jueves, 11 de abril de 2019

Tus pasos en la escalera


Muñoz Molina, A. 2019. Tus pasos en la escalera. Seix Barral.

No aceptar la realidad. Esperar lo imposible. Caer en la locura de una esperanza sin fundamento. Disfrazar lo que no nos gusta. Autoengañarnos. Aislarnos en nuestro castillo, en nuestra burbuja. Desconectarnos del mundo para habitar una realidad ilusoria creada por nuestra mente. Negarse a ver y escuchar. Cerrar los ojos y los oídos. Instalarnos en una ilusión para sobrevivir.

Todos estos son los temas de Tus pasos en la escalera, una excelente novela narrada en primera persona desde el punto de vista de una persona aparentemente "normal", que nos muestra el mundo desde su distorsionado punto de vista. De la misma forma que el coronel en la novela de García Márquez, Bruno basa su vida en la esperanza. Se aisla en un mundo de preparativos obsesivos y lecturas que le instalan en un mundo ficticio, como Don Quijote con sus libros de caballería o su Dulcinea. El perro Luria es su Rocinante y Alexis su escudero que le mantiene mínimamente unido a la realidad.

Pero el protagonista de esta novela no sale a cambiar el mundo como Don Quijote. Todo lo contrario: se recluye, se aísla en su torre para esperar el fin del mundo. En ese sentido, se muestran como sus héroes el filósofo Montaigne, el almirante Byrd, el náufrago Crusoe, el capitán Nemo o los fareros. Podríamos añadir a esta lista a Hölderlin en su buhardilla o a Thoureau en su cabaña. También me recuerda a Mendel el de los libros, de Zweig, ensimismado en su biblioteca y alejado de la realidad, por la que es atropellado despiadadamente. Piensa Bruno: "aunque me cueste trabajo será mejor que no siga leyendo. La lectura tiene un efecto excesivo sobre mí. La superficie de la realidad se me ha vuelto demasiado frágil. Empiezo a leer y voy cayendo en un estado hipnótico y me concierto en lo que estoy leyendo. La realidad tangible la usurpa la otra realidad imaginaria pero mucho más poderosa de las palabras escritas" (p. 302).

El caso es que el personaje es en muchos aspectos un trasunto del propio Muñoz Molina, que también volvió de Nueva York y se refugió en Lisboa huyendo del mundanal ruido. De hecho, la frase de Montaigne "Il faut cacher sa vie" ("Hace falta ocultarse") inicia la novela y es el título de un artículo suyo dedicado a la necesidad de refugiarse en la torre de marfil de la propia soledad para impedir que el constante fluir torrencial de la realidad nos lleve como un barco a la deriva. Montaigne es, sin duda, símbolo de sabiduría y cordura. Pero, ¿qué ocurre si los muros que construimos para defendernos son tan altos y resistentes que terminamos por perder la lucidez y el contacto con la realidad? Nuestro cerebro es frágil y cuando se aísla en demasía da pie a alucinaciones (ver el libro de Oliver Sacks, un autor reverenciado por Muñoz Molina). ¿Dónde está el límite entre la sana reclusión, que nos aporta lucidez y serenidad, y la desconexión aberrante, que nos sumerge en la irrealidad y el ensueño? Son las mismas fronteras que separan la cordura de la locura, muy difusas a veces.

La novela tiene continuas referencias a la neuropsicología, aprovechando la profesión de Cecilia, la mujer de Bruno. Esto permite incluir muchos apuntes dedicados a las diversas formas en que el cerebro nos engaña (ver A mind of his own y El cerebro nos engaña). Se menciona especialmente el caso del famoso paciente HM, que fue lobotomizado, a consecuencia de lo cual vivía en un encerrado en un eterno presente del que le era imposible escapar.

"Dice Cecilia que el cerebro procesa una parte muy limitada de las impresiones que le envían los sentidos; y que los sentidos mismos solo captan zonas muy parciales de la realidad, variables según la especie, de modo que en cada momento y en cada lugar existen diversos mundos simultáneos" (p.61)

"No hay nada que no sea un efecto óptico. Lo que tú ves no es nunca el mundo tal como es, ni de cerca ni de lejos. Ves un simulacro construido por tu cerebro... Todo lo que ves es un espejismo"(p.88)

"Dice Cecilia que la conciencia del paso del tiempo es muy posible que sea otro de los espejismos del cerebro, como la percepción de los colores, una ilusión, en el sentido de engaño que tiene la palabra en inglés" (196).

Ya vimos la diferencia de uso de la palabra "ilusión" entre el español y otros idiomas en el ensayo de Julián Marías. La verdad es que este libro también podría haberse titulado, como aquel, "Breve Tratado de la Ilusión".

Reseña (LA RAZÓN)

Reseña (EL PAIS)

Reseña (EL CULTURAL)

Entrevista (EL PERIÓDICO)

Entrevista (LA VANGUARDIA)

Reportaje (DIARIO DE SEVILLA)

Hace falta ocultarse (Muñoz Molina)

Evasiones (Félix de Azúa)






jueves, 4 de abril de 2019

Industrias y Andanzas de Alfanhuí


Sánchez Ferlosio, R. 2001. Industrias y Andanzas de Alfanhuí. Bibliotex SL (Biblioteca EL MUNDO)

Ha muerto Rafael Sánchez Ferlosio. Me ha parecido la ocasión propicia para leer Alfanhuí, del que dijo era su libro preferido. No me extraña que así sea: es un libro pequeño pero de una belleza inmensa, en el que cada frase está esculpida con cincel y tallada con una delicadeza infinita.

El tesoro del libro es la oportunidad que brinda de ver la realidad a través de los ojos abiertos y la mente pura de un niño. Dice Agustín Cerezales en el prólogo de esta edición:

"La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está limpio, todo tu cuerpo será luminoso", reza la cita bíblica que encabeza esta novela. No es en vano. Alfanhui es, ante todo, una mirada limpia. Lo cual no significa aquí solamente sin doblez, inocente y pura, que también, sino limpia en el sentido físico del término, y además, informada por una genuina y apacible curiosidad que la empuja hacia la realidad más real de las cosas, aquella que se nos esconde y a la vez se nos brinda en las evidencias mismas..."

El realismo es una vertiente de la narrativa que está presente en nuestra literatura desde sus inicios, en la novela picaresca sobre todo. Los protagonistas de estas novelas son en muchas ocasiones niños que despiertan al mundo y empiezan a conocer la realidad cruda que les rodea. Cuando se adopta la mirada del niño intentando ver a través de sus ojos, inevitablemente nace el realismo mágico. Esta forma de entender el realismo es fruto del cruce de la realidad con el pensamiento mágico del niño. Ya vimos en la obra de Bettleheim Psicoanálisis de los cuentos de hadas que la psicología infantil pasa necesariamente por un periodo en el que la realidad se filtra a través de la fantasía, dotándola de magia, misterio e ilusión. Es una forma de ver el mundo que atraviesa la superficie de las cosas para dar vida, color, conciencia y alma hasta a los minerales o las plantas, y por supuesto a los animales. La que se considera su mayor ejemplo literario, Cien años de Soledad, no tenía más remedio que comenzar con la mirada de Aureliano Buendía siendo niño, pues es entonces cuando "el mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre". Eso es la infancia, el descubrimiento del mundo y la realidad. Allí Aureliano se dejaba hipnotizar por los bloques de hielo y los lingotes imantados creyendo a pie juntillas lo que le decía el gitano Melquíades: "Las cosas tienen vida propia, todo es cuestión de despertarles el ánima".

Escribía esto García Márquez en 1967; Juan Rulfo ya había escrito Pedro Páramo en 1957; pero Sánchez Ferlosio ya le había dado vida al gallo de la veleta que ayudó a Alfanhui a cazar lagartos en 1951. Todos los elementos de lo que luego se llamó "realismo mágico" están ya aquí: elementos mágicos percibidos como normales por los personajes, la presencia de los sensorial como parte de la percepción de la realidad, la conexión con los mitos y leyendas, y la importancia de la fantasía para enriquecer y dar trascendencia a la realidad. Sánchez Ferlosio utiliza la mirada del niño Alfanhui para hacernos conscientes de ese mundo oculto tras la realidad superficial, y volver a ver los verdaderos colores de las cosas, que una vez adultos, nos pasan tan desapercibidos. Colores y sonidos, pájaros, lagartos, culebras, gecos, urracas, bueyes, alcaravanes, cuevas, pozos, y objetos con vida: la silla del desván (P. 30), la marioneta don Zana (p. 59), el clavicordio (p.80), la montaña (p.91), el olmo (p.95), el bosque (96), o personajes inolvidables como el maestro disecador o la abuela incubadora de huevos. Todo ello crea una atmósfera de sensaciones muy antiguas, antediluvianas, anfibias, que nacen de zonas atávicas a las que normalmente no tenemos acceso. Todo esto nos evoca Alfanhui (que me ha recordado mucho a otro libro que hemos comentado aquí, Obabakoak, de Bernardo Atxaga).

La mirada mágica de niño se pierde necesariamente cuando nuestro pensamiento evoluciona hacia la edad adulta, pues necesitamos ver el mundo tal cual es para no terminar muertos o en un manicomio. No obstante, este tipo de literatura nos devuelve esa mirada y con ella, la oportunidad de saborear ese aspecto oculto de la realidad.

Entrevista

¿Qué queda de Alfanhuí?

Alfanhui y el Lazarillo de Tormes

Una novela a contracorriente





miércoles, 3 de abril de 2019

Soy Inmortal




Astola, A. 2015. Soy Inmortal. (Album Rockallano)

Dice Mario Vargas Llosa en su libro La Verdad de las Mentiras que los seres humanos tienen una necesidad tan antigua como la de comer o adornarse:  "el hambre de irrealidad" (p.185). Esta necesidad que según el escritor nutre la literatura, también aparece continuamente en las letras de muchas canciones y especialmente lo hace en esta canción de Alejandro Astola que descubrí hace poco.

"Prefiero seguir pensando que soy inmortal,
que al final conseguiré volar,
que no existen las cosas imposibles,
que esta vida es un sueño
y todo puede pasar.
Prefiero seguir pensando que le puedo tirar
una piedra a la luna y hacerla llorar,
que si yo quisiera que nunca anocheciera,
podría perseguir al sol
corriendo por el mar.
Prefiero seguir pensando
que se pueden mover
las cosas con la mente,
que lo conseguiré,
se que algún día viajaré
atrás en el tiempo,
yo sé que sé que todo lo que veo, es tan solo un sueño,
todo lo que siento no es más que una ilusión,
que todo en lo que creo mañana cambiará,
como cambian los vientos, yo jamás dejare de volar.

Prefiero pensar, que algún día vendrán
los extraterrestres con su nave espacial,
para matar a los malos de este mundo
con sus rayos láser y su golpe mortal
aunque sé que es remota la posibilidad
de tener un súper poder,
de que me pique una araña radioactiva,
descubrir que soy
como Truman en su show.

No pierdo la esperanza
de algún día llegar
hasta el infinito, incluso más allá
en un cohete, rumbo al espacio
que me descongelen en un trillón de años
que todo lo que veo, es tan solo un sueño,
todo lo que siento no es más que una ilusión,
que todo en lo que creo mañana cambiara,
como cambian los vientos,
yo jamás dejare de volar.

Hakuna matata, se feliz, vive tu vida que no pasa nada
Hakuna matata, dentro de unos años en este planeta no quedará nada".

Comienza Astola diciendo "Prefiero". Esta palabra es clave. Nos advierte así de que todo lo que viene a continuación es una elección libre, y no una condena fruto de la locura o la estupidez. Nos dice: no estoy loco, pero quiero creer en esto, me conviene; sé que no es verdad, pero es mejor así.

Lo primero en lo que quiere creer es en la inmortalidad, la primera ilusión que sustenta todas las religiones y actualmente también la fe ciega en la tecnología. A partir de esta primera elección, ya todo es posible, se abre la veda.

La segunda elección es creer que la realidad no existe: si quiero creer en lo imposible, es necesario creer que todo esto no es más que un sueño, y en los sueños todo es posible. Sabemos que es posible volar en los sueños, y andar sobre el agua. Así  domino la naturaleza y no ella a mi, domino el espacio y el tiempo y no ellos a mi. Soy dios.

También prefiero seguir siendo un niño y mirarlo todo con los ojos de la inocencia y la credulidad. No quiero crecer. Quiero creer en superhéroes y vivir en el mundo de Marvel y Walt Disney, donde todos los deseos se hacen realidad. (ver Pinocho).

Y la razón última de todas estas elecciones no es otra que mi ansia de felicidad. Es imposible ser feliz estando lúcido y cuerdo, con los pies en el suelo. Más vale engañarse pero estar contento.

Hakuna matata ("no hay problema: vive y se feliz").


domingo, 31 de marzo de 2019

Capharnaüm


Labaki, Nadine. 2018. Capharnaüm.

Algunos críticos han tildado esta película de "pornografía emocional":  "Alegato contra las condiciones de vida que sufren los niños en los barrios pobres de Beirut, pasa la mayor parte de su metraje ofreciendo escenas cada vez más explícitas de sufrimiento infantil. Vemos a bebés encadenados, a niñas que son dadas en matrimonio a cambio de unas gallinas, a niños que se mueren de hambre y son toqueteados y golpeados y vendidos y revolcados en la mugre. Su inenarrable abuso de la pornografía emocional convierte 'Capernaum', a juicio de este cronista, en una de las peores películas proyectadas en Cannes en los últimos 15 años" (1). 

¿Puede el cine mostrar la realidad descarnada? ¿Debe hacerlo? ¿Dónde está la frontera entre el cine y el documental? ¿Cuando una película muestra la realidad, la convierte inevitablemente en "show mediático", haciéndola pornográfica? ¿Nos acerca el cine a la realidad o nos aleja de ella, porque la convierte en "hiperrealidad"? ¿Es la principal función del cine la evasión y la ficción, o el realismo?

Todas estas cuestiones han sido removidas por la última película de Nadine Labaki, película que nos acerca a una de las tradiciones más antiguas del cine. El cine nació con los hermanos Lumiere y sus prosaicos y realistas cortos de obreros saliendo de la fábrica o trenes llegando a estaciones (como vemos en el delicioso documental ¡Lumiere!, Comienza la Aventura), pero muy pronto tomó el camino de la fantasía con George Melies (retratado por Scorsese en Hugo). Caphernaum nos recuerda al más puro "cine ojo", al "cinema verité", al "free cinema", a la "nouvelle vague", al "neorrealismo italiano". Al ver Caphranäum es imposible no recordar Los Cuatrocientos Golpes de Truffaut, en la que también un niño huye de casa víctima de la negligencia de sus padres, o Ladrón de bicicletas, por la realista descripción de la vida de un niño pobre en las calles de una ciudad.  Algunos opinan que es una traición mostar todo esto, ya que al mostrarlo se hace uno cómplice de lo mostrado y la única utilidad que tiene es la recreación sentimental en el sufrimiento ajeno, que termina una vez que hemos echado unas lágrimas de cocodrilo en la sala de cine, y volvemos de nuevo a nuestra burbuja cotidiana. ¿O es un deber aprovechar este medio para llevar al espectador a realidades que de otra forma nunca conocería, para hacerle consciente de ellas?

Según Clement Rosset, "el cine es el arte que mantiene menos relaciones con la realidad: por pertenecer esencialmente no al dominio de lo real, sino al universo de sus dobles... El cine está debilitado por su propia potencia expresiva... de lo real, el cine no puede ofrecer más que duplicaciones sin originalidad y representaciones sin sorpresa" (2). Es decir, el problema del cine, según Rosset, es su peligrosa proximidad a lo real. Nos hace creer que nos muestra la realidad, cuando no hace más que presentarnos un doble que es, necesariamente, falso. Por eso, dice Rosset, sólo el cine fantástico nos permite evocar lo real, o en el polo opuesto el cine que él llama "realismo integral", de cineastas como Jean Vigo, Robert Flaherty o Jean Luc Godard.

Es precisamente esa proximidad a lo real, sin ser lo real, lo que hace que algunos vean el cine realista como pura pornografía. Pero la idea que motivó la invención del cine fue precisamente la de reproducir fielmente la realidad. Según André Bazin, "el mito que dirige la invención del cine viene a ser la realización de la idea que domina confusamente todas las técnicas de reproducción de la realidad que vieron a la luz en el siglo XIX, desde la fotografía al fonógrafo. Es el mito del realismo integral, de una recreación del mundo a su imagen, una imagen sobre la que no pesaria la hipoteca de la libertad de interpretación del artista ni la irreversibilidad del tiempo" (3). El libro de Bazin es un ensayo clásico sobre la esencia del cine y su relación con la realidad y las demás artes, así como la Teoría del Cine de Krakauer, que pone el énfasis en la principal característica del cine: "el cine está singularmente dotado para registrar y revelar la realidad, y, por, consiguiente, desplaza hacia allí su centro de gravedad" (4). Ambos libros son dos apasionantes tratados sobre el laberinto de la relación entre el cine, la realidad y la ilusión.

El cine ha tomado muchos derroteros, pero indudablemente uno que continúa presente es aquel que intenta ser fiel a la realidad, aquel que intenta capturar la realidad lo más objetivamente posible. Es cierto que esto es inalcanzable de manera absoluta, pues una vez que se decide contar una historia y no otra, o poner la cámara en un lugar y no en otro, ya estamos viendo una imagen distorsionada de la realidad, pero no la realidad. No obstante, hay que ocasiones en que el intento merece la pena, pues tenemos la sensación de estar asomados a una ventana desde la que estamos siendo testigos de la realidad tal cual es. Esto ocurre en películas como Caphernaüm, Alma mater, o Obey, por mencionar las últimas que hemos visto este año. Estas películas nos ofrecen una oportunidad única de presenciar una realidad que, de no ser así, nos estaría vedada.





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(Precisamente esta semana ha muerto Agnes Varda, una de las precursoras de la Nouvelle vague y una pionera en traspasar las fronteras entre el cine de ficción y el documental).


Todas las reseñas en FilmAffinity

(1) Reseña de El Periódico

(2) El Objeto singular (pp.63-64)

(3) Bazín, A. 1990. ¿Qué es el Cine?. Rialp. (p.37)

(4) Krakauer. 1989. Teoría del Cine. La Redención de la Realidad Física. Paidós. (p.50)

viernes, 8 de marzo de 2019

La Inteligencia Fracasada


Marina, J. A. 2004. La Inteligencia Fracasada. Teoría y Práctica de la Estupidez. Anagrama.

Con la lectura del libro sobre la Historia de la Estupidez Humana, vimos multitud de ejemplos que ilustran la falta de lucidez de nuestra inteligencia a lo largo de la Historia. Ya entonces nos preguntábamos por las causas de estos fracasos de la inteligencia. A ello dedica Marina este libro, que es complementario del de Voltes.

"La inteligencia fracasa cuando es incapaz de ajustarse a la realidad", dice Marina en la introducción. Efectivamente, la capacidad de ver la realidad tal cual es para poder ajustarse a ella es uno de lo más importantes medidores de la inteligencia. Una de las causas de este fracaso es "la intervención de un módulo inadecuado, que ha adquirido una inmerecida preeminencia por un fallo de la inteligencia ejecutiva" (p.23). Ninguna objeción a esta primera causa. Más adelante, se especifica otra causa diferente, que se define como "la elección del marco equivocado": "El marco superior de jerarquía para el individuo es su felicidad. Es un fracaso de la inteligencia aquello que le aparte o le impida conseguir la felicidad" (p.29). Esta idea es más problemática, pues según esto, cabría preguntarse: ¿es más inteligente entonces ser un tonto feliz que un lúcido infeliz? Marina vuelve a este asunto al final del libro.

Marina hace un inventario de fracasos de la inteligencia que se podría esquematizar de la siguiente forma:

1. Fracasos cognitivos: prejuicio, superstición, dogmatismo, fanatismo. Estos fracasos lo son porque "bloquean una de las funciones de la inteligencia, que es conocer la realidad... Si pudiéramos vivir en un mundo de fantasía, sería estupendo, pero no podemos" (p.42)

2. Fracasos afectivos: vanidad, aburrimiento, envidia, resentimiento. "Los sentimientos son sólo experiencias que nos informan acerca de cómo se están comportando nuestros proyectos o deseos en su enfrentamiento con la realidad. Dejan de cumplir esta función cuando informa sesgada o falsamente de esa situación" (p.64)

3. Fracasos de la comunicación ("los lenguajes fracasados"):  habla interior errónea, ausencia de comunicación, automatismos, equivocación hermenéutica, mecanismos de género. Aquí Marina hace alusión a los estudios de la Escuela de Palo Alto -- Watlawick)

4. El fracaso de la voluntad: deseo deficiente, impulsividad, procrastinación, indecisión, rutina, inconstancia, obcecación. En general, estos fracasos se deben a los fallos en las cuatro habilidades de que se compone la voluntad: inhibir el impulso, deliberar, decidir, mantener el esfuerzo.

5. El fracaso en la elección de metas: elección errónea de metas personales (imposibles, contradictorias, destructivas), errónea coordinación de metas con otras personas, errónea coordinación de metas con las impuestas por la sociedad (individualismo insolidario). En este caso, la inteligencia va unida a la moral, de forma que, según Marina, "la maldad es el gran fracaso de la inteligencia".

Finalmente, se incluye un capítulo que sobrepasa el ámbito individual para explorar la estupidez colectiva, basada en las creaciones de la "inteligencia comunitaria, como el lenguaje, las morales, las costumbres, las instituciones: "Hay un minucioso trabajo de invención, reflexión, crítica, reelaboración, contrastación, puesta a prueba, proselitismo, iteración, rechazo, vueltas atrás, utopías, reivindicaciones, condenas, inquisiciones, librepensadores, científicos, estúpidos, santos, malvados, gentes del común, víctimas, verdugos, que sufriendo bandazos con frecuencia sangrientos, gracias a la inclemente pedagogía del escarmiento y a la gloriosa del placer y la alegría, produce una consistente segunda realidad. Los teóricos que hablan de la construcción de la realidad, frecuentemente con exageración, se refieren a la obra de estos telares infinitos y anónimos" (p.143).

La inteligencia colectiva tiene fracasos similares a la individual: cognitivos, afectivos y operativos- Por ejemplo, "la inteligencia social puede equivocarse en las metas. Por ejemplo, cuando crea mitologías a las que sacrifica los derechos individuales, la felicidad del ciudadano" (p.156).

En este sentido, Marina equipara felicidad a nivel individual con justicia a nivel político, siendo ambas las metas del comportamiento inteligente: "El triunfo de la inteligencia personal es la felicidad. El triunfo de la inteligencia social es la justicia... Son inteligentes las sociedades justas. Y estúpidas las injustas. Puesto que la inteligencia tiene como meta la felicidad - - privada o pública - -, todo fracaso de la inteligencia entraña desdicha. La desdicha privada es el dolor. La desdicha pública es el mal, es decir, la injusticia (P. 159)... Sabiduría es la inteligencia habilitada para la felicidad privada y para la felicidad política, es decir, para la justicia" (P. 170)

Como vemos, al final del libro, vuelven a enlazarse las ideas de inteligencia y felicidad. Marina desarrolla un argumento similar al de Pinker, que también critica a aquellos intelectuales y creadores para los que la felicidad es algo negativo, y en cambio el sufrimiento y la angustia son positivos. "Una esquinada idea de la naturaleza humana sobreentiende que la felicidad es pancista y boba, y que solo el sufrimiento es creador.. Heidegger defendió que sólo la angustia permitía revelar la verdadera realidad" (p. 168). Ya vimos cómo Pinker en su último libro arremete contra Nietzsche y su cohorte de seguidores, entre los que está Heidegger, por promover esa negatividad y pesimismo que, según él distorsionan la realidad.

Lo cierto es que la felicidad puede ser pancista y boba, y también ilusa, y egoísta, y también puede distorsionar la realidad. ¿Cuántas veces preferimos no ver ni saber para no arriesgar nuestro estado de placidez y bienaventuranza?  Por tanto la felicidad no es algo positivo en sí mismo, depende de los adjetivos que le pongamos detrás. Estoy de acuerdo plenamente con las tesis de Marina siempre que a la palabra felicidad le añadamos el adjetivo de "lúcida", o "felicidad en la verdad", como hace Comte-Sponville: "La sagesse? C'est un bonheur vrai, ou une verité heurese... la sagesse indique une direction: celle du maximum de bonheur dans le maximum de lucidité... si le philosophe a le choix entre une verité et un bonheur, il n'est philosophe, ou digne de l'être, qu'en tant qu'il choisit la verité. Mieux vaut une vraie tristesse q'une fausse joie (p. 14-16 de la versión francesa).

"¿La sabiduría? Es una felicidad verdadera o una verdad feliz... La sabiduría indica una dirección: la del máximo de felicidad en el máximo de lucidez... si el filósofo ha de eligir entre una verdad y una felicidad, es filósofo, o digno de serlo, solamente si elige la verdad. Más vale una verdadera tristeza que una falsa alegría (p. 18-19 de la versión española)

Eso sería, en mi opinión, lo contrario de la inteligencia fracasada: la felicidad lúcida.

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Comte-Sponville, A. 2000. La Bonheur, Désespérément. Editions Pleux Feux
                                  2001. La Felicidad, Desesperadamente. Paidós


Reseña (Página web de J.A. Marina) 

Reseña (EL PAIS)

Reseña (EL CULTURAL)

Reseña (Europa Press)





lunes, 4 de marzo de 2019

Dr Jekyll and Mr Hyde


Stevenson, R.L. 1994, The Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde. Penguin Popular Classics


La fascinación que sigue ejerciendo el clásico de Stevenson se debe a que se adentra en mitos e ilusiones atávicas de los seres humanos e intenta asomarse a la realidad de nuestra naturaleza.

En primer lugar, le novela  describe la necesidad de un científico, el Dr Jekyll, por avanzar en el conocimiento de lo que somos utilizando la ciencia y la investigación. Esta loable empresa siempre se ha visto entorpecida a lo largo de la historia de la humanidad por las creencias religiosas, los prejuicios, o simplemente por el miedo a llegar a perder el control de los conocimientos adquiridos. Es el temor del ser humano a llegar a equipararse con Dios, miedo ancestral que se encuentra en el mito de Prometeo o en la novela de Frankenstein, y que sigue estando de plena actualidad debido a los increíbles avances de la ciencia y la tecnología en las últimas décadas (y que trata, entre otros, Harari en su libro Homo Deus). Este mito / temor nos hace preguntarnos si es bueno saber más de la cuenta, si la curiosidad del hombre por conocer su realidad debe tener algún tipo de freno. Es un miedo tan antiguo que ya aparece en el Génesis en la expulsión del hombre del paraíso por querer probar el fruto del árbol del bien y del mal o en la construcción de la torre de Babel. ¿Es bueno saber o es mejor no saber? ¿Es bueno intentar aproximarse a la verdad o es más conveniente permanecer en la inocencia y la ilusión? Este es el primer pecado por el que el Dr Jekyll es castigado, por no querer permanecer en la ignorancia.

En segundo lugar, la novela destroza la ilusión del alma humana como espíritu inmaterial, vislumbrando el camino hoy ya totalmente confirmado por la ciencia de que no existe tal alma, sino que somos fruto de la física y la química de nuestro cerebro, órganos, hormonas y fluidos. Esta ilusión del alma, que es en el fondo la misma que sustenta la creencia en fantasmas, ha sido uno de los más duros golpes atizados a la soberbia del ser humano, en su creencia ciega de ser de naturaleza distinta a la del resto de los animales.

De la misma forma, se hace añicos la ilusión del libre albedrío. No somos de una sola pieza, no tenemos el control de nuestras acciones, pues éstas dependen de las intrincadas combinaciones de nuestra genética y nuestra azarosa existencia. Nuestro comportamiento puede ser fácilmente alterado por la química. No hay en nuestro interior un solo director, no somos solo uno. En el caso de las personas "normales", hay un coro de al menos tres voces, según Freud (superego, yo y ello), pero puede llegar a haber muchas, "contenemos multitudes", como subraya Eagleman en su libro Incógnito parafraseando el poema de Walt Whitman. Permanecemos en la cordura cuando sabemos manejar ese vocerío interior sin que se desmadre ninguna voz rebelde, y cuando no lo conseguimos aparecen las demencias y las enfermedades mentales.

El objetivo al que quiere llegar el Dr Jekyll, que no es otro que erradicar el mal de nuesto interior, es decir, todo aquello que nos lleva a la autodestrucción y la infelicidad, ha sido perseguido por la medicina y la psiquiatría de diversas formas -- y lo sigue haciendo: el uso de la lobotomías, la administración de drogas y estupefacientes, la ingesta de antidepresivos y ansiolíticos, la castración química, etc. Esta lucha del hombre por dominar aquellos impulsos y tendencias que se escapan a su poder sigue estando plenamente vigente.

Dice el Dr Jekyll: " I hazard the guess that man will be ultimately known for a mere polity of multifarious, incongruous and independent denizens...I learned to recognize the thorough and primitive duality of man; I saw that, of the two natures that contended in the field of my consciousness, even if I could rightly be said to be either, it was only because I was radically both; and form an early date, even before the course of my scientific discoveries had began to suggest the most naed possibility of such a miracle, I had learned to dwell with pleasure, as a beloved daydream, on the thought of the separation of these elements" (p.70).

("Me atrevo a aventurar que llegarán a descubrirse en el hombre multitud de facetas, incongruentes e independientes... Aprendí a conocer la total y primitiva dualidad humana; vi que había dos naturalezas que contendían en el campo de mi conciencia; sin faltar a la verdad, podía asegurarse que cualquiera de las dos era la mía propia, ya que, en realidad, aunque fuesen contradictorias, ambas eran mías. Desde el principio, aun antes de que el curso de mis experiencias científicas llegase a sugerir la más remota posibilidad de tal milagro, yo había aprendido a pensar con placer, como en un agradable soñar despierto, en la idea de la separación de ambos elementos.")(1)

Ahí estuvo su verdadero error: no en derribar mitos e ilusiones, no en querer conocer la naturaleza humana, sino en no aceptarla y querer cambiarla. Abandonando un espejismo, se dejó hipnotizar por otro: la ilusión vana de querer deshacernos de nuestra parte animal y del monstruo que todos llevamos dentro. Por querer dominar, prohibir y expulsar a una parte de sí mismo, consiguió lo contrario, darle protagonismo y preponderancia. De hecho, es lo que siempre han intentado los ascetas que se flagelan y mortifican para combatir su demonio interior, práctica que finalmente conduce a la locura.

Solo el conocimiento y la aceptación de nuestra naturaleza puede traernos calma, consuelo y remedio.

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(1) Traducción de Carlos Silvi (Ediciones Orbis SA, 1982)

Entry (Encyclopaedia Britannica)

Wikipedia 

De doctores y monstruos: la ciencia como transgresión en Dr Faustus, Frankenstein y Dr Jekyll and Mr Hyde (Beatriz Villacañas)

Enlace a la película de Victor Fleming de 1941

Libro completo en español


miércoles, 27 de febrero de 2019

El Mundo de Hoy


Kapuściński, R. 2008. El Mundo de Hoy. Autorretrato de un Reportero. Anagrama


En la introducción del libro se hace alusión a El Mundo de Ayer, de Stefan Zweig, por la actitud de absoluto desconocimiento de la realidad circundante que aquel autor reconoce cuando analiza a posteriori los acontecimientos que darían lugar a la Segunda Guerra Mundial. Es increíble cómo podemos vivir de espaldas a la realidad, metidos en nuestra burbuja de cristal diaria, protegidos por nuestro caparazón de rutinas, lugares seguros, amistades y actividades cerradas.

Es justo lo opuesto que reivindica este libro: tener los ojos bien abiertos para verlo todo y ser testigo de todo cuanto ocurre a nuestro alrededor. Se trata de una selección de textos que ofrece un collage de la atenta mirada de Kapuscinski a la realidad del mundo que le tocó vivir y su reflexión sobre la misma: miradas sobre Africa, Asia, Europa, Rusia, América Latina, provenientes de una exhaustiva bibliografía entre cuyos título se encuentran, por supuesto, Ébano y Un Día Más con Vida .

Kapuscinski hace un análisis muy similar al de Vicente Verdú en el libro El Estilo del Mundo. A partir del fin de la guerra fría "se desarrolló algo muy provechoso para los intereses del gran capital: una ideología del consumo" (p.119). Las desgracias fuerona arrinconadas para "dar lugar al entretenimiento; una fiesta interminable, un turismo plácido, culebrones frívolos, compras navideñas... en una palabra, se creó una ilusión de que vivíamos en un mundo sin problemas, sin desgracias, sin conflictos" (p. 119). Ya le hemos dado nombre a esto: el capitalismo de ficción.

Pero la realidad es obstinada, y afortunadamente hay gente como Kapuscinski para hacernos salir del espejismo. Su experiencia como reportero por todo el mundo le lleva a una conclusión opuesta a la de Pinker, según el cual nuestro mundo evoluciona en un línea de progreso continuo. La aproximación a la realidad de ambos no puede ser más diferente, así como su metodología: Pinker hace una estudio histórico y comparativo basado en estadísticas, y Kapuscinski viaja, se mezcla con la gente, observa y se adentra en la realidad hasta la médula de la misma. Por eso concluye: "El mundo es un lugar profundamente injusto. Y esta injusticia no para de aumentar. La paradoja del progreso del siglo XX consiste en que a medida que avanza el desarrollo del mundo, más desigual se vuelve el reparto de sus frutos. El propio desarrollo ahonda en la injusticia" (p.218). El progreso, la técnica y la economía no han conseguido frenar las desigualdades, sino que por el contrario, las han exacerbado, de manera que "la actual estructura del reparto de las riquezas es tal que un cambo radical resulta muy difícil" (p. 226). Por tanto, su conclusión es más parecida a la de Zizek en su último libro, ya que también advierte de la injusta y desigual realidad de nuestro mundo, poniendo el foco en Asia, el Islam y los fenómenos migratorios como algunas de las realidades a las que más atención hay que prestarle en el mundo de hoy.

Vivimos en un mundo tan complejo y que se transforma a una velocidad tan vertiginosa que Kapuscinski cree que la única forma de retratarlo es a retazos, a base de citas, textos breves y abiertos, instantáneas, reflexiones fugaces. Según el reportero, la literatura --la novela-- ya no puede cumplir esa misión: "La literatura, en su acepción más al uso: de la novela "clásica"-- gusta de escribir estados inalterables, fijos; sociedades formadas de una vez paa siempre. Tal como alguien ha dicho --un tanto vulgar pero acertadamente-- "lo mejor que le sale a la literatura es describir el cadáver". Y es cierto: la novela plasma a la perfección estados petrificados, claramente definidos, inequívocos. Como, por ejemplo, Los Buddenbrook" (p. 82)

Pero, ¿acaso este problema no le ocurre también al periodismo? Esta realidad cambiante a ritmo vertiginoso, fluida, efímera como nunca, ¿permite un análisis detenido y riguroso desde algún punto de vista, ya sea literario, periodístico o filosófico? Veamos dos ejemplos extraídos del libro que muestran lo difícil que es realizar un análisis sereno de la realidad. El primero: Kapuscinski menciona que "sólo el dos por ciento de (a lo sumo cinco) de la población mundial tiene acceso a la Red. ¡Esta es la realidad!" (p.225) Esto lo escribió el 4 de junio de 2000. Pues bien, 18 años después, ese porcentaje ya supera el 50% (ver enlace abajo). Los datos varían por completo en poco tiempo, estamos sometidos a una revolución informativa que nos confunde con su tsunami de titulares y fake news a través de redes sociales que retransmiten en directo todo lo que ocurre y mienten sin cesar.
Segundo ejemplo: dice Kapuscinski refiriéndose a los atentados del 11 de septiembre que en aquel momento se interrumpió el sueño color rosa del capitalismo y la época del entertainment: "El 11 de septiembre cambió completamente la situación y, como muy bien tituló un columnista neoyorkino, fue "El fin de las vacaciones de la historia" (p.129). Poco tiempo después sabemos que esa época no sólo no acabó, sino que el capitalismo de ficción se propagó como un virus aún más potente por los ordenadores y smartphones del mundo entero, creando una nueva realidad virtual en la que todos estamos inmersos sin alternativa alguna.

¿No habría que aplicar al periodismo actual la misma frase que Kapuscinski le dedica a la novela? ¿Cómo conseguir analizar esta realidad líquida y confusa en la que vivimos? ¿Podrá tomar el relevo un nuevo Kapuscinski en el siglo XXI, o ya un reportero como Kapuscinski es sólo historia, uno más de los Buddenbrook?


Más de la mitad de la población mundial ya se conecta a Internet, según la UIT

Reseña (El corresponsal de los desheredados) 

Sobre Kapuscinski (LETRAS LIBRES)