Los equívocos caminos de la ilusión y la realidad a través de la filosofía, la literatura, el cine, el arte, el periodismo y la ciencia
miércoles, 22 de enero de 2020
Pedro Páramo
Rulfo, Juan. 1986. Pedro Páramo y El Llano en LLamas. Círculo de Lectores (Introducción de Juan Cueto)
Rulfo, Juan. 1989. Pedro Páramo. Cátedra (Edición de José Carlos González Boixo)
(Publicada originariamente en 1959)
Nos adentramos con esta novela en puras arenas movedizas donde la frontera de la realidad y la irrealidad han desaparecido por completo. Es el territorio conocido como "realismo mágico", que en este caso alcanza una obra cumbre difícilmente superable. Ni el narrador ni los lectores estamos nunca totalmente seguros de donde nos hallamos, si frente a la realidad más cruda y cegadora o la irrealidad más alucinada y oscura. El pueblo que visita Juan Preciado, el narrador inicial, para encontrar a su padre, el cacique Pedro Páramo, es un pueblo fantasma habitado por espectros. Poco a poco y de forma inquietante, nos vamos dando cuenta de que somos testigos de una narración desde el otro mundo, pues el mismo narrador también está muerto, aunque él no es consciente de ello hasta más adelante:
"No había aire. Tuve que sorber el mismo aire que salía de mi boca, deteniéndolo con las manos antes de que se fuera. Lo sentía ir y venir, cada vez menos; hasta que se hizo tan delgado que se filtró entre mis dedos para siempre" (p.49).
A Juan lo mueve la última voluntad de su madre y la ilusión de conocer a su padre, una ilusión que se topa con una atroz realidad:
"Comencé a sentir que que se me acercaba y daba vueltas a mi alrededor aquel bisbiseo apretado como un enjambre, hasta que alcancé a distinguir unas palabras casi vacías de ruido: "Ruega a Dios por nosotros." Eso oí que me decían. Entonces se me heló el alma. Por eso es que ustedes me encontraron muerto.
-- Mejor no hubieras salido de tu tierra, ¿Qué viniste a hacer aquí?
-- Ya te lo dije en un principio. Vine a buscar a Pedro Páramo, que según parece fue mi padre. Me trajo la ilusión.
-- ¿La ilusión? Eso cuesta caro. A mí me costó vivir más de lo debido. Pagué con eso la deuda de encontrar a mi hijo, que no fue, por decirlo así, sino una ilusión más; porque nunca tuve ningún hijo" (p.51)
Los muertos se envían saludos y conversan unos con otros mientras dan a conocer a Juan Preciado la desolación impuesta por la violencia y la sinrazón a la que se vieron sometidos por su padre. Los ecos y lamentos de los muertos son las voces que continúan reverberando, negándose a desaparecer, anidados entre las abandonadas paredes y los escombros del sufrimiento y el rencor. Juan se ve envuelto por un coro de almas en pena que sobreviven en una segunda realidad, prendida en la tierra como un olor imposible de diluir, una hedor de muerte agarrado a la hierba y al adobe.
La realidad es tan cruel, que las personas no se ven libres de ella ni después de muertas, quedándose adherida en sus huesos alimentada por un sufrimiento eterno. La novela recrea de forma magistral la espantosa idea del Purgatorio, creada por la Iglesia Católica y que ya visitó el Dante, una idea sado-masoquista que ha alimentado el sufrimiento de los seres humanos durante siglos creando una segunda realidad aún más claustrofóbica que la primera, pues no tiene ni siquiera la consolación del descanso de la muerte. Por si el sufrimiento no fuera poco en este mundo, el ser humano se inventa un doble donde el dolor continúa sin fecha de caducidad. La novela recrea magistralmente esa creencia, y por algo nace en el seno de la sociedad mexicana, una de las sociedades más acostumbradas a vivir en esa segunda realidad tanto como en la primera. El culto al mundo de los muertos en México viene de más antiguo y está enraizado en sus culturas precolombinas. No es de extrañar que la creencia en ese mundo sea más fuerte en una sociedad tan visitada por la violencia, especialmente la violencia contra las mujeres, las grandes víctimas de Pedro Páramo.
Juan Preciado llega buscando una ilusión y se encuentra con algo peor que la realidad: un espejo deformado de la misma donde el sufrimiento continúa vivo durante toda la eternidad. ¿Acaso no podría volver a escribirse Pedro Páramo basándose en las noticias diarias que nos ofrece la actualidad de México y de nuestro propio país? Desgraciadamente, decenas de nuevas ánimas se unen cada día al Purgatorio. Pedro Páramo continúa más vivo que nunca.
La voces de las silenciadas. Feminicidios en México: una lacra que pervive (EL PAÍS)
Entrevista a Juan Rulfo donde lee el fragmento 25 de Pedro Páramo
Entrevista a Juan Rulfo en A Fondo (Soler Serrano, 1977)
lunes, 20 de enero de 2020
Travels in the Scriptorium
Auster, Paul. 2007. Travels in the Scriptorium. Faber and Faber Limited
Estamos ante pura metaficción. De la misma forma que ya lo fue Unamuno en Niebla, el escritor Mr. Blank es visitado por sus creaciones. Pero, a diferencia de aquella, en la que Unamuno era claramente el dueño de la situación y el que disponía de la vida de su personaje, en este caso el escritor es el prisionero de ellos: lo tienen encerrado en una habitación de la cual no puede salir, aunque no sabe muy por qué, pues nunca llega a comprobar si está cerrada con llave.
"His mind is elsewhere, adrift in the past as he wanders among the phantom beings that clutter his head, struggling to answer the question that haunts him" (p.2).
El escritor no está en sus cabales. No sabemos si es víctima de Alzheimer, si sufre los estragos de una demencia senil acuciante, si está bajo los efectos de una medicación que le impide pensar con normalidad, si es el aislamiento al que está sometido la causa de su falta de lucidez, o si todo se debe a los extravíos de una mente apartada de la realidad por su incursión constante en el mundo de la fantasía, que ha conseguido enloquecerle. O quizás todo a la vez. La novela se desarrolla en el interior de la mente de un escritor mayor que no es otro que el mismo Paul Auster mientras es visitado por los fantasmas de su creación.
"The fact is, Mr Blank, without you I wouldn't be anyone" (p.22), le dice Anne, uno de sus personajes. "It's important to me, Mr Blank. My whole life depends on it. Without that dream, I'm nothing, literally nothing" (p.53), le dice James P. Flood, otro de ellos. Son conscientes de que le deben la vida, pero a la vez le recriminan sus penalidades como a un dios omnipotente que permitiera sus sufrimientos. ""I blame you for what's happened to me. I most sincerely blame you, and I despise you for it" (p.53). Hay uno que incluso quiere acabar con él. El escritor comprende que sus personajes no son más que sus víctimas, que buscan venganza.
"The damned specters, Mr Blank says. They're back again. Specters? My victims. All the people I've made suffer over the years. They're coming after me now to take their revenge" (p. 81). "...The poor people who suffered so much because of him, and that is why he is confined to this room now, no longer permitted to travel anywhere, stuck inside these four walls because he is being punished for the grave harm he has inflicted on others" (p. 90).
Los personajes de ficción han cobrado vida propia, como en la obra de Pirandello, y se han rebelado contra su autor y son ellos los que ahora controlan la situación. Lo tienen secuestrado, atrapado en el mundo que el mismo creó. Él es ahora víctima de su propias creaciones, de las cuales no puede escapar, pues se han hecho tan reales que ahora son los que controlan la situación y le tienen condenado a no poder salir de ese mundo de ficción para volver a la realidad. Estos personajes, que aparecen y desaparecen como espectros, le obligan a seguir viviendo en el mundo de la ficción. Le ponen como tarea leer historias y terminarlas, hasta que se da cuenta de que una de ellas es ésta misma, la que estamos leyendo, de la cual él es el protagonista. El autor se convierte así en un personaje más; él mismo se hace ficción, apartándose por completo de la realidad, siendo éste su castigo.
¿Pueden los productos de la imaginación llegar a fagocitarnos hasta tal punto que nos hagan sus prisioneros y lleguemos a perder la noción de realidad? ¿Puede la literatura llegar a convertirse en locura?
"La imaginación, tanto como impulso autoinducido por uno mismo como sumergiéndote en una obra de ficción (y eso es lo que prefiero de la literatura, que me permite imaginar con más facilidad) te lleva a otros mundos. La cuestión surge cuando, muchas veces, esos mundos te parecen más reales que la propia realidad. Vivimos en una realidad física, pero el cerebro puede inventar las cosas, los pensamientos mismos son parte de esa realidad. Hay un elemento fantástico en cualquier vida cotidiana, pero tiene que ver exclusivamente con nuestra propia cabeza. Sucede que uno no sabe realmente en cuál de esas dimensiones está viviendo, dónde está la frontera." (1)
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(1) Entrevista a Paul Auster en El Cultural (ver enlace abajo)
Review (New York Times)
Review (THE GUARDIAN)
Reseña (EL CULTURAL)
Reseña (The Barcelona Review)
Reseña (La Piedra de Sísifo)
Entrevista (EL CULTURAL)
viernes, 17 de enero de 2020
El Ángel Exterminador
Buñuel, Luis. 1962. El Ángel Exterminador.
La película de Buñuel ha sido normalmente entendida como una crítica a la sociedad burguesa y a una clase social esclava de sus prejuicios, tradiciones e hipocresía, un mundo claustrofóbico del que no se puede salir aunque se quiera. Sin duda, esa es la primera lectura de la singular obra de Buñuel, creada un año más tarde que El Año Pasado en Marienbad y de la que probablemente hereda parte de su estética y argumento, por tratarse de una situación surrealista que crea un bucle en el tiempo y el espacio del que es imposible salir.
En esta ocasión, el análisis nos lleva más allá de la crítica a una clase social determinada para ver la película como una metáfora sobre la imposibilidad de huir de la realidad en general. De la misma manera que se habla del techo de cristal como la barrera invisible que impide a las mujeres escapar de la realidad que las atrapa, esa misma pared invisible puede aplicarse a los dos sexos y a todas las clases sociales, tribus, nacionalidades o culturas. Nacemos dentro de unos parámetros que crean muros invisibles a nuestro alrededor, de forma que vivimos dentro de unas burbujas que nos dan sensación de transparencia por nos ser opacas, pero que limitan nuestra libertad de movimiento y pensamiento. La realidad en la que vivimos es como el agua para el pez: éste cree que el agua es la única realidad posible y la mayor parte del tiempo se cree libre hasta que un día descubre que está imposibilitado para salir de ese medio.
El Ángel Exterminador no es otro, en este caso, que el emisario de la Realidad, que anuncia lo inevitable del destino (la calle donde ocurre todo se llama Providencia y ese iba a ser el título original de la película) y la imposibilidad de escapar a lo que ya es, a lo que ya está sucediendo. Cuando las personas creen que pueden escapar de su condena para vivir el presente tal y como es y no de otra manera, como ocurre al final de la película, van a otro lugar, una iglesia por ejemplo, donde le prometen una vida diferente pero donde vuelve a ocurrir exactamente lo mismo. Han sido víctimas de una ilusión pasajera que les ha dado la idea de que puede escapar de lo que está escrito. Fuera, en las calles, una manifestación de personas protestan queriendo romper las cadenas que las oprimen y son reprimidas por la policía. Quizás consigan escapar de sus destinos durante un tiempo, pero volverán a entrar en el bucle de la realidad, que vuelve sin remedio, sin escapatoria, ante la cual no queda más remedio que rendirse. La rebeldía ante la misma solo conduce a la violencia y el deterioro de la convivencia, como muestran otras novelas y películas en las que un grupo de personas se encuentran atrapadas en una realidad de la que no pueden escapar, como La Peste (Camus), Ensayo sobre la Ceguera (Saramago), El Señor de las Moscas (Golding) o Náufragos (Hitchcock).
martes, 14 de enero de 2020
La Ciudad de la Alegría
Lapierre, Dominique. 2009. La Ciudad de la Alegría. Seix Barral. (Traducción de Carlos Pujol)
(Título original: La Cité de la Joie, publicado por Pressinter en 1985)
Siempre me llamó la atención el título de este libro, por el contraste entre la palabra alegría y la desolación que describía en uno de los lugares más miserables de la Tierra. Su lectura no defrauda: es una experiencia única, pues narra sin tapujos ni paños calientes las terribles condiciones de vida de un barrio (slum) de Calcuta donde los hombre-caballo son explotados; la gente vende su sangre, sus hijos y hasta sus huesos para sobrevivir; se hacinan los leprosos; los niños juegan chapoteando sobre aguas residuales y el sádico monzón se encarga de terminar por destrozar lo poco que se consigue cada día.
Al leer el libro, he recordado la hostilidad de la vida descrita en la película Capharnaum. Las descripciones podrían ser las mismas que las de la vida en los guettos, en los campos de concentración o en los campos de refugiados. ¿Cómo es posible sobrevivir con alegría a una realidad tan dura? Hasari, el protagonista, es la encarnación viva de Sísifo, tirando de su rickshaw cada día para volver a hacerlo exactamente igual al día siguiente, como una piedra que se sube a lo alto de la montaña para volver a caer, una y otra vez. Dice Camus: solo queda una opción: hacer lo que hay que hacer y vivirlo con alegría. ¿Pero cómo pueden vivirse unas circunstancias tan crueles con alegría? En la película Capharnaum, que también narra la vida en un lugar de características similares, no hay alegría, sólo crudeza y desesperanza. ¿Por qué este libro, en cambio, se empeña en la alegría? ¿Cuál es la puerta por la que se cuela esa alegría en medio de tanta miseria?
La respuesta está omnipresente a lo largo de toda la novela: la religión. Dice el padre Lambert tras presenciar el sufrimiento de una leprosa: "El sufrimiento de esta mujer es el mismo que el de Cristo en la cruz; es positivo, redentor. Es la esperanza. Salgo siempre vivificado de la choza de mi hermana, la leprosa ciega. Sí, ¿cómo es posible desesperar en este slum de Anand Nagar? Este lugar merece verdaderamente su nombre de Ciudad de la Alegría" (p.111).
En otra ocasión, tras curar a otro leproso, el padre Lambert vuelve a elevar sus oraciones, escribiéndolas en su diario: "Sí, eres hermoso, Jesús de la Ciudad de la Alegría. Hermoso como el hombre sin piernas y leproso que me has enviado hoy, con sus mutilaciones, sus llagas y su sonrisa. En él te he visto a ti, que encarnas todo el dolor... con la certeza en el fondo del corazón de que Tú nos amas. Y esa otra certeza de que la alegría que me invade nunca me la podrá arrebatar nada ni nadie. Porque Tú estás verdaderamente aquí, presente, en el fondo de este barrio de miseria" (p.155)
La religión llena de alegría al padre Lambert, que convierte el sufrimiento en motivo de gozo. En una ocasión, llega a la conclusión de que los enfermos no necesitan morfina para aliviar el dolor, sino amor. "¿Cómo creer lo que estaba viendo? ¿Cómo podía emanar tanta paz de aquel cuerpecito martirizado? ... Sabia no necesitaba morfina. Sus facciones destilaban una paz que me desarmó. Estaba magullado, mutilado, crucificado, pero no estaba vencido. Acababa de ofrecerme la mayor de las riquezas: una razón secreta para no desesperar, una luz cegadora en las tinieblas" (p.108). Es la misma idea que sustenta la obra de Teresa de Calcuta, que por supuesto también está muy presente en la novela (1). Así se describe el "Asilo para agonizantes abandonados" : "Lo que impresionó inmediatamente a Lambert era la serenidad del lugar. El horror estaba ausente de allí. Aquellos infelices ya no estaban torturados por la angustia, la soledad, la degradación, el abandono. Habían encontrado la paz" (p. 240). Realmente se describe como una especie de milagro que ha hecho desparecer el sufrimiento.
Todo está impregnado de un espíritu religioso, no solo cristiano, por supuesto. Los musulmanes del barrio celebran el nacimiento de su profeta Mahoma en su mayor fiesta del año. "Paul Lambert contemplaba aquella procesión maravillado. ¿Cómo era posible que tanta belleza pudiera brotar de aquel fango? ... "Gracias, Señor, por dar a los flagelados de este slum tanta fuerza para creer en ti y para amarte", se decía Lambert, escuchando aquel concierto de voces que aclamaban el nombre de Alá" (pp.138-139).
Cuando muere Ram Chandler, el amigo de Hasari, víctima de vivir en la calle durante el terrible invierno bengalí, se organizan los ritos funerarios, que son otro motivo de fiesta. "Era como ir a la fiesta de Durga, sólo que no llevábamos al río sagrado una estatua de la divinidad, sino el cadáver de nuestro amigo. Necesitábamos más de una hora para cruzar la ciudad de este a oeste, y durante este tiempo nos dedicamos a cantar himnos. Los versículos procedían de la Gita, el libro sagrado de nuestra religión. Todos los hindúes los aprenden de labios de sus padres cuando son niños. Cantan la gloria de la Eternidad" (p.171).
En el capítulo 30 se narra la fiesta de Diwali, "la fiesta hindú de las luces, que se celebraba en el curso de la noche más negra del año... en este país donde todo es mito y símbolo, significa la victoria de la luz sobre las tinieblas. Las iluminaciones conmemoran una de las mayores epopeyas del Ramayana, el retorno de la diosa Sita... en Bengala se cree también que las almas de los difuntos comienzan su viaje en esta época del año, y se encienden las lámparas para indicarles el camino... para los habitantes de la Ciudad de la Alegría es sobre todo la esperanza al final de la noche" (p. 179)
En el capítulo 33 le toca el turno a la fiesta de la Durga, "la diosa victoriosa de los demonios del mal y de la ignorancia, la esposa del dios Shiva, la hija de los Himalayas, la reina de las múltiples encarnaciones...Una vez al año, al término del monzón, los ocho millones de hindúes que hay en Calcuta conmemoran esta victoria con una fiesta de cuatro días cuyo esplendor y fervor probablemente no tiene igual en el resto del mundo. Cuatro días de regocijo durante los cuales la ciudad se convierte en una ciudad de luces, de alegría y de esperanza" (pp. 205-208).
Lambert en un principio, se escandaliza del derroche ante tanta miseria, pero según el narrador, "se equivocaba. Su reacción de occidental racional le hacía omitir lo esencial. Olvidaba en qué ósmosis vivía aquel pueblo con sus divinidades, y qué papel representaban estas en su vida de todos los días" (p.209). "La fiesta que, por espacio de un día o de una semana, los arrancaba de la realidad; la fiesta por la cual las gentes se endeudaban o se privaban de comer a fin de comprar a su familia vestidos nuevos destinados a honrar a los dioses; la fiesta como vehículo de la religión, mejor que cualquier catecismo, y que encendía los corazones y los sentidos por la magia de sus cantos y el ritual de las largas y suntuosas ceremonias litúrgicas. ¿Qué importaba que unos vividores se quedasen con su diezmo a costa del sudor y del hambre de los pobres?" (p. 211) "Hindúes, sijs, musulmanes, budistas, cristianos, estaban fraternalmente unidos en un mismo sueño... Paul Lambert recordó unas palabras del profeta Isaías: "Las oraciones de los pobres y de los huérfanos nunca ascienden hasta mí sin recibir respuesta" (p. 213) .
En el capítulo 42 asistimos a las fiestas del Viswakarma, el dios del pan, otro dios del panteón hindú, otra festividad religiosa en la que se vuelcan los desheredados. "Sin ofender a Viswakarma, el dios que da el pan, ellos eran los verdaderos condenados de la tierra, los forzados del hambre. Y, sin embargo, con qué ardor y qué fe honraban todos los años a aquel dios, y pedían su bendición para las máquinas y las herramientas a las que estaban encadenados" (p. 267). Lambert se pregunta a veces por qué no se emplea tanta energía y devoción en cambiar las condiciones de vida. Pero Hasari y los demás emplean toda su fe en decorar sus rickshaws como si fueran altares. "¡Qué grandioso es nuestro dios, qué poderío demuestra!" (p. 271). "Con un dios como aquél por protector, ¿cómo no iban a ser los pobre carritos como carros celestiales? ¿Y caballos con alas los infelices que tiraban de ellos? Hasari y su familia se postraron ante la divinidad" (p.271)
Hasari, como todos los demás, no le teme a la muerte. "La muerte no me da miedo. Lo he pasado tan mal desde que salí de mi aldea, que estoy casi seguro... --vaciló otra vez--, casi seguro de que mi karma hoy es menos pesado, y que me hará renacer en una encarnación mejor". "Lambert había oído a menudo esas palabras de esperanza en las confidencias de los moribundos a los que había asistido en el slum. Aquella noción ejercía sobre ellos un efecto apaciguador" (p.406)
Las representaciones religiosas también cumplen su función catártica. La epopeya del Ramayana es representada por compañías ambulantes que sobre unos tablados hacen soñar con el poder de la ilusión que genera el teatro. "La grisura, el barro, el hedor, las moscas, los mosquitos, las cucarachas, las ratas, el hmabre, la angustia, las enfermedades, la muerte parecían haber desparecido. Había vuelto el tiempo de soñar. Con los ojos desorbitados, con los descarnados cuerpos sacudidos por la risa o por el llanto, los emparedados vivos de la Ciudad de la Alegría recobraron las mil fantasías y los dramas del viejo cuento popular que había forjado su manera de ser... Durante horas, sentados sobre los talones, con los ojos entronados, estos desheredados de la fortuna cambiaban su dura realidad por unos gramos de ensueño" (pp. 416-19)
Los cristianos tambien tiene su fiesta en Calcuta. Aunque estuviesen en minoría, "el nacimiento de Jesús era allí celebrado con tanta devoción y fasto como el de Krishna, de Mahoma, de Buda, del gurú Nanak de los sijs o de Mahavira, el santo de los jainitas. Navidad era una de las quince o veinte fiestas religiosas de esa ciudad loca de Dios que era una macedonia de creencias" (p. 462).
Así es, en la Ciudad de la Alegría todo se ve dispuesto y ordenado por Dios. Hasari entrega su hija para casarse, y esta lo acepta, educada en la sumisión. "Amrita había sido adiestrada desde su más tierna edad a renunciar a sus aficiones y a sus juegos para servir a sus padres y a sus hermanos, lo cual había hecho siempre con una sonrisa... Hasari dirá un día a Lambert: "Mi hija no me pertenece. Sólo me ha sido prestada por Dios hasta su boda. Pertenece al hombre que será su marido" (p. 408).
El narrador, al igual que Lambert, va entrando y aceptando el mundo de las costumbres religiosas del slum, hasta el punto que llega a justificarlo todo. "La costumbre india exige que una muchacha se case en general mucho antes de la pubertad, y de ahí esas bodas de niños que parecen tan bárbaras a los occidentales insuficientemente informados. Porque solo se trata de un rito. La verdadera boda se celebra más tarde, sólo después de las primeras reglas" (p.408). Lambert no sólo es consiente esta costumbre, sino que llega a hacer de alcahuete de un leproso para que pueda comprar a su esposa y participa como padrino de boda. "El francés vivía una fantástica lección de esperanza, maravillado de que tanta vida y tanta alegría pudieran surgir de una abyección semejante" (p. 280).
La religión, pues, cumple con su poder anestésico, balsámico, catártico. Proporciona consuelo en la miseria, esperanza en la desolación, alegría en la degradación, dignidad en la abyección. Es la tabla de salvación de los náufragos, el salvavidas de los despojados y los desheredados. Este poder de la religión como instrumento de cohesión y calma individual y social en medio del caos y la injusticia es al que Lambert, el narrador del libro y el propio Lapierre van agarrándose a lo largo de la narración parar sobrevivir a tanta desgracia.
Pero la religión tiene su cruz, y esas dudas también aparecen de vez en cuando a lo largo del libro. Es motivo de parálisis social, de inactividad ante la injusticia, de inacción y distracción ante la tragedia. En el libro queda bien claro su función de opio de los desfavorecidos, de ilusión de los desamparados. Es un instrumento de perpetuación de tradiciones inhumanas y de mantenimiento de las castas, de la sumisión de la mujer y conformismo con el sistema. Sacia el hambre de irrealidad y esperanza del ser humano, y por ello es necesaria en lugares como el que slum, pues la realidad no deja otra salida. ¿O sí la hay, pero la religión pone un velo e impide verla? Es una pena que el libro no apunte más en la dirección señalada por el obispo brasileño Helder Camera, que también aparece en el libro: "Nuestros actos de ayuda hacen a los hombres aún más necesitados excepto si van acompañados de actos destinados a extirpar la raíz de la pobreza" (p.58)
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(1) En el documental de la BBC sobre la madre Teresa (Hell's Angel) podemos ver el cartel que preside la sala donde están los moribundos: " I am on my way to Heaven". En esta documental se insiste que por encima de la rigurosidad en las condiciones sanitarias o el uso de paliativos está el amor de Dios y la aceptación del sufrimiento como puerta hacia el cielo.
Qué fue de la Ciudad de la Alegría (EL PERIÓDICO)
Un homenaje a la Ciudad de la Alegría (EL PAÍS)
La Ciudad de la Alegría de Calcuta no pierde la sonrisa (LA VANGUARDIA)
Enlace a la película de Roland Joffé
Enlace al documental Calcuta de Louis Malle
domingo, 29 de diciembre de 2019
Fresas Salvajes
Bergman, Ingmar. 1957. Fresas Salvajes. (Snultronstället)
Esta obra maestra de Ingmar Bergman retrata como ninguna otra la viveza y realismo de los sueños y las ensoñaciones, sin duda la fuente principal de nuestras fantasías, nuestros fantasmas, nuestros deseos, nuestros anhelos y nuestros miedos. Los sueños se encuentran en la imprecisa frontera que separa la cordura de la locura, pues en ellos desaparecen todos los mecanismos de defensa y barreras que levantamos para protegernos de la realidad (1). Son fuente de inspiración y creatividad, y a la vez, fuente de horror y estremecimiento. Los vivimos como si fueran realidad, son pura realidad virtual. Creados por nuestra mente para cumplir funciones aún no aclaradas del todo por la ciencia, son necesarios para nuestra supervivencia.
Fresas Salvajes comienza con un sueño y termina con una ensoñación, y contiene otra ensoñación y otro sueño en la mitad de la película. El primero es una pesadilla de tipo surrealista en la que el protagonista, Isak Borg, anciano doctor de 78 años, se encuentra con su doble muerto (su doppelgänger, el doble fantasmagórico en la mitología germánica), lo cual constituye un augurio de muerte. Sin duda, el primer lugar de aparición de los fantasmas son los sueños, y quizás se encuentren ahí los orígenes de todas las creencias ancestrales en la vida de ultratumba y la pervivencia del alma y el espíritu después de la muerte.
La siguiente es una ensoñación que se produce durante una visita del protagonista a la casa de su juventud: "No sé cómo sucedió, pero el hecho es que la palpable realidad del día se eclipsó tras las vivísimas imágenes de mi memoria que aparecieron ante mis ojos con toda la fuerza de lo que existe realmente". No se trata de un flashback, pues las escenas que contempla el viejo Isak no pudieron ser vividas por él. Las crea su imaginación. Allí, observa a su joven prometida Sara, siendo cortejada por su hermano, y posteriormente entra en una fiesta de cumpleaños en el interior de la casa. La forma en la que se nos muestra el sueño es inolvidable: Isak se cuela por la casa como si fuera un fantasma, ocultándose tras las paredes y las puertas para no ser visto por los que la habitan, que permanecen allí como en un presente eterno, siendo él el único que ha envejecido y los contempla con nostalgia. En los sueños el pasado es tan presente como el presente real, la cronología desaparece y se nos permite viajar en el tiempo. Por eso permiten elaborar fantasías imposibles en las que se retorna al pasado y éste se revive con la misma fuerza que si fuera presente.
En el tercer sueño, Isak se encuentra de nuevo con la que fue su prometida, hablando esta vez con ella, y escuchando de sus labios con crudeza que no va a casarse con él, sino con su hermano. Ella le muestra sin compasión en un espejo su vejez y su soledad. Ahí no termina el vía crucis. El doctor se enfrenta a continuación a un examen de reválida de su profesión en la que termina siendo declarado incompetente, y además se le muestra el adulterio de la que fue su mujer (él ya es viudo) y las opiniones que ésta tenía sobre él, tachándolo de pusilánime, frío e insensible. De nuevo, él ve la escena oculto tras un árbol, como un fantasma que se protege de ser visto. En este sueño aparecen sus frustraciones, sus más íntimos temores con respecto a su vida profesional y marital, libres de restricciones y censuras. Los sueños son la caja de Pandora con la que a veces la realidad nos sacude y nos muestra todo lo que habitualmente nos negamos a ver en ella, mirando para otro lado: nuestros defectos, frustraciones, engaños, mentiras y máscaras.
Finalmente, la película termina con Isak en la cama en el momento justo antes de quedarse dormido, cuando tiene una ensoñación. En ella, es llevado por Sara hacia sus padres jóvenes, en un lugar de extrema placidez y felicidad, una escena bucólica y apacible de su infancia, posiblemente no real sino idealizada, que es la única que le trae verdadera paz y sensación de felicidad. La escena es claramente irreal, también creada por su imaginación, como todas las demás. En este caso, en lugar de monstruos, la mente divaga permitiendo la recreación en los anhelos y los deseos. El paraíso de la niñez, el espejismo de la infancia es el último cobijo donde el ser humano encuentra refugio, y es también revivido y recreado en los sueños, lugar donde la realidad puede ser vencida.
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(1) Ver capítulo dedicado a ellos en el libro ¿Enferman las Mariposas del Alma?
Enlace a la película
Reseña en la página oficial de Ingmar Bergman
Introducción a la película (FILMAFFINITY)
Reseña (CINE DIVERGENTE)
Reseña (CINE Y PSICOLOGÍA)
Review (THE GUARDIAN)
Enlace al debate en QUÉ GRANDE ES EL CINE
viernes, 27 de diciembre de 2019
El Mundo Feliz
Martín, Luisgé. 2018. El Mundo Feliz. Una Apología de la Vida Falsa. Anagrama.
Para el autor, la realidad es "un sumidero de mierda". La única forma de sobrevivir a ella es a través del engaño, lo que él llama la "suspensión voluntaria de la incredulidad". Es lo que hacemos cuando leemos una novela o vemos una película, el único mecanismo que nos evita enloquecer, pues la realidad es insoportable, y necesitamos dotarla de sentido y trascendencia: por ello inventamos la religión, la justicia, la belleza, la mística, la literatura, la posteridad, los sueños. El ser humano necesita soñar para escapar del sinsentido: "El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona", citando a Hölderlin.
Partiendo de estas premisas y parafraseando a Camus en El Mito de Sísifo, la tesis del libro es la siguiente: el único problema políticamente serio es el suicidio colectivo como especie. No tenemos remedio, la naturaleza humana es imperfecta por definición, estamos condenados a la infelicidad. Hemos de emplear la ciencia y la tecnología para escapar de esta realidad impuesta, transformándola radicalmente. No debemos dejarnos atrapar por las ideas preconcebidas de libertad, igualdad, fraternidad, heroicidad, autenticidad, entrega; tenemos que liberarnos de una moral que nos encadena, y dar el salto a una realidad diferente que ya nos ofrece la tecnología. Martín nos propone abrazarnos sin complejos al transhumanismo y la realidad virtual. Para él, el Mundo Feliz de Huxley, Matrix, el San Junípero de Black Mirror (1) no son distopías de las que debamos huir y escandalizarnos, sino que son precisamente la única salida posible.
Dejemos de querer estar atados románticamente a nuestra memoria; aceptemos la implantación de falsos recuerdos; dejémonos ayudar por la farmacología y la ingeniería genética. Demos la bienvenida al soma y a la singularidad, si podemos acabar así con el sufrimiento. Es mejor una servidumbre feliz que una libertad dolorosa. Modifiquemos los componentes defectuosos de nuestra imperfecta condición humana, dejemos de creer ingenuamente en la posibilidad de redención pues nuestra naturaleza no tiene remedio tal y como es. Somos infinitamente estúpidos, nuestra imbecilidad es absolutamente irremediable, nuestro egoísmo incorregible, nuestras contradicciones irresolubles. La religión, la literatura, el arte, son solo bálsamos pasajeros. "No nos salvan la inteligencia ni la educación. No nos salva tampoco la bondad, ni la honestidad, ni la lucidez ética. Tal ve lo único que puede salvarnos es la mentira, el engaño. Matrix. El mundo feliz de Huxley" (p.95).
Martín plantea lo opuesto de Vergely en La Destruction du Réel o Gabriel en Yo no soy Mi Cerebro o El Sentido del Pensamiento, que se manifiestan completamente contrarios al transhumanismo y la realidad virtual. Para Martín, en cambio, esa el la única salida. Todo lo demás es "ilusión: invención, ensueño, espejismo. Para poder volar sin que el sol derrita nuestras alas de cera es necesaria la mentira, la hechicería, la prestidigitación. Por eso las libertades falsas --si son perdurables en le tiempo-- son la únicas libertades posibles" (p. 114). Siempre hemos estado creando mundo ilusorios, dejémonos llevar por esta última ilusión que nos liberará de nuestra naturaleza , pongámonos en manos del Big Data y los algoritmos. Sísifo nunca podrá ser feliz. Vivamos en Matrix, la última ilusión.
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Reseña (TODO LITERATURA)
Rehusando el mundo feliz que propone Luisgé Martín (Mundiario)
Las obras detrás del último ensayo de Luisgé Martín (Librotea)
(1) Capítulo de la serie Black Mirror (cuarto episodio de la tercera temporada)
miércoles, 18 de diciembre de 2019
Verdades, Mentiras e Incertidumbres
Varios autores. 2019. Verdades, mentiras e incertidumbres. Comprender el mundo en tiempos de confusión. Investigación y Ciencia.
Este número de Investigación y Ciencia se presenta con el objetivo de aclarar nuestros mecanismos de aproximación a la realidad y la facilidad con la que la puede ser falseada, asunto especialmente importante hoy en día en que tan fácil es ser víctima de la desinformación y las mentiras convertidas en verdades.
George Musser se pregunta si la física puede realmente facilitarnos la comprensión del mundo. Como cualquier otra disciplina, también se encuentra con barreras para describir objetivamente los hechos. Le mecánica cuántica y la teoría de cuerdas proponen realidades alternativas que coexisten y universos paralelos. "Las leyes de la física corren el peligro de derivar en una anarquía: ya no nos dicen que una cosa sucede en lugar de otra, sino que ambas tienen lugar y lo que observamos es el resultado de un azar ciego. La diferencia entre hecho y ficción depende por tanto de donde estemos" (p.21). "Cuanto más penetran los físicos en la estructura de la realidad, más parece evaporarse ésta"(p.22). La física va llegando a un terreno de arenas movedizas, donde parece que no hay sustancia sino puro acontecimiento, no hay nombres, sino verbos. Musser termina consolándose de la siguiente forma: "Aunque la mecánica cuántica sea desconcertante, podemos usarla para construir una imagen sólida del mundo. Y aun cuando pueda preocuparnos no experimentar la realidad fundamental, sin duda experimentamos nuestra realidad, y en ella hay mucho que estudiar... Tampoco debemos olvidar que nuestras teorías no hacen sino atrapar vientos. Nos recordaría que debemos ser humildes... Nadie dijo nunca que encontrar la verdad fuera una tarea sencilla" (p.23).
Housto-Edwards se pregunta si las matemáticas son reales, si se descubren o se inventan. Para ello pone en cuestión la postura filosófica del realismo matemático, según la cual las entidades matemáticas son reales y existen con independencia de la mente humana, en una especie de mundo platónico. Inmediatamente surge la pregunta: ¿Cómo es posible interaccionar con objetos abstractos? Ante esta duda sin respuesta, aparece el formalismo, que apunta a lo contrario: las matemáticas no son más que un juego desarrollado en un mundo ficticio e inventado por los matemáticos, sin significado real fuera de él. Pero, si son una ilusión, ¿cómo es posible que la ciencia se base de una forma tan necesaria en ellas? Paradojas sin solución, salvo esta: "El tipo matemático en activo es platónico los días laborables y formalista los domingos" (p.28).
Anil K. Seth comienza su artículo "La construcción cerebral de la realidad" con una interesante cita de Anäis Nin en La Seducción del Minotauro: "No vemos las cosas como son, las vemos tal y como somos" (p.28). El autor insiste en todos los engaños a los que nos lleva la percepción, que "nunca ha sido una ventana directa a la realidad objetiva. Todas nuestras percepciones son construcciones activas, conjeturas elaboradas por el cerebro acerca de la naturaleza del mundo, que siempre aparece desdibujada tras un velo sensorial" (p.30). Se pasa revista a todas las teorías que apuntan en esta dirección, desde la caverna de Platón a Kant, pasando por el sabio árabe Alhacén, y deteniéndose especialmente en el fisiólogo alemán Hermann von Helmholtz, que propuso ya en el siglo XIX que "la percepción es una proceso de inferencia inconsciente" (p.30). El autor incide en esta línea a lo largo del artículo: "La percepción se erige como un proceso de construcción activa, una alucinación controlada" (p.31). "Tal vez lo que definimos como real sea el consenso de nuestras alucinaciones" (p.35). Elegimos los datos que mejor se adaptan a nuestro modelos de realidad, datos siempre sesgados, y eso llamamos realidad. Nos ocurre constantemente, con los periódicos que leemos y las redes sociales que visitamos. Entender esto puede que nos haga más comprensivos con "la diversidad de realidades que experimentan los miles de millones de cerebros que pueblan el planeta" (p.35).
En la sección dedicada a las mentiras, Barbara J. King da interesantes ejemplos del fraude en el mundo animal, abundantísimo: no somos la única especie mentirosa. O'Connor y Weatherall analizan las razones psicológicas tras la propagación de información falsa, basadas en el conformismo y la tendencia a actuar dentro de la comunidad con la que nos identificamos. Ariel y y García-Rada estudian la forma en la que la corrupción se expande por contagio en las sociedades humanas. Helena Matute, autora de Nuestra Mente nos Engaña, profundiza en el apasionante campo de los sesgos cognitivos;: el sesgo de familiaridad, la ilusión de causalidad, la ilusión de control. "Nuestra mente nos engaña porque es fruto de muchos años de evolución y adaptación en un ambiente muy distinto al que plantea la vida moderna. Una respuesta que en el mundo de las cavernas resultaba ventajosa puede que en el mundo actual sea poco adecuada, por lo que nos induce a cometer fallos" (p. 57).
Finalmente, en la sección dedicada a las incertidumbres, Baruch Fischhoff incide en cómo nuestro conocimiento parcial de la realidad nos lleva a querer agarrarnos a creencias. Necesitamos soluciones reales en un mundo incierto, por lo que nos apoyamos en esquemas mentales más que en datos objetivos. Michael A. Hogg escribe sobre la incertidumbre de nuestra época, producida por fenómenos como "la globalización, la inmigración, la revolución tecnológica, el ilimitado acceso a la información, la volatilidad sociopolítica, la automatización del trabajo y el cambio climático" (p.75). Este vida líquida, siguiendo la terminología de Zigmunt Bauman, nos lleva a situaciones alienantes y "las personas se ven impelidas a mitigar su sensación de incertidumbre" (p.76), y en esta necesidad se basa el populismo, en la necesidad de identidad y seguridad. Finalmente, Claire Warden analiza el caos en las redes sociales, y cómo "nuestra inclinación a compartir contenido de forma irreflexiva se explota para compartir desinformación" (p.78). Sobre todo se detiene en aquel tipo de desinformación que encierra una dosis de verdad, pues es la más eficaz. Los "memes" (palabra acuñada por Richard Dawkins en El Gen Egoísta), de rápida distribución en las redes, contribuyen a afianzar las mentiras a fuerza de hacerlas familiares. "No hay soluciones permanentes para los relatos nocivos: debemos adaptarnos a la nueva situación" (p.83).
Quisiera terminar con una reflexión de Stuart Firestein sobre el papel de la ciencia en la comprensión de la realidad: "La ciencia no busca la verdad, como muchos creen. Su verdadero propósito consiste en formular mejores preguntas... En ciencia siempre hay cabos sueltos y callejones sin salida. Cuando podríamos creer algo, siempre surge algo nuevo e inesperado. Pero la incertidumbre resulta valiosa. No debería crear ansiedad. Supone una oportunidad" (p. 76).
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