEW YORK TIMES)

Review (THE GUARDIAN)






lunes, 24 de febrero de 2020

Le Réel. Traité de l'idiotie

                                                      

Rosset, Clément. 2016. Le Réel. Traité de l'idiotie. Les Editions de Minuit.

(Publicada originalmente en 1977 y traducida al español como Lo Real. Tratado de la Idiotez, por Editorial Pre-Textos en 2004).

Comenzamos el viaje acompañando al Cónsul de Bajo el Volcán (novela de Malcom Lowry, versión actual del viaje del Dante según su autor) en su deambular por una realidad que no es más que una selva de caminos: "une réalité qui n'est plus qu'un infini entrecroisement de routes, un impénétrable forêt de chemins" (p.13). El azar le va llevando necesariamente a un lugar, fortuito, pero necesariamente ese lugar y no otro. "Nous appellerons "insignifiance du reel" cette propriété inhérente à tuoute realité d'être toujours indistinctement fortuite et déterminée, d'être toujours à la fois anyhow et somehow: d'une certaine façon, de toute façon" (p.14). Esta confusión de caminos es propia de la realidad, y ya aparece en Antígona de Sófocles: "Ayant tous les chemins, sans chemins il marche vers rien" (p.15). El hombre tiene a su disposición todos los caminos, pero ninguno le conduce a ninguna parte. Esta confusión de caminos es diferente a la del laberinto, pues en el laberinto hay al fin y al cabo un sentido, un camino que es el verdadero. La confusión de la que hablamos se parece más bien a la del olvido, que se produce no cuando los recuerdos desaparecen, sino cuando todos aparecen a la vez sin diferenciar los falsos de los verdaderos (como le pasa a los borrachos, y al Cónsul en concreto): "une vision indistincte de toutes choses, doublée d'une incapacité à en saisir aucune... Cette paralyse lucide est, on le sait, celles des personnages de Samuel Beckett" (p.22).

En algunas ocasiones esta falta de sentido de lo real, se disfraza de un aparente orden, como ocurre con los eclipses, que pueden ser perfectamente predichos, pero que cuya ocurrencia no deja de ser puro azar, como ocurre con los número primos o la secuencia del número pi: secuencias por un lado necesariamente obligatorias, pero puro azar sin sentido. Descubrimos reglas o secuencias, y creemos estar encontrando un sentido encubierto o un mensaje oculto, como ha ocurrido con el descubrimiento de la secuencia del ADN: "Et pourtant la tentation est parfois forte de prendre le code génétique pour un livre e d'y chercher un sens, un sorte de clef qui livrerait le "secret" de l'être humain" (p.32). Es difícil renunciar a la ilusión de que hay un secreto que descubrir, pero lo cierto es justamente lo contrario: "Non qu'à la limite l'homme n'ait rien à cacher; il a au contraire tojours au moins un secret qu'il protège toujours jalousement: précisément le failt qu'il n'a aucun secret, qu'il n'a rien à cacher" (p.33). "Le secret des choses, c'est qu'il n'y a pas de secret. Le message de fond n'est qu'un bruit, et nul ne me fait signe, et il n'y a pas de signal" (p. 34)

Continuamos nuestro viaje siguiendo al perro que persigue obstinadamente a M.Hulot (en Les Vacances de M.Hulot de Jacques Tati) guiado por un impulso todopoderoso y desconocido, pero absurdo y sin sentido, como la asfixia a la que conduce el juego de ajedrez cuando nos vemos obligados a hecer movimientos que no queremos pero que son forzosos y necesarios. "Cette coïncidence du nécessaire et du fortuit , qui fait rire dans Les vacances de M. Hulot ou qui dépite aux échecs, est le fait de toute réalité" (p.39). Si no nos reimos de la realidad, es porque normalmente le añadimos un sentido imaginario, un valor añadido. Este comportamiento, llevado al extremo, es el del delirio paranoico, que quiere ver en todo un valor escondido. La filosofía parece tener una tendencia a buscar estos significados ocultos, como hacen Platón, o Hegel, "le grand philosophe de la signification imaginaire" (p.42) (con la excepción del materialismo de Lucrecio o Epicuro, por ejemplo). Pero no hay ningún misterio que desvelar tras la realidad, salvo el misterio de la realidad en sí: "Il n'y a pas de mystère dans les choses, mas il ya un mystère des choses. Inutile de les creuser pour leur arracher un secret qui n'existe pas; c'est à leur surface, à la lisière de leur existence, qu'elles son incompréhensibles: non d'être telles, mais tout simplement d'être" (p.47).

Todo este viaje nos lleva a caracterizar lo real como "idiota" en tanto que simple, particular, único, sin sentido alguno. Hay varias vías acceso a la idiotez de lo real: la percepción ebria, el desasosiego amoroso, el arte, la filosofía. Pero lo habitual es intentar llegar a lo real a través del doble, ya que muchos casos el contacto directo con la realidad es indeseable: "Las perception coutumière a besoin des ces doubles, besoin de se reposer sur l'image de ces reflets, chaque fois que le contact direct avec la chose se révèle indésirable" (p. 55). He aquí las funciones del Doble: práctica, metafísica y fantasmática. Buscamos el doble, ya que no nos conformamos con la naturaleza idiota y sin sentido de la realidad. La búsqueda de sentido se produce a través de vías diversas, como la del ilusionista y la del incurable. El ilusionista nos hace creer que el sentido está en otro lugar, diferido, desplazado. El incurable es el que se aferra a una idea y se encuentra incapaz de renunciar a ella a pesar de la evidencia (ejemplos son el dogmatismo y la devoción). Son, al fin y al cabo, mecanismos de defensa frente a la realidad.

La muerte nos pone cara a cara con la realidad tal cual es. Hay una vía para sobrevivir a ello, y es la gracia en su sentido mágico o teológico, que aporta una esperanza sobrenatural. Pero hay otra vía que no necesita ninguna intervención exterior o milagrosa, que es la alegría, es decir, el amor a lo real: "l'amour du réel, c'est-à-dire ni l'amour de la vie, ni l'amour d'une personne, ni l'amour de soi, ni à supposer qui'il existe l'amour de Dieu" (p.94). La alegría nos permite acceder a lo real tal cual es, sin adornos ni sentido alguno. Es por ello, la forma más pura de acceder a la realidad.

"Dans l'allégresse, le réel se présente tel qu'en lui-même, idiot, sans couleur de signification, sans effet de lointain. Présence du réel, qu'aucun regard sinon allègre n'est capable d'approcher de si près. En sorte que l'allégresse n'est pas seulement un mode de réconciliation avec la mort et l'insignifiance; elle est aussi un moyen de connaissance, une voie sûre d'accès au réel" (p.97)

El libro tiene dos capítulos al final, uno dedicado a la "escritura grandilocuente" , o la manera de huir de la realidad a través del lenguaje (se menciona para ello el monólogo de Addie en As I Lay Dying de Faulkner, donde la protagonista reflexiona sobre la impotencia de las palabras para captar la realidad: "C'est alors que j'ai appris que le mots ne servent à rien, que les mots ne correspondent jamais à ce qu'ils s'efforcent d'exprimer" p.141) y otro a la representación de la realidad (que puede ser anticipada o simultánea, conduciendo en este último caso al pánico: es lo que ocurre en el momento de la muerte, citándose para ello la escena cumbre de La Muerte en Venecia, p.171).

Hay dos apéndices al final de libro que se incluyen como post-scriptum a Lo Real y su Doble, el primero dedicado a la tontería y el segundo al fetiche robado o al original imposible de encontrar, un delicioso ensayo sobre el cómic La Oreja Rota de Hergé, que termina con este inolvidable párrafo:

"Bref: ne cherchez pas le réel ailleurs qu'ici et maintenant, car il est ici et maintenant, seulement ici et maintenant. Mais, si l'on ne veut pas du réel, il est préférable, en effet, de regarder ailleurs... n'importe où pourvu qu'on soit assuré de n'y jamais rien trouver. Car on n'y trouvera jamais rien d'autre que ce qu'on y cherchait réellement: c'est a dire, précisément, rien" (p.187).

Revoue (ARGOUL) 







viernes, 1 de noviembre de 2019

La Vida es Sueño


Calderón de la Barca, Pedro. 2014. La Vida es Sueño. Austral Educación (Espasa)

A Segismundo le practican la más atroz tortura, una "luz de gas" que que solo una mente cruel podría concebir. Es encerrado desde niño en una torre, encadenado, para que no se cumpla una terrible profecía (traicionará a su padre y se convertirá en un tirano). Es algo parecido a lo que hacen con el Buda, al que también se le encierra en palacio para huir de otra profecía, aunque Shidarta es más afortunado pues se le hace vivir entre algodones para que no conozca la cruda realidad. Clement Rosset compara la historia con otras que también se basan en la ilusión oracular, como Edipo Rey, en la que la predicción del oráculo termina haciéndose realidad, pero de forma sorpresiva, pues el destino termina llegando de una forma u otra a pesar de haber querido ser evitado (1). La mentira brutal a la que se ve sometido Segismundo también nos recuerda a Hamlet, por el estupor sufrido por la persona cuando no acierta a entender lo que ocurre, pues la realidad le ha sido tergiversada y ocultada.

Cuando un día se le permite a Segismundo salir de su cárcel y conocer la realidad, su comportamiento se vuelve agresivo al descubrir la canallada que habían hecho con él, lo cual es perfectamente comprensible. Se le pide paciencia y calma, pero al no encontrarlas, se convierte en fiera enloquecida, por lo que es devuelto a su prisión, haciéndole creer que todo ha sido un sueño.

"Yo soñé que estoy aquí 
destas prisiones cargados, 
y soñé que en otro estado 
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión, 
una sombra, una ficción, 
y el mayor bien es pequeño; 
que toda la vida es sueño, 
y los sueños, sueños son". (p122)

Más adelante, es rescatado por el pueblo para destituir a su cruel padre y ser proclamado rey, con lo que los vaticinios del oráculo comienzan a cumplirse. Pero el pobre Segismundo ya no sabe cuándo está soñando y cuándo está viviendo en la realidad. Lo más sorprendente de la enloquecedora situación a la que Segismundo se ve sometido es que en esta ocasión ya no pierde la cordura, sino todo lo contrario.

Calderón quiere demostrar que en cierta forma podemos escapar  del destino, que no hay nada predeterminado y que nuestra voluntad y nuestro libre albedrío pueden con la más terrible de las penalidades. Segismundo, al percatarse de que es imposible distinguir ilusión de realidad, acepta esta condición de incertidumbre y opta por la mesura, la prudencia, la templanza, la misericordia. Si todo es sueño, ¿de qué sirve airarse? Si todo es ilusión, ¿por qué atormentarse la vida y atormentar a los demás?

"A reinar, fortuna, vamos; 
no me despiertes si duermo, 
y si es verdad, no me duermas. 
Mas, sea verdad o sueño, 
obrar bien es lo que importa.
Si fuere verdad, por serlo; 
si no, por ganar amigos 
para cuando despertemos"  (p.131).

¿Puede caber mayor pragmatismo y mayor conformismo? Sea cual sea la situación, sueño o realidad, da lo mismo: la virtud es el camino, la aceptación de lo que ocurra es el camino. Segismundo transforma la necesidad en virtud. Ya que no hay escapatoria, la solución es calmarse y vivir la vida como si fuera un sueño y el sueño como si fuera la realidad. Si las dos son indistinguibles, piensa Segismundo, gocemos de ambas como si la misma cosa fueran.

"¿Tan semejante es la copia 
al original que hay duda 
en saber si es ella propia? 
Pues si es así, y ha de verse
desvanecida entre sombras
la grandeza y el poder, 
la majestad y la pompa, 
sepamos aprovechar 
este rato que nos toca, 
pues solo se goza en ella 
lo que entre sueños se goza. 
...
Esto es sueño; y pues lo es,
soñemos dichas agora, 
que después serán pesares" (p.150).

Otros no han sabido ser tan sabios. Hamlet, por ejemplo, ante tanta confusión, mentira y engaño, opta por la ira, el odio y la venganza. El príncipe de Dinamarca hace de todo menos aceptar lo ocurrido. Quiere entender lo que pasa, desbrozar las mentiras, descubrir la verdad, desenmascarar al mentiroso, vengar la injusticia. Se debate consigo mismo, inventa ardides y estratagemas, se enfrenta, lucha y muere.

César, un trasunto de Segismundo en la película de Amenábar Abre los Ojos, se da cuenta de que ni en sueños puede uno escapar a los laberintos del subconsciente y de que ni en el mundo onírico existe la libertad. Uno es esclavo de sus recuerdos, sus pasiones, sus traumas. César no encuentra la calma a pesar de que se le ofrece la posibilidad de tener un control absoluto de la situación, pues su mente le sigue tendiendo trampas y le lleva por caminos inesperados. Busca la forma de salir del laberinto, investiga, se enfrenta, lucha y se suicida en su propio sueño con la esperanza de volver a la realidad, por muy dura que esta sea.

En cambio, Segismundo deja a todos boquiabiertos. En vez de la venganza, opta por la clemencia. En vez de la ira causada por la confusión, opta por la aceptación de la incertidumbre. Todos quedan admirados ante su conducta.

"¿Qué os admira? ¿Qué os espanta?
si fue mi maestro un sueño,
y estoy temiendo en mis ansias
que he de despertar y hallarme
otra vez en mi cerrada
prisión? Y cuando no sea,
el soñarlo sólo basta;
pues así llegué a saber
que toda la dicha humana,
en fin, pasa como sueño.
Y pienso hoy aprovecharla
el tiempo que me durare,
pudiendo de nuestras faltas
perdón, pues de pechos nobles
es tan propio el perdonarlas" (p.162).

¿El sueño es realidad? ¿La realidad es sueño? El príncipe de Polonia, a diferencia del de Dinamarca, ha decidido que es vano empeñarse en descubrirlo, pues nunca lo sabremos, nunca llegaremos al corazón de la realidad, pues es inabarcable, inasible, incomprensible. ¿Para qué atormentarse en querer salir de un laberinto del que jamás podremos encontrar la salida? Vivamos en el laberinto, disfrutando de la ilusión y la realidad como si fueran lo mismo, pues lo son, de la mejor manera posible. Esta es para Segismundo la lucidez, el camino que lleva a la paz.

¿Cuál es el camino de la lucidez? ¿El de Hamlet y su desasosiego, su lucha por conocer la verdad, su obsesión por abrir los ojos y llegar al corazón de la realidad, aunque tenga fatales consecuencias? ¿O el de Segismundo y su sosiego, con la placidez que da el descanso en la incertidumbre y la vivencia positiva del presente sea este ilusión o realidad?

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(1) Rosset, Clément. 2015. Lo Real y su Doble. Ensayo sobre la Ilusión. Hueders.



La Vida es Sueño: obra paradigmática (CERVANTES VIRTUAL)



domingo, 31 de mayo de 2020

Crimen y Castigo


Dostoievski, Fedor. 1982. Crimen y Castigo. Ediciones Orbis. (Traducción de Augusto Vidal).

Es lógico que una novela tan profundamente psicológica describa en varias ocasiones los sueños del protagonista, Rodión Romanovich Raskólnikov.. El primero es el de la tortura y muerte del rocín que le conmueve por la terrible violencia y sadismo ante el sufrimiento (pp. 62-65). Se narran también muchos momentos de delirio producidos por la fiebre y un estado mental convulso y fuera de sí (p.99). Ese estado alucinado lo explica así Nastasia Petrovna, la criada: "Lo que te pasa se debe a la sangre, que te grita. Esto es, la sangre no encuentra salida y empieza a cuajarse en el hígado; entonces comienzas a ver visiones" (p.128). Raskolnikov a veces no sabe lo que es realidad o delirio: "¿Qué me pasa? ¿Continúo delirando, o vivo la realidad? Me parece que vivo la realidad..." (p.139). En otra ocasión tiene otra ensoñación o pesadilla tras perder el conocimiento, en la que vuelve a reproducir el crimen de la vieja, pero en este caso ella se ríe con toda su alma, con una risa muda y desafiante. Svidrigáilov, el antagonista de Raskolnikov, pero en el fondo muy parecido a él, también es perseguido por alucinaciones y apariciones de espectros, en concreto el de su difunta esposa, de la cual se sospecha que fue asesinada por él. Dice Svidrigáilov: "Las apariciones son, por así decirlo, trozos y jirones de otros mundos, su comienzo. Claro es que el hombre sano no tiene por qué verlos, puesto que la persona que goza de salud es la más terrena de las personas... cuanto más enfermo se está, tanto mayor es la esfera de contacto con el otro mundo, de suerte que el hombre, cuando muere, pasa ya directamente a él" (p.315). Svidrigáilov también tiene una especie de alucinación o pesadilla en la que ve un ataúd en el yace una muchacha suicida ultrajada por una terrible ofensa (p. 554) . Una pesadilla que no es más que la voz de su conciencia intentado gritar y ser escuchada en una terrible noche de pesadilla, sufrimiento y delirio antes de suicidio. Esta presencia y fuerza de la conciencia es uno de los temas preferidos de Woody Allen, que hace de esta novela uno de las obras de referencia clave en su filmografía.

Otra gran angustia de Rodión viene producida por la desconfianza que le causan todos los que le rodean, de la misma forma que le ocurre a Hamlet: "¡Oh Señor! Dime sólo una cosa: ¿lo saben todo, o no lo saben aún? Quién me asegura que no lo saben todo y lo disimulan, que fingen, mientras estoy enfermo, y que luego, de repente, entrarán y me dirán que que hace mucho tiempo que se habían enterado de todo, sólo que, sencillamente, no sabían nada... ¿Qué he de hacer ahora? Lo he olvidado como adrede; lo he olvidado de golpe y hace un momento lo recordaba..." (p. 139). Raskólnikov llega a dudar de la realidad de lo que percibe, debido a la inquietud que le crean los que le rodean: "Todos decía que estoy trastornado: ahora me ha parecido que quizás estoy realmente trastornado y que sólo he visto un fantasma... Quizás estoy trastornado y lo que estos días ha ocurrido no ha pasado más que en mi imaginación" (p. 321).

Katerina Ivánovna es otro personaje trastornado por su imposibilidad de vivir la realidad tal cual es. Su delirio lo provoca el sufrimiento en el que vive al creer que la justicia es algo natural al que tiene derecho el ser humano por su misma condición. Esta visión ideal de la justicia le provoca un choque con la realidad que recuerda a nuestro don Quijote. Dice Sonia de ella: "¡Es tan desgraciada! Y está enferma.. pide justicia... Es pura. Cree a ciegas que en todo ha de haber justicia, y exige... No se da cuenta de que es imposible que los hombres sean justos, y se irrita... ¡Es como una criatura, como una criatura! ¡Es justa, es justa!... ¡Cree tanto en sus sueños! ¿Quién tiene corazón para contradecirla? " (p. 347).

Dostoievski trata de otra ilusión en la novela: la ilusión de progreso, o el ideal de Adam Smith de que la liberalización de los mercados termina beneficiando a todos. Es la justificación moral e ideológica del sistema capitalista, que argumenta que la búsqueda egoísta del beneficio personal debe ser ensalzada y promovida pues así el rico aumenta su riqueza, de la cual un parte también terminará redundando en el pobre. Esta ideología está puesta en la boca de Piotr Petróvich, uno de los personajes más odiosos de la novela, que se presenta como el salvador de la familia, argumentando que es conveniente casarse con una mujer pobre y necesitada para que así esté eternamente agradecida por la ayuda que se le presta. Dice Petróvich: "Así pues, acumulando única y exclusivamente para mí, en cierto modo acumulo al mismo tiempo para todos y contribuyo a que mi prójimo obtenga un caftán algo más maltratado que el mío, pero ya no de la generosidad personal e individual, sino como consecuencia de la prosperidad general" (p. 163).

La parte más interesante del libro desde el punto de vista filosófico radica en el artículo que escribe Raskólnikov y que debate con Porfirio Petróvich, el juez que trabaja en el asesinato de la usurera:

"Los hombres extraordinarios tienen derecho a realizar cualquier crimen y a infringir las leyes como les plazca, por el mero hecho de ser extraordinarios... El hombre extraordinario tiene derecho (entiéndase que no se trata de un derecho oficial ), tiene derecho a decidir sobre su conciencia si debe salvar... ciertos obstáculos, únicamente en el caso exclusivo de que la ejecución de su idea (a veces puede resultar salvaje para toda la humanidad) lo exija... Todos los hombres no ya grandes, sino que destaquen un poco de lo corriente, o sea los que estén en condiciones de decir algo nuevo, por poco que sea, necesariamente han de ser criminales pro su propia naturaleza, en mayor o menor grado... a mi modo de ver están obligados a no conformarse..." (pp. 281-283)

Según el protagonista de la novela, las personas se dividen en los de categoría inferior u ordinarias, conformistas, conservadoras y obedientes, y en las personas propiamente dichas, que son las que tienen ideas nuevas y hacen avanzar a la humanidad hacia el futuro. Raskólnikov es el paradigma de lo peor de las utopías y las revoluciones. Personifica todos los horrores ocurridos en la historia de la humanidad en nombre de la fe o del progreso (guerras de religión o el terror tras la revolución francesa). De la misma forma, profetiza todos los crímenes horrendos ocurridos en el siglo XX en nombre de las ideas y las utopías (Hitler, Stalin, etc.). Todo ello ocurre cuando se antepone la conquista empecinada de una idea ilusoria a costa de darse de bruces contra la realidad; cuando se antepone un plan o ideología a las personas. Hay también muchos paralelismos con la filosofía de Nietzsche del superhombre. Por algo el héroe de Raskólnikov es Napoleón, uno de los personajes más ambiciosos de la Historia. Recuerda a otros personajes de ficción como Harry Lime (El Tercer Hombre) o Dimitrios de la novela de Eric Ambler: personajes por encima del bien y del mal que aprovechan las vicisitudes de la historia para llevar a cabo sus proyectos y ambiciones personales, caiga quien caiga. "¿Vivir tan sólo para existir? Antes había estado dispuesto a dar mil veces su existencia por una idea, por una idea, por una esperanza, incluso por una fantasía. La mera existencia siempre le había parecido poco; siempre quería algo más" (p. 593).

Su último desvarío, con el que acaba la novela, lo tiene en el hospital en el que lleva unas semanas delirando durante su convalecencia. Se trata de una especie de distopía en la que unos seres microscópicos se adueñan de las personas y las enloquecen, creyendo en cambio que están totalmente en posesión de la verdad, convencidos por completos que deben combatir a los demás y matarlos si fuera necesario con tal de imponer su verdad, la verdad (p. 597). ¿Acaso no es ésta la historia de la humanidad?



Análisis de la obra (BLOG: CLUB DE PENSADORES UNIVERSALES)

Análisis de la obra (BLOG: LETTERAY DESASOSIEGO)

The writer who foresaw the rise of the totalitarian state (John Gray)

¿Es Dostoievski el gemelo de Nietzsche? (PRODAVINCI)

Nietzsche y Dostoievski: sospecha y afinidad (MITO)

La incomprendida relación entre Nietzsche y Dostoievski (INFOBAE)

Nietzsche en dos novelas (NUEVA REVISTA)

Relato: ¿Para quién el castigo? (Sara Mesa) 

Woody Allen hace Crimen y Castigo por enésima vez (EL DIARIO.ES)