Los equívocos caminos de la ilusión y la realidad a través de la filosofía, la literatura, el cine, el arte, el periodismo y la ciencia
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domingo, 16 de junio de 2019
The Matrix
Wachowski, L. and L. 1999. The Matrix
Se cumplen 20 años del estreno en España de Matrix, una película que marcó época y de la que poco se puede ya decir que no se haya dicho (1). La idea fundamental de la película es que vivimos en un mundo virtual, en una simulación en la que creemos estar en contacto con la realidad cuando son nuestros cerebros los que habitan una especie de videojuego permanente.
Las conexiones de Matrix con la filosofía son muchas, como con Descartes o Berkeley (ver enlaces abajo), pero aquí comentaremos otras más actuales. La primera, por supuesto, es con el filósofo Jean Baudrillard, cuyo libro El Crimen Perfecto ya analizamos en otro momento. En la película aparece una copia de su libro Simulacres et Simulation (2), dentro de la cual el protagonista esconde un importante dispositivo USB. Baudrillard advierte en su obra de la hiperrealidad, esa simulación permanente en la que vivimos en el mundo postmoderno y en la que el mapa se ha hecho más importante que el territorio, llegando un momento en el que es difícil no estar mediatizado y totalmente confundido por los mass media, las redes sociales y la realidad virtual.
Por otro lado, está el filósofo Mark Gabriel, uno de los representantes del Nuevo Realismo, que menciona en varias ocasiones la película tanto en su libro Yo No Soy Mi Cerebro como El Sentido del Pensamiento. Gabriel está profundamente preocupado por la idea extendida hoy en día, proveniente del transhumanismo, el postmodernismo y el constructivismo, de que no hay una realidad independiente de nuestros cerebros, pues todo lo que vemos y sabemos está necesariamente mediatizado por nuestro punto de vista. "La idea transhumanista del ser humano que emerge hoy en día, basada en la idea de que toda nuestra vida y nuestra sociedad podría ser una especie de simulación que solo podríamos superar alineando totalmente nuestra humanidad con el modelo del progreso tecnológico, es una ilusión peligrosa. Debemos desenmascarar esta quimera" (p. 271 de El Sentido del Pensamiento). Gabriel ve esta película como el epítome de la ciencia ficción representante de la postmodernidad.
Por otra parte, Matrix también se relaciona con el filósofo Hilary Putnam, mencionado en el libro de Gabriel Yo no soy Mi Cerebro, "porque en su libro Reason, Truth and History (3), presentó en el primer capítulo , con el título "Cerebros en el tanque" la visión aterradora de que podríamos ser solo cerebros, eléctricamente estimulados, a fin de crear la ilusión de una realidad independiente de ellos" (p. 162). Gabriel relaciona este escenario imaginado por Putnam y desarrollado en Matrix con las ideas propugnadas por el "neurocentrismo": "Todo esto suena terrible. Suena aún más terrible cuando uno se da cuenta de que el neurocentrismo nos querría hacer comulgar a todos con la rueda de molino de que realmente somos en el fondo cerebros en un tanque. Desde ese punto de vista se supone que seríamos cerebros encerrados bajo la bóveda craneana. La evolución debería guiar nuestros pensamientos porque, supuestamente, todo lo que damos por cierto solo nos parece plausible porque la biomáquina a la que estamos acoplados como cerebros persigue ciertos intereses egoístas: solo quiere transmitir su ADN y como mucho sobrevivir, sin ningún propósito ulterior. Estar ahí es todo. Así que el neurocentrismo nos enseña que somos realmente cerebros en un tanque, guiados y controlados por procesos y máquinas ajenos: la evolución, los genes, los neurotransmisores, etc. Se trata casi de una versión orgánica de Matrix. " (p. 164)
Esta visión del ser humano es la que analiza Harari en su libro Homo Deus. Como vemos, Matrix no ha perdido nada de actualidad, sino todo lo contrario, puesto que la inteligencia artificial y la concepción del cerebro del ser humano como un ordenador programado y determinado por su programación está en la base del mundo actual.
Por otro lado, Juan Antonio Rivera también dedica un capítulo de su ensayo sobre cine y filosofía (4) a Matrix. Rivera compara Matrix con el mito de la caverna de Platón. Neo, en este caso, sería el filósofo que intenta sacar a los seres humanos de su cárcel de ignorancia: ""Para Platón, el filósofo es precisamente el que sabe diferenciar el mundo aparente y cotidiano de la realidad auténtica, cuya presencia pasa inadvertida para la mayoría, siempre dormida frente a ella" (p.259). Buena parte del ensayo está dedicado a la traición de Cifra, el personaje que decide que es mejor vivir en una ilusión falsa y ficticia pero cómoda, que en una realidad en la que hay que luchar y sobrevivir. "Cifra ha pasado de hecho por ambas posibilidades y opta al final, voluntaria e irrevocablemente, por reintegrarse en Matrix y vivir experiencias más agradables aún sabiendo ahora que serán experiencias virtuales. Traiciona al grupo de Morfeo para conseguir esta huida de la realidad, la vuelta a la caverna acogedora de Matrix... Después de nueve años, ¿sabes de lo que me doy cuenta? La ignorancia es la felicidad" (pp.268-269). Es un tema clave que ya hemos tratado otras veces en estas páginas: ¿es mejor la felicidad inocente e ignorante o la cordura que nos puede llevar a una lucidez insoportable? (ver, por ejemplo, el Elogio de la Locura de Erasmo). El autor del ensayo opina que "tenemos una fuerte predilección ética por vivir en un mundo genuino, no simulado; y desde luego lo que no creo que nadie soportase es introducirse en un mundo ficticio manteniendo la consciencia de que lo es" (p.275). No estoy tan seguro como Rivera de esta afirmación. ¿Acaso no vemos por todas partes la necesidad de evadirse de la realidad, de crear mundos paralelos y plácidos, ya sea a través de las drogas, los videojuegos, la publicidad, las redes sociales o la misma religión? ¿No es acaso una característica consustancial al ser humano el "hambre de irrealidad"? ¿No somos todos un poco Cifra, que preferimos no saber ni queremos investigar para descubrir la verdad por si nos encontramos con lo que no queremos?
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(1) La revista MUY INTERESANTE le dedica un artículo en su número 457 "20 años de Matrix. ¿Vivimos en una simulación", escrito por Alejandro Sacristán. En el artículo se citan científicos y pensadores interesantes que han escrito sobre el tema: William Irvin Thomson, Nick Bostrom, Hans Moravec, Marvin Minsky, Giulio Prisco, Ray Kurzweil, Elon Musk, Alan Guth, Frank Wilczek o Seth Lloyd.
(2) Baudrillard, J. 1982. Simulacres et Simulation. Galilée.
(3) Putnam, H. 1981. Reason, Truth and History. CUP.
(4) Rivera, J.A. 2003. Lo que Sócrates Diría a Woody Allen. Espasa Calpe.
Descartes y la ilusión de Matrix (El Independiente de Granada)
El Obispo Berkeley no ha visto Matrix (Cápsulas filosóficas)
La filosofía que esconde The Matrix (AFCAR MEDIA)
Matrix y la filosofía
La filosofía oculta de Matrix
viernes, 27 de diciembre de 2019
El Mundo Feliz
Martín, Luisgé. 2018. El Mundo Feliz. Una Apología de la Vida Falsa. Anagrama.
Para el autor, la realidad es "un sumidero de mierda". La única forma de sobrevivir a ella es a través del engaño, lo que él llama la "suspensión voluntaria de la incredulidad". Es lo que hacemos cuando leemos una novela o vemos una película, el único mecanismo que nos evita enloquecer, pues la realidad es insoportable, y necesitamos dotarla de sentido y trascendencia: por ello inventamos la religión, la justicia, la belleza, la mística, la literatura, la posteridad, los sueños. El ser humano necesita soñar para escapar del sinsentido: "El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona", citando a Hölderlin.
Partiendo de estas premisas y parafraseando a Camus en El Mito de Sísifo, la tesis del libro es la siguiente: el único problema políticamente serio es el suicidio colectivo como especie. No tenemos remedio, la naturaleza humana es imperfecta por definición, estamos condenados a la infelicidad. Hemos de emplear la ciencia y la tecnología para escapar de esta realidad impuesta, transformándola radicalmente. No debemos dejarnos atrapar por las ideas preconcebidas de libertad, igualdad, fraternidad, heroicidad, autenticidad, entrega; tenemos que liberarnos de una moral que nos encadena, y dar el salto a una realidad diferente que ya nos ofrece la tecnología. Martín nos propone abrazarnos sin complejos al transhumanismo y la realidad virtual. Para él, el Mundo Feliz de Huxley, Matrix, el San Junípero de Black Mirror (1) no son distopías de las que debamos huir y escandalizarnos, sino que son precisamente la única salida posible.
Dejemos de querer estar atados románticamente a nuestra memoria; aceptemos la implantación de falsos recuerdos; dejémonos ayudar por la farmacología y la ingeniería genética. Demos la bienvenida al soma y a la singularidad, si podemos acabar así con el sufrimiento. Es mejor una servidumbre feliz que una libertad dolorosa. Modifiquemos los componentes defectuosos de nuestra imperfecta condición humana, dejemos de creer ingenuamente en la posibilidad de redención pues nuestra naturaleza no tiene remedio tal y como es. Somos infinitamente estúpidos, nuestra imbecilidad es absolutamente irremediable, nuestro egoísmo incorregible, nuestras contradicciones irresolubles. La religión, la literatura, el arte, son solo bálsamos pasajeros. "No nos salvan la inteligencia ni la educación. No nos salva tampoco la bondad, ni la honestidad, ni la lucidez ética. Tal ve lo único que puede salvarnos es la mentira, el engaño. Matrix. El mundo feliz de Huxley" (p.95).
Martín plantea lo opuesto de Vergely en La Destruction du Réel o Gabriel en Yo no soy Mi Cerebro o El Sentido del Pensamiento, que se manifiestan completamente contrarios al transhumanismo y la realidad virtual. Para Martín, en cambio, esa el la única salida. Todo lo demás es "ilusión: invención, ensueño, espejismo. Para poder volar sin que el sol derrita nuestras alas de cera es necesaria la mentira, la hechicería, la prestidigitación. Por eso las libertades falsas --si son perdurables en le tiempo-- son la únicas libertades posibles" (p. 114). Siempre hemos estado creando mundo ilusorios, dejémonos llevar por esta última ilusión que nos liberará de nuestra naturaleza , pongámonos en manos del Big Data y los algoritmos. Sísifo nunca podrá ser feliz. Vivamos en Matrix, la última ilusión.
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Reseña (TODO LITERATURA)
Rehusando el mundo feliz que propone Luisgé Martín (Mundiario)
Las obras detrás del último ensayo de Luisgé Martín (Librotea)
(1) Capítulo de la serie Black Mirror (cuarto episodio de la tercera temporada)
viernes, 17 de mayo de 2019
El Sentido del Pensamiento
Gabriel, Markus. 2019. El Sentido del Pensamiento. Pasado y Presente.
Tercer libro de la trilogía sobre el Nuevo Realismo, que se centra en las características de nuestro pensamiento y lo que lo hace único: "Mediante nuestro pensamiento conectamos realidades distintas entre sí y, de esta manera, creamos nuevas realidades" (p.11). Esta es la idea central del libro: nuestro pensamiento nos permite conocer la realidad y a la vez crea realidades nuevas. "Nuestro pensamiento es parte de la realidad, es algo real en sí mismo, como lo son nuestros sentimientos" (p. 29). Somos parte de la realidad, podemos aproximarnos a ella y reconocerla, gracias a nuestros sentidos, y uno de ellos es el pensamiento.
Basándose en pensadores como Paul Boghossian, Gabriel sigue con su cruzada contra el posmodernismo y la idea de que "no existe ninguna verdad, hechos objetivos o la realidad" (p.13). Nuestro pensamiento es un acto sensorial, como la vista o el oído, que nos permite acceder a la realidad. Tiene un sustrato biológico y por ello solo los seres vivos tienen capacidad de pensamiento (Gabriel llama a esto externalismo biológico). No es simplemente procesamiento de información, como pretende hacernos creer la era digital y de la inteligencia artificial. Gabriel sigue arremetiendo contra el transhumanismo que quiere convertirnos en ciborgs o en inforgs, huyendo de nuestra verdadera realidad sin aceptarla. Solo el humanismo ilustrado puede guiarnos, reconociéndonos como seres espirituales. Debemos de huir del materialismo dominante en nuestros días, que considera que todo lo que existe es solo materia.
La realidad es algo muy complejo, donde se entrelazan infinitos campos de sentido. No hay ningún análisis que pueda abarcarla en su totalidad. Hay infinitud de realidades. Nuestro pensamiento nos permite orientarnos en esa infinitud. Es cierto que hoy en día, en la era de la información, la realidad se ha hecho aún más compleja en inabarcable, debido a la cantidad de información a la que tenemos acceso. Pero la realidad no la conocemos solo a través del empirismo, del cual reniega Gabriel. Pensamos, abstraemos, formulamos hipótesis, y así avanzamos. Nuestro pensamiento nos permite ir mucho más allá del universo de las cosas: "podemos pensar en números, dolores, justicia, pero también en partículas elementales o materia oscura" (p.69).
Gabriel se desmarca de nuevo del constructivismo, que afirma que nosotros construimos la realidad, y se apunta a lo que denomina seleccionismo perceptivo: gracias a los sentidos y a los conceptos percibimos y comparamos y "debido a nuestra dotación y a otras cuestiones, ciertos aspectos de la realidad que permanecen ocultos a otras personas y a otros seres vivos no humanos nos resultan accesibles a nosotros. Esto no significa que falseemos o distorsionemos la realidad a través de nuestros conceptos y registros. Por el contrario, significa que la percibimos tal como es, pero solo parcialmente" (p. 72).
El filósofo alemán se afana por diferenciar el pensamiento humano del supuesto pensamiento de la inteligencia artificial. Nuestro estado mental está compuesto de pensamientos y sentimientos, intenciones, sensaciones viscerales, emociones, con el apoyo de todo nuestro organismo biológico. Nuestra inteligencia no es un software instalado en el cuerpo de un primate. Gabriel ataca frontalmente el funcionalismo, que pretende que nuestra inteligencia es simplemente procesamiento de datos. No somos un sistema operativo, ni un dispositivo diseñado por nadie. Nuestra inteligencia funciona en modo analógico, bajo presión de tiempo, con un interés centrado en la supervivencia y basándose en un lenguaje que somos capaces de comprender por nuestra dotación biológica y el trasfondo cultural que compartimos.
Gabriel argumenta contra la digitalización utilizando los argumentos de Heidegger contra la técnica: "La esencia de la técnica es la idea de que la realidad, en su conjunto, es predecible y, en consecuencia, está disponible para nuestros fines; por lo tanto, deberíamos hacer que todo lo que existe fuera libremente accesible para el aprovechamiento del ser humano" (pp.189-190). Pero la frontera del conocimiento se desplaza de forma dinámica, y ese vacío que queremos llenar permanentemente de conocimiento genera miedo y vértigo, porque nunca deja de existir. No afrontar ese vacío no es más que escapismo de la realidad, que queremos simplificar como si fuera simplemente un conjunto de aparatos o un gran ordenador. Pero esto es falso, no podemos registrarlo todo, "sencillamente, no podemos analizar el espacio-tiempo más allá de lo que permite el Big Bang" (p.199).
Creemos actualmente que podemos crear un mundo feliz de algoritmos perfectos, pero no debemos caer en el peligro de delegar nuestras decisiones en programas informáticos (tema desarrollado por harari en sus libros Homo Deus y 21 Questions for the 21st Century). Se ha extendido la creencia de que nuestras percepciones no son más que una simulación o una ilusión, pero esto no es cierto: nuestros sentidos son algo real en contacto con lo real. La idea de la simulación, fomentada por el posmodernismo, tiene su mejor ejemplo en la película Matrix, pues formula de manera acertada la sospecha posmoderna de que la realidad es bastante deficiente" (p.269). (En otra entrada del blog analizamos las conexiones de Matrix con la filosofía). Gabriel habla de Black Mirror, Los Sims, y otras películas y series de ciencia ficción para devolvernos a la realidad y demostrar la falsedad de que vivamos en una simulación.
Markus Gabriel introduce en la realidad no solo la materia y lo empírico, sino todo lo que somos capaces de crear y pensar: "Los campos de sentido a los que nos da acceso nuestra imaginación y a los que podemos inferir carácter objetivo a través de obras de arte, videojuegos, novelas, fantasías e ideologías son en sí mismo algo real. en esto consiste el concepto de nuevo realismo" (p.259). Lo real es impredecible, infinito, por eso no es abarcable por la ciencia o la tecnología. Es algo mucho más complejo, contingente, no se puede reducir a partículas y a la materia, es heterogénea y de naturaleza variada. Es imposible querer saberlo todo, dominarlo todo. No somos omniscientes, pero tampoco somos esclavos del inconsciente ni víctimas de impulsos atávicos que determinan de forma cerrada nuestros pensamientos. Tenemos un componente biológico, sí, pero este no es una restricción absoluta. Podemos pensar, crear modelos, inventar, crear historias. No somos ni un animal condenado a seguir las pautas de la evolución, ni tenemos que crear un Superhombre, fantasía creada por el transhumanismo, que "aspira a una forma más elevada de existencia humana en forma de información pura que vive en una infoesfera que ya no es biológica" (p.309). Esto no es más que una ilusión que desprecia profundamente nuestra condición humana.
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El libro contiene una bibliografía muy amplia e interesante, pero hay tres citas que me han llamado especialmente la atención:
1) "Sigmund Freud diagnostica en su libro El Malestar de la Cultura un rechazo general del ser humano hacia la imposición de la realidad" (pp.122-123)
2) "...David Chalmers que en 1966 publicó un sensacional libro titulado La Mente Consciente (The Conscious Mind...)"(p.139)
3) En su libro Movilización Total el filósofo italiano Maurizio Ferraris argumenta la revolución digital a través del hecho de que Internet asume una función, en última instancia, militar" (p.146)
Reseña (LA VANGUARDIA)
Reseña (EL DEBATE DE HOY)
Entrevista (EL PAIS)
martes, 26 de febrero de 2019
El Crimen Perfecto
Baudrillard, J. 2016 (5ª ed.) El Crimen Perfecto. Anagrama
1. La Hiperrealidad
La retransmisión en directo del doble atentado de las torres Gemelas de 2001 no sólo no fue el fin de la época del "entertainment", como creyeron algunos (1), sino su glorificación. Desde entonces sabemos que todo lo que no se ve por las pantallas no termina de tener certificado de realidad. Y eso que el mayor acontecimiento mediático de la era moderna fue retransmitido por un medio pre-digital, pero que ya se hallaba en todos los hogares del mundo: la TV. Aún había de darse un salto cualitativo de primera magnitud: los espectadores dejarían de tener un papel pasivo para convertirse en productores de imágenes con el desarrollo planetario de Internet, las redes sociales 2.0. y el principal artefacto de nuestra era Matrix: el smartphone.
Una realidad virtual y aumentada ha tomado el control y sólo lo que ocurre en ella ocurre realmente: el mundo está lleno de productores y consumidores de imágenes, de forma que se crea permanentemente una segunda realidad que es la que ha tomado el relevo de la realidad subyacente. Baudrillard fue el primer en hacerse consciente de este nuevo mundo que se estaba creando, pero ni él mismo llegó a imaginarlo tan perfecto, tan omnipresente, tan poderoso: la Hiperrealidad. Así llamó él a este fenómeno; el crimen perfecto, pues la realidad había sido eliminada para dejar en su lugar a su doble, de forma que parece que sigue existiendo, cuando lo que hay en su lugar ya es otra cosa. Baudrillard cita para explicarlo el mapa perfecto de Borges o a los iconólatras de Bizancio.
El 15 de marzo un terrorista supremacista blanco entró en una mezquita de Nueva Zelanda y mató a 17 personas, mientras retransmitía en directo la carnicería por redes sociales. Todo, desde lo más terrible a lo más banal, se actualiza al momento a través de las redes, todo el mundo es ya una estrella de los medios. Millones de personas de todo el planeta renuevan de forma obsesiva y permanente su actualidad diaria en Facebook e Instagram, haciendo al mundo partícipe de su última fiesta de cumpleaños o excursión a la playa. Nada tiene ya sentido si no es retransmitido. Cuando se presencia un accidente, la primera reacción de muchas personas ya no es ayudar, sino captarlo con el móvil. Así ocurrió en un trágico accidente de una española en París el pasado verano. El principal objetivo del turismo es llegar y hacerse el selfie: Vini, vidi, selfie. Si no hay selfie, no hay vida. Cada vez muere más gente en busca del autorretrato perfecto. Legiones de turistas, móvil en mano, visitan los lugares que aparecen en Juego de Tronos para verse a ellos mismos como extras de la misma serie. Otros muchos turistas van con el móvil cazando pokemons frente a monumentos centenarios, de forma que algunos museos y lugares como el Museo del Holocausto y Auschwitz han tenido que prohibir su uso.
El consumo obsesivo de series de televisión ha aumentado de forma exponencial, de forma que cada vez se extiende más el fenómeno de darse atracones de cientos de horas de serie (según Netflix, 8.4 millones de personas en todo el mundo devoran una serie el día de su estreno). Los adolescentes ya pasan más de 9 horas al día usando los medios, es decir, un tercio de sus vidas, o la mitad del tiempo que permanecen despiertos. Los casos de hikikomori (jóvenes que se recluyen en sus habitaciones, en las que permanecen enganchados a videojuegos o a Internet) ya son un fenómeno conocido en Japón, pero comienzan a darse casos por todo el mundo El consumo de pornografía a través de las redes es cada vez mayor por los adolescentes, de forma que se convierte en la primera herramienta de "educación sexual", creando en la mente de los adolescentes un mundo falso e hipersexualizado que confunden con la realidad.
Baudrillard lo vio pero se quedó corto. Esta segunda realidad es aún más potente de lo que imaginó, es más atractiva que la realidad "real", menos mugrienta, más estilizada, más segura, aumentada, perfecta. Se ha establecido en un tiempo récord y ha llegado para quedarse. Es más interesante que la realidad de verdad, más manejable, se puede poner en modo pausa, rebobinar y embellecer con photoshop. Ya la hemos analizado a través de la lectura de otros libros como El Estilo del Mundo de Verdú o La Destrucction du Réel de Vergely, pero su mayor profeta ha sido Baudrillard, que fue el primero en atisbarlo:
"La realidad ha sido expulsada de la realidad (p.15) ... vivimos en un mundo en el que la más elevada función del signo es hacer desaparecer la realidad, y enmascarar al mismo tiempo esa desaparición (p.17)... El crimen perfecto es el de una realización incondicional del mundo mediante la actualización de todos los datos, mediante la transformación de todos nuestros actos, de todos los acontecimientos en información pura: la solución final, la resolución anticipada del mundo por clonación de la realidad y exterminación de lo real a manos de su doble" (p. 41).
2. La Ilusión y la Realidad
Hasta aquí, la parte por la que Baudrillard es conocido, por la invención del concepto de hiperrealidad. Pero ¿cuál es su visión de la realidad? Baudrillard no critica la hiperrealidad porque nos aleje de la realidad, sino todo lo contrario, porque nos hace creer que la realidad es más real de lo que es. Para Baudrillard, la realidad no es más que ilusión, y así hemos de aceptarla. Su visión de la misma recuerda mucho a la idea de Maya en las filosofías orientales. Estas son algunas frases del libro que resumen la idea que Baudrillard tiene sobre la realidad:
"La ausencia de las cosas por sí mismas, el hecho de que no se produzcan a pesar de lo que parezca, el hecho de que todo se esconda detrás de su propia apariencia y que, por tanto, no sea jamás idéntico a sí mismo, es la ilusión material del mundo.... No soportamos el vacío, ni el secreto, ni la apariencia pura. ¿Y por qué tenemos que descifrarlo, en lugar de dejar que irradie su ilusión como tal, en todo su esplendor?" (p.13)
"La realidad es una perra. ¿Qué tiene de asombroso, por otra parte, ya que ha nacido de la fornicación de la estupidez con el espíritu de cálculo --desecho de la ilusión sagrada entregada a los chacales de la ciencia?" (p.14)
"Menos mal que vivimos bajo la forma de una ilusión vital, bajo la forma de una ausencia, de una irrealidad, de una no inmediatez de las cosas. Menos mal que nada es instantáneo, ni simultáneo, ni contemporáneo. Menos mal que nada está presente ni es idéntico a sí mismo. Menos mal que la realidad no existe. Menos mal que el crimen nunca es perfecto"(p.19).
"Lo real es el hijo natural de la desilusión. No es más que una ilusión secundaria. De todas las formas imaginarias, la creencia en la realidad es la más baja y trivial" (p.25)
"Hay que devolver su fuerza y su sentido radical a la ilusión, tantas veces rebajada al nivel de una quimera que nos aleja de lo verdadero: de aquello con que se disfrazan las cosas para ocultar lo que son. Pero la ilusión del mundo es la manera que tienen las cosas de ofrecerse para lo que son, cuando no son en absoluto" (p.31)
"La creencia en la realidad forma parte de las formas elementales de la via religiosa. Es una debilidad del entendimiento, una debilidad del sentido común, y la última trinchera de los celadores de la moral y de los apóstoles de lo racional" (p. 131)
"El mundo real, entre todos los mundos posibles, es impensable salvo como superstición peligrosa. Debemos distanciarnos de él de la misma manera que el pensamiento crítico se distanció hace tiempo (¡en nombre de lo real!) de la superstición religiosa. ¡Pensadores, un esfuerzo más!" (p. 134).
"La realidad es una ilusión, y cualquier pensamiento debe intentar desenmascararla...el propio mundo debe revelarse no como verdad, sino como ilusión" (p.137)
Por tanto, según Baudrillard la hiperrealidad no es negativa por alejarnos de la realidad, sino por aumentarla y deificarla, cuando la realidad no es más que otra forma de ilusión.
Totalmente de acuerdo con los peligros de la hiperrealidad: un camión real puede arrasarnos mientras estamos abstraídos y secuestrados por la pantalla de nuestro móvil. Pero cuidado con confundir realidad con ilusión : el mismo camión puede pasar por encima de nosotros si seguimos cruzando ante él porque creemos que es sólo una invención de nuestra mente.
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(1) Por ejemplo, Kapuscinski dice, refiriéndose a los atentados del 11 de septiembre, que en aquel momento se interrumpió el sueño color rosa del capitalismo y la época del entertainment: "El 11 de septiembre cambió completamente la situación y, como muy bien tituló un columnista neoyorkino, fue "El fin de las vacaciones de la historia" (p.129).
Reseña
Entrevista (EL CULTURAL)
Entrevista (MUY INTERESANTE)
Entrevista (LA NACIÓN)
Sacando de la tumba a Baudrillard
Murió Jean Baudrillard, crítico feroz de los medios y el consumo
Patafísica de Jean Baudrillard
Baudrillard cree que el mundo se ha convertido en una gran Disneylandia
Jean Baudrillard, el filósofo de la seducción
Jean Baudrillard, el filósofo que alertó sobre la 'era matrix'
domingo, 11 de agosto de 2019
Blade Runner
Scott, Ridley. 1982. Blade Runner.
Villeneuve, Denis. 2017. Blade Runner 2049.
Blade Runner y su secuela del 2017 son quizás las películas más emblemáticas, junto con la saga de Matrix, de lo que llamamos posmodernismo, con todo lo que ello implica de hiperrealidad, transhumanismo, inteligencia artificial y realidad virtual. La película de Ridley Scott grabó en nuestra conciencia colectiva una de las más extendidas distopías de nuestro tiempo. El año del futuro en el que transcurre la acción es justo nuestro 2019, y en lugar de quedarse anticuada se ha visto confirmada en muchos aspectos, como hemos podido ver en libros como Homo Deus, La Destruction du Réel, La Herida de Spinoza, El Estilo del Mundo o los tres volúmenes del filósofo alemán Peter Gabriel: una sociedad donde el hombre se ve superado por la tecnología y pierde las riendas de la misma; donde el medio ambiente está envilecido hasta tal punto que apenas queda naturaleza; donde la realidad virtual ocupa el lugar de la realidad, de forma que todo parece un gigantesco holograma.
Las dos películas, tanto la original como la secuela, revelan todos estos miedos, pero en esta ocasión queremos detenernos en uno especialmente: la pérdida de la identidad por la manipulación de nuestros recuerdos. Una de las claves que se repite en ambas películas es la construcción artificial del pasado de los replicantes: éstos han sido imbuidos de recuerdos falsos, de forma que creen tener un pasado y una historia personal. Por eso, para ellos, dudar de estos recuerdos es una de las mayores heridas que se pueden infligir en su autoestima. Necesitan creer que son verdaderos y reales. Por eso Rachael, la replicante experimental, llora cuando se le hace consciente de que sus recuerdos no son verdaderos, sino implantados.
El caso es que nosotros, seres humanos y aún no transhumanos, tenemos la misma inseguridad que los replicantes: ¿hasta qué punto son reales nuestros recuerdos y no han sido construidos y reconstruidos a lo largo de nuestra vida? (1). Somos conscientes de que no lo recordamos todo, afortunadamente, pues eso sería insoportable como bien sabemos por Funes el Memorioso, el relato de Borges, y que muchas veces albergamos dudas sobre la veracidad de nuestros recuerdos. Construimos nuestra identidad utilizando los recuerdos que seleccionamos, de forma que es nuestra memoria autobiográfica la que da coherencia y sentido a nuestra vida. Gracias a un mecanismo perfeccionado por la evolución, olvidamos lo que nos desgradada y tendemos a embellecer lo que nos causó placer y felicidad. Lo que recordamos es siempre una distorsión de la realidad, afortunadamente, adornada en unos aspectos y censurada en otros. Vamos construyendo un relato personal, convirtiéndonos de esta manera en novelistas de nosotros mismos. Los recuerdos terminan uniendo la realidad con la ficción construida, confundiéndose con ilusiones, esperanzas, sueños, miedos, frustraciones, por lo que siempre están teñidos de emociones.
Las investigaciones sobre la memoria autobiográfica demuestran que con el paso del tiempo, tenemos una tendencia a admitir como ciertos aquellos hechos que nos resultan verosímiles o queremos creer aunque no hayan ocurrido en la realidad, y viceversa. Las investigaciones de Elizabeth Loftus (2) sobre los falsos recuerdos o las de Julia Shaw (3) sobre las distorsiones de la memoria nos informan sobre la facilidad con la que falseamos la realidad borrando recuerdos reales o creando otros inexistentes.
Por otra parte, las neurociencias van teniendo cada vez más acceso a los lugares del cerebro donde se seleccionan y guardan estos recuerdos. Gracias a los estudios sobre los casos de amnesia y de la enfermedad de Alzheimer y a las últimas técnicas de resonancia magnética o tomografía por emisión de positrones, se va perfeccionado el conocimiento del mapa de los lugares donde los guardamos. De la misma forma, cada vez tenemos más acceso a la modificación de nuestros estados de ánimo gracias al avance en nuestros conocimientos sobre la forma en que la farmacología puede incidir en nuestros circuitos hormonales. El soma de Aldous Huxley ya llegó, se llama Prozac, y en nuestra sociedad el consumo de antidepresivos aumenta en progresión geométrica. ¿Por qué no recurrir al remedio rápido de una pastilla en lugar de otras terapias personales más largas y costosas?
¿Llegará el día en el que a diferencia de los replicantes de Blade Runner, en lugar de apreciar la autenticidad de nuestros recuerdos y renegar de su falsificación, lleguemos a pedir su manipulación, de forma que consigamos borrar por completo aquellos que no nos gustan o embellecer aún más aquellos que nos agradan? Esto es algo que ya hacemos de forma natural, pero puede llegar el momento en el que el proceso pueda ser potenciado artificialmente, y lo que es peor, ese proceso podrá ser guiado por otros que dominen la tecnología para hacerlo en lugar de nosotros mismos. En ese caso, nuestro relato autobiográfico habría dejado de estar en nuestras manos, como le ocurre a los replicantes de Blade Runner.
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(1) Otras películas que versan sobre nuestros miedos y dudas ante los laberintos y experimentos sobre la memoria humana y la posibilidad de manipularla son, por ejemplo, Memento (Christopher Nolan, 2000), Eternal sunshine of the spotless mind (¡Olvídate de mí!)(Michel Gondry, 2004), Inception (Origen) (Christopher Nolan, 2010), Total Recall (Desafío Total)(Len Wiseman, 2012) o Regression (Regresión) (Alejandro Amenábar, 2015). También es muy interesante el documental Memory Hackers, disponible en Youtube)
(2) TED Talk : La ficción de la memoria, disponible en Youtube.
(2) Shaw, J. 2017. The Memory Illusion. Remembering, Forgetting and the Science of False Memory. Random House
Posmodernismo en Blade Runner
Blade Runner o el Posmoderno Prometeo
Blade Runner, recuerdos del futuro
Blade Runner 2049
Enlaces a páginas sobre los falsos recuerdos y la manipulación de la memoria:
Regresión o como crear falsos recuerdos (HUFFPOST)
Implantar recuerdos (XL SEMANAL)
Modificar los recuerdos (INVESTIGACIÓN Y CIENCIA)
Científicos descubren cómo borrar y manipular recuerdos (COMPUTER HOY)
¿Se puede manipular la memoria? (NEUROPSICOLOGÍA Y APRENDIZAJE)
Falsos recuerdos: ¿se puede manipular la memoria) (HIPERTEXTUAL)
Consiguen manipular recuerdos con una técnica bastante sencilla (TENDENCIAS CIENTÍFICAS)
miércoles, 4 de diciembre de 2019
La Invención de Morel
Bioy Casares. 1940. La Invención de Morel. Editorial Losada.
¿Quién no ha revivido con nostalgia una época o un momento feliz al ver una fotografía o un video antiguo, cuyo poder evocador resucita a las personas que ha captado y vuelve a darles vida en nuestra imaginación? ¿Quién no ha recreado en su fantasía una escena a partir del poder mágico de las imágenes, que parecen recobrar vida propia como si fueran fantasmas animados? El sueño se compone básicamente de imágenes, y esa es también la materia prima del cine. Esa capacidad de nuestra mente de conceder realidad viva a lo que es una simple imagen es la base de La Invención de Morel.
Bioy Casares fue un visionario que con esta novela ya anticipó la hiperrealidad de la que tanto hablaría luego el postmodernismo y en especial Baudrillard, o toda la filosofía en torno al doble de Clement Rosset. El poder de la imagen, tanto en la fotografía como en el cine, para crear la fantasía del doble y generar fantasmas revolucionó el imaginario del hombre del siglo XX, como se explica en libros como El Cine y el Hombre Imaginario de Edgar Morin, en el que se menciona en varias ocasiones la novela de Bioy Casares: "El Invento de Morel nos propone el mito cinematográfico final: la absorción del hombre en un universo desdoblado para que la eternidad le salve" (p.47). En los años 40 estaba también en ciernes el invento de la holografía, muy relacionado con el argumento de esta novela. La holografía perfecta inventada por Morel/Bioy va más allá y sueña con alcanzar la eternidad incluyendo a la conciencia, de la misma forma que en los primeros tiempos de la fotografía se creía que las fotos de los muertos conservaban de alguna forma el alma de los mismos.
La novela, a pesar de su brevedad, contiene múltiples conexiones con temas universales y obras maestras de la literatura. Así, nos recuerda a Fausto, Frankenstein o El Doctor Jekyll y Mr Hyde por la búsqueda de la inmortalidad a costa de vender el alma y la cordura, por negarse a aceptar nuestra limitación humana. También tiene conexiones con El Retrato de Dorian Gray por la obsesión por la belleza y la obstinación por fijarla en el tiempo sin que se vea agredida por el paso del tiempo que la oxida y maltrata, aunque ello suponga un lucha angustiante contra la realidad, que siempre termina venciendo. Por supuesto, también tiene conexiones con las novelas y películas de ciencia ficción que crean una realidad paralela, virtual, que pretende escapar de las limitaciones de la realidad verdadera, como Matrix. La novela también nos trae recuerdos de la novelas que transcurren en islas, el lugar perfecto para idear y crear un mundo nuevo y utópico diferente al mundo real que nos encadena (como por ejemplo, La Isla del Dr Moreau).
Sin duda, la novela también está relacionada con las novelas y películas de fantasmas, pues fantasmas son los que la pueblan, recordándonos especialmente a la película Los Otros por la angustia continua de no saber quiénes son los fantasmas, nosotros o los otros. De la misma forma, conecta con las historias en las que dudamos de nuestra propia locura, y no sabemos si los locos somos nosotros o los que nos rodean (como en Shutter Island, que también transcurre en una isla). Otra película con la que guarda relación es La Rosa Púrpura del Cairo, por fantasear con la posible vida propia de las imágenes y los personajes de las películas. Es también una novela de suspense, por lo que tiene de investigación y misterio, y en cierto modo kafkiana, por la claustrofobia y estupor que se siente al verse atrapado en una situación absurda e inverosímil que no tiene ni pies ni cabeza. Por otro lado, tiene conexiones con aquellas novelas y películas que juegan con el laberinto del tiempo y su retorno infinito, y la sensación de prisión en bucle constante que se repite como una pesadilla interminable (El Año Pasado en Marienbad).
Finalmente, es una historia de amor imposible, un amor platónico con todas las de la ley, en la que el empeño por eternizar la imagen del amado/a y su contemplación sin fin es superior al propio afán de supervivencia ("vivo sin vivir en mi, y tan alta vida espero que muero porque no muero"). El protagonista de la novela, enamorado irremisiblemente de una imagen espectral, reza por entrar alguna vez en el cielo de la conciencia de Faustine para poder ser salvado, de la misma forma que don Juan de Zorrilla es salvado por el espectro de doña Inés. Es impresionante que una novela tan corta pueda tocar tantos temas que nos conciernen; por ello quizás Borges la calificara de "perfecta".
Reseña (EL CULTURAL)
Reseña (LA MENTE ES MARAVILLOSA)
Para entender La invención de Morel
Bioy Casares y la percepción privilegiada del amor (CERVANTES VIRTUAL)
La invención de Morel: la renovación fantástica y la influencia del cine (CERVANTES VIRTUAL)
Hay dos versiones cinematográficas del libro: una versión francesa para la televisión de 1967 dirigida por Claude-Jean Bonnardot (https://www.dailymotion.com/video/x17uyyq) y una película italiana de Emidio Greco de 1974. Se dice que la película El año pasado en Marienbad de Alain Resnais (1961) también está inspirada en la novela.
jueves, 31 de octubre de 2019
Abre los Ojos
Amenábar, Alejandro. 1997. Abre los Ojos.
César es el prototipo del hombre moderno en la sociedad capitalista: rico heredero, empresario exitoso, eterno adolescente, bien parecido, parece sacado de un anuncio de perfume. No hay mujer que se le resista, amante consumado, todos sus deseos se hacen permanentemente realidad. Representa el ideal que nos vende el capitalismo de ficción, el individuo plenamente satisfecho, totalmente autosuficiente, exultante de egoísmo hedonista, para el que no hay sueño imposible.
Un día, un terrible accidente le deja vivo de milagro pero le destroza la cara, convirtiéndolo en un monstruo, una especie de "fantasma de la ópera", según sus propias palabras. Acostumbrado a ser el rey de la fiesta, se ve convertido repentinamente en Quasimodo, en Bestia, en Hombre Elefante. De la noche a la mañana su vida cambia por completo. César no consigue aceptar su nueva realidad. Ya conocemos diferentes salidas cuando la realidad no es aceptada: una es el suicidio, otra la locura, otra la irrealidad provocada por las drogas alucinógenas. César elige la posibilidad que le da la técnica a los que pueden permitírselo en la sociedad futura en la que transcurre la película: una mezcla de crionización y sueño inducido permite que viva una vida dentro de su cerebro, una vida virtual de la que es dueño absoluto de todos sus deseos.
De esta forma, la película de 1997 anticipa muchos de los temas que veinte años después son objeto de reflexión en libros como Homo Deus os La Destruction du Réel: el transhumanismo, la búsqueda de la inmortalidad, el moderno Prometeo o la renovación del mito de Frankenstein; la sensación de omnipotencia dada por los avances de la tecnología, y la división de un mundo en dos castas: los ricos/dioses que tienen acceso a esa tecnología y los pobres/parias que se ven cada vez más alejados de ella.
Pero ese "sueño lúcido" (así lo llama LE, Life Extension, la empresa que lo comercializa) no funciona a la perfección y trae "defectos de fábrica". Ya lo sabemos por el mito de Frankenstein o simplemente por la ley de Murphy: siempre hay algo que falla. En este caso, es Freud el que mete la pata: el subconsciente resulta ser demasiado poderoso como para mantenerse a raya incluso en el sueño lúcido y empieza a jugar malas pasadas, de forma que la realidad virtual no es tan obediente a los deseos como parecía. No somos libre por completos ni siquiera en la realidad virtual...
La película, que recuerda a otras como Matrix, o El Show de Truman, tiene una relación directa con La Vida es Sueño, de Calderón, por la agonía a la que se enfrenta el protagonista ante la permanente duda de si está viviendo un sueño o la realidad. Esta confusión termina enloqueciéndole, teniendo finalmente que decidir si quiere volver a la cruda realidad o continuar en la realidad virtual tras resetearla y realizar los oportunos ajustes.
Es la decisión que nos plantea la película al final: ¿preferimos vivir la realidad tal cual es o inventar otra a nuestro antojo, una vida paralela, un más allá, un paraíso, un cielo que habitar cuando cerremos los ojos?
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Tom Cruise hizo un mediocre remake de esta excelente película titulado Vanilla Sky, que solo se salva por su banda sonora y en concreto por la canción de Bob Dylan "Fourth Time Around".
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