martes, 8 de diciembre de 2020

La Guerra del Fin del Mundo


 Vargas Llosa, Mario. 1981. La Guerra del Fin del Mundo. Círculo de Lectores. 

A punto de cumplirse los treinta años de la aparición de esta novela, la releo tras la aparición de un artículo en EL PAIS donde Vargas Llosa comenta el proceso de escritura (artículo perteneciente al libro La Realidad de un Escritor, recientemente publicado por Triacastela). Con el paso de los años, me sobrecoge aún más la hercúlea labor de escritura realizada para completar esta novela. Creo que es el ejemplo perfecto de cómo unir realidad y ficción, la mezcla exacta de relato histórico, periodismo y literatura de ficción. Basada en hechos reales, tiene una impresionante labor de documentación detrás que cubre pormenorizadamente un acontecimiento histórico alucinante de la historia de Brasil. El narrador parte de la realidad para crear un mundo de personajes inolvidables que nos hacen vivir los acontecimientos mejor que cualquier manual de historia. 

La temática es también recurrente en la narrativa del autor: la forma en la que el ser humano escapa de la realidad cuando le resulta insoportable y crea paraísos imposibles. La mente de los iluminados distorsiona la realidad, y les hace creer en utopías inverosímiles  y luchar por ellas hasta la muerte. Este tema es tratado por Vargas Llosa en ensayos como La llamada de la Tribu y es analizado con minuciosidad por autores como John Gray (Straw Dogs, Black Mass), críticos con el poder devastador de las utopías, o Ernest Bloch (El Principio Esperanza), defensores de las mismas como propulsoras de cambio hacia un mundo mejor. 

El ser humano prefiere en muchos casos la explicación más inverosímil, siempre que sea más reconfortante. La doctrina del Consejero, epítome del milenarismo y de todos los iluminados del mundo, llega con más fuerza que ninguna otra a una población desesperada y hundida en la miseria. La realidad es para ellos tan intragable y feroz que una explicación ordinaria de la misma no puede ser convincente. "Esa explicación era demasiado ordinaria para los vecinos, a quienes lo sobrenatural era más creíble que lo natural" (p.108). 

La esperanza en un mundo mejor es un bálsamo contra la miseria. El Padre Joaquim admira por esa razón a los miserables de Canudos: 

"Y sin embargo, pese a la miseria, esa gente es feliz...la más feliz que he visto, señor. Es difícil admitirlo, también para mí. Pero es así, es así. El les ha dado una tranquilidad de espíritu, una resignación a las privaciones, al sufrimiento, que es algo milagroso" (p. 255) 

Lo curioso es que la fe ciega en la ciencia o en el cambio social revolucionario puede convertirse también en una religión, siendo esa la razón por la que extremos como el de Galileo Gall, anarquista y frenólogo, y el Consejero, se tocan. Ambos creen en la posibilidad de construir el Paraíso. La historia tiene para ellos un fin y un sentido, una línea clara que terminará en un mundo mejor. 

"Al final de la guerra ya no habrá ricos, o mejor dicho, no se notaría, pues todos serían ricos. Estas piedras se volverían ríos, esos cerros sombríos fértiles y el arenal que era Algodones un jardín de orquídeas como las que crecían en las alturas de Monte Santo. La cobra, la tarántula, la sucuarana serían amigas del hombre, como hubiera sido si éste no se hubiera hecho expulsar del Paraíso. Para recordar estas verdades estaba en el mundo el Consejero" (p. 229). 

Por otro lado, Galileo Gall, cree en el mismo sueño, aunque desde el punto de vista del anarquismo y la revolución secular: 

"Una ciudadela libertaria, sin dinero, sin amos, sin policías, sin curas, sin banqueros, sin hacendados, un mundo construido con la fe y la sangre de los pobre más pobres... ¿No había dicho el viejo santón, hacía un momento, creyendo hablar de Dios cuando en realidad hablaba de la libertad, que en Canudos desaparecerían la miseria, la enfermedad, la fealdad? ¿No era ése acaso el ideal revolucionario?... Creo en eso como otros creen en Dios. Hace mucho tiempo que muchos se hacen matar para que sea posible" (pp. 229-230). 

El fundamentalismo religioso así como el revolucionario se funden en la misma devoción ciega por  conseguir los fines sin calibrar los medios. Es la semilla de las peores guerras y matanzas ocurridas en la humanidad, paradójicamente impulsadas desde creencias que sostienen estar haciendo el bien. Es el pensamiento utópico el que lleva a las mayores aberraciones. De esta tendencia no se escapan los que se oponen a Canudos y lo masacran creyéndose también dueños de la verdad, desde el pensamiento ilustrado y republicano que se obstina en imponer un sistema político en lugares donde es también utópico establecerlo, por chocar contra sus tradiciones y creencias. Epanimondas, el republicano antimonárquico, ejemplo paradigmático del maquiavelismo en política, urde falsos complots e inventa noticias falsas porque también cree a pie juntillas en su modelo ideal. Todos luchan denodadamente por ideas que nada tienen que ver con la realidad.

El único que se salva en la novela del idealismo aburdo es el Barón de Cañabrava, que los observa a todos atónito: 

"El Barón reconoció ese tono: era el de los predicadores capuchinos de las Santas Misiones, el de los santones ambulantes que llegaban a Monte Santo, el de Moreira César, el de Galileo Gall. El tono de la seguridad absoluta, el de los que nunca dudan... El Barón tuvo un estremecimiento; era como si el mundo hubiera perdido la razón y sólo creencias ciegas, racionales, gobernaran la vida" (p. 247) . 

El Barón es el único personaje en la novela vacunado contra el idealismo y la utopía. No comprende la sinrazón de los idealistas, y quizás por ese motivo se siente fascinado por ellos. Así habla del Coronel Moreira César, el Cortapescuezos: 

"No le interesan el dinero, ni los honores y acaso ni siquiera el poder para él. Lo mueven cosas abstractas: un nacionalismo enfermizo, la idolatría del progreso técnico, la creencia de que sólo el Ejército puede poner orden y salvar a este país del caos y la corrupción. Un idealista a la manera de Robespierre... como ocurre con muchos idealistas, es implacable cuando quiere materializar sus sueños" (pp.248-249). 

Por supuesto, Galileo Gall no entiende al Barón: "¿Qué podía entender de sus ideales un terrateniente arsitócrata que vivía como si la Revolución Francesa no hubiera tenido lugar? ¿Alguien que consideraba "idealismo" una mala palabra?" (p. 261). 

Por el contrario, esta es la opinión del Barón sobre Galileo Gall: "El pobre diablo estaba convencido que Canudos es la fraternidad universal, el paraíso materialista, hablaba de los yagunzos como correligionarios políticos. Era imposible no sentir ternura por él..." (p. 281).  "Confunde la realidad y las ilusiones, no sabe dónde termina una y comienza la otra... Puede ser que cuente esas cosas con sinceridad y las crea al pie de la letra. No importa. Porque él no las ve con los ojos sino con las ideas, con las creencias" (p.307). 

Las creencias ciegas de sus seguidores pueden hacer ver en los excrementos del Consejero óbolos con los que celebrar la comunión. Así lo vive el Beatito, otro de los personajes principales de la novela, mano derecha del Consejero: 

"Es su esencia lo que corre por ahí, es parte de su alma, algo que está dejándonos." Lo intuyó en el acto, desde el primer momento. Había algo misterioso y sagrado en esos cuescos súbitos, tamizados, prolongados... "Son óbolos, no excrementos."Con dichosa inspiración se adelantó, estiró la mano entre las beatas y se los llevó a la boca, salmodiando: "¿Es así como quieres que comulgue tu siervo, Padre? ¿No es esto para mí rocío?" Todas las beatas del Coro Sagrado comulgaron también, como él" (p.495) 

¿Puede haber un mejor ejemplo de la locura a la que induce la confusión y mezcla de ilusión y realidad: confundir la mierda con el rocío? 


lunes, 7 de diciembre de 2020

La Flor de mi Secreto


 Almodóvar, Pedro. 1995. La Flor de mi Secreto

¿Leemos y escribimos para entender la realidad o para escapar de ella? ¿Es el arte y la literatura un medio para entender lo que ocurre a nuestro alrededor y dentro de nosotros mismos o es una vía de escape ante la imposibilidad de aceptar y conformarse con lo real? Este es uno de los temas de una de las mejores películas de Almodóvar, que ahora cumple 25 años desde su estreno. 

La protagonista de la película es una escritora de novelas rosa, Leo Macías (interpretada por Marisa Paredes), que escribe bajo el seudónimo de Amanda Gris, que está atrapada en el torbellino de la ruina de su matrimonio y la inevitable separación que no quiere ni puede aceptar. En este momento le es imposible escribir nada que no esté teñido de dolor, tristeza y vértigo, debido al desastre vital en que se encuentra. La editorial le pide más del exitoso material del que siempre ha escrito, pero ahora a ella le resulta imposible. La conversación entre Leo Macías y su editora es digna de ser transcrita literalmente: 

- Hombre, Leo, por fin, mira, la segunda edición ya...

- Sí, que bien...

- Pensé que no ibas a venir nunca...

- He estado ocupada. ¿Recibísteis la novela? La envié la semana pasada. 

- Sí, claro que la hemos recibido. 

- ¿Y? 

- Leo, lo que has mandado no es una novela de Amanda Gris. ¿A qué viene este cambio? 

- Supongo que estoy evolucionando. 

- ¿Por qué? 

- Quizás porque estoy viva. 

- No, quiero decir, ¿por qué cambias si las ventas no bajan? Leo, bonita, olvidas que nuestra colección se llama "Amor verdadero". Pero, ¿cómo se te ocurre venirnos con la historia de una madre que descubre que su hija ha matado al padre después de que éste intentara violarla, y para que nadie se entere la madre lo hiberna en la cámara frigorífica del restaurante de un vecino? 

- No es fácil desembarazarse de un cadáver y lo importante para la madre es salvar a la hija. ¿No harías tú cualquier cosa por salvar a tu hijo? 

- No estamos hablando de hijos, sino de novelas. Los hijos solo sirven para quitarnos la vida, y las novelas para recuperar la ilusión de vivirla... Cuando alguien compra un libro nuestro, quiere olvidarse de la sordidez en la que vive... soñar con un mundo mejor, aunque sea mentira... ¿Café? 

- No, gracias. 

- ¿Quién va a soñar con una gente que vive en un barrio miserable, jubilados prematuros, auténticos muertos vivientes...? ¿Quién se va a identificar con una protagonista que se ocupa de limpiarle la mierda a los enfermos de un hospital, que por si fuera poco tiene una suegra yonki y un hijo maricón, al que además le gustan los negros? ¿Te has vuelto loca, Leo? 

- Tal vez, pero la realidad es así, Alicia...

- ¡La realidad! ¡Bastante realidad tenemos ya cada una en nuestra casa! La realidad es para los periódicos y la televisión... y mira el resultado. ¡Por culpa de tanta realidad el país está a punto de explotar. ¡La realidad debería estar prohibida!

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El argumento de la novela escrita por Leo lo utilizará más tarde Almodóvar para su película Volver (2006). Almodóvar es, en el fondo, Leo, y su listado de escritoras fetiche es por tanto también el propio listado de Almodóvar: "Mujeres sobre todo, aventureras, suicidas, dementes tipo Djuna Barnes, Jane Bowles, Dorothy Parker, Jean Rhys, Flannery O'Connor, Virginia Wolf, Edith Barton, Isak Dinesen, Janet Frame...

Esto da para peli de Almodóvar (IGNOTO GRACIA) 

La Flor de mi Secreto: 10 curiosidades en su 25 aniversario (FOTOGRAMAS) 

De La Flor de mi Secreto a Dolor y Gloria (ICON- EL PAÍS)


miércoles, 2 de diciembre de 2020

Elogio de la Infelicidad


 

Lledó, Emilio. 2020. Elogio de la Infelicidad. Austral

La palabra felicidad, para Lledó, se encuentra perdida "en ese horizonte de sueños, ideales, deseos, utopías, amenazas y dolores. Nos hace pensar que estar en el mundo es estar en la insuficiencia, en la insatisfacción" (p.7, introducción). Es decir, es una palabra que se encuentra más en el reino de la ilusión que en el de la realidad. Por otro lado, presupone "una energía expresa y constante hacia lo mejor" (p.9). Es decir, nos mueve hacia la utopía. ¿Es su búsqueda entonces fútil o necesaria? 

Lledó, para responder a esa pregunta, parte del lenguaje. El lenguaje saca al ser humano del ámbito inmediato de lo real, "crea un espacio nuevo, un territorio en el que su verdad es la verdad del universo lingüístico creado, del mundo que levantan las palabras más allá del cerrado ámbito de sus fugaces referencias. Ese espacio es, precisamente, el espacio de lo cultural, el territorio de lo humano" (p.26). Es decir, el lenguaje crea una segunda realidad que es la específicamente humana. "Las palabras que emitimos, el lenguaje que hablamos, constituye, en realidad, lo que somos" (p.55). 

La máxima de "Conócete a ti mismo" en realidad se puede traducir en "mira las palabras". "El mundo ideal qe conforman las palabras y que, en ellas, se vislumbra, es, pues la más certera realización de la inscripción délfica... "Conócete a ti mismo" es decirte a ti mismo lo que piensas, lo que deseas, lo que te propones, lo que eres. No hay otra posibilidad de mirada, o sea, de consciencia de sí, que no se haga presente en el espejo lingüístico" (p.66). 

Conocemos la realidad a través del lenguaje, la reconstruimos con nuestros sueños, ilusiones, aspiraciones y utopías. "Ese proyecto mantiene vivo, como ideal utópico y, paradójicamente, real, el sueño de un espacio de solidaridad al que el tiempo futuro no debe renunciar" (p.69). Es decir, Lledó no renuncia a la utopía que construimos a través del lenguaje, porque cree que esa aspiración es la que nos hace verdaderamente humanos. Somos "seres indigentes que únicamente pueden vivir, si son capaces de sentir el amor y la amistad, si son capaces de soñar, de inventar lo que se quiere y que, en ese querer, les completa y realiza" (p.79).  Amar, soñar, inventar: estas son los verbos que, según Lledó, nos hacen humanos. Y estos otros: "Decir, hablar, narrar, escribir, es estar en la luz" (p.98). Son todos verbos que hace alusión a la creatividad, a la confección de otros mundos diferentes del ya existente. 

Nuestra esencia es la insuficiencia, la imperfección. "Estar en el mundo es un estar partido... La realidad humana es incompleta en indigente" (pp.108-9). La vida es una búsqueda. Vivimos por ello en una tensión constante. "La tensión entre esa ideal y las edificaciones reales, las formas políticas de vivir, son una tensión sin sosiego, una continua aspiración sin definitivo logro. Y esa es la vida humana: la lucha por mantener siempre orientada la flecha que tensa ese arco, templado en la forja de la teoría y la praxis y que jamás llegará al blanco, porque el blanco era la flecha misma, porque el camino era ya el andar" (p. 120). Esa tensión entre la realidad y la ilusión es otra de las características consustanciales del ser humano. 

Esta es la realidad humana, y es la que debemos elegir, como hizo Ulises cuando Calipso le ofreció la inmortalidad. Ulises escoge la muerte, elige el tiempo, elige los sufrimientos del regreso, elige la vejez, elige la finitud frente a la vida de dios que le ofrece Calipso en un momento crucial de la Odisea. Querer salir de ahí es vivir en el engaño.  "La proyección ideal hacia esa trascendencia sin tiempo que Calipso ofrece, se sale del territorio de la elección humana y es la raíz de todas las alineaciones y engaños" (p.128). Ulises elige la inmanencia, la mundanidad, el humanismo. Eso somos, y eso hemos de elegir, esa soledad descarnada que es nuestra condición. Lo cual no quiere decir, que una vez aceptada nuestra realidad, tengamos que renunciar a la utopía y la "ideal aspiración hacia lo "mejor"... desde las isla de los feacios hasta los felices lotófagos, va apareciendo junto a la dura realidad la fuerza ideal para superarla" (p. 131) . Esa tensión entre lo real y lo ideal es la médula de lo humano. 

"Al rechazar la propuesta de inmortalidad de Calipso, Odiseo aceptó el tiempo humano, sus limitaciones y tensiones, asumió el dolor y el sufrimiento; pero también la alegría y el gozo, el amor y la amistad, la realidad y su esperanza. Un mundo que había que pensar y construir; unos valores que, por muy utópicos que fueran, había que buscar. Esta alegre aceptación de las condiciones reales de la historia fue, en esa explosión de conceptos, de ideas e imágenes de la ciudad de las palabras, una parte viva y fecunda del legado ateniense" (p. 137) 

La alegre aceptación de lo real, y a la vez, la aspiración legítima de mejorarlo: entre esos dos polos se desenvuelve nuestra vida. Lledó termina haciendo un alegato conta el conformismo: "la libertad no admite conformismo alguno" (p.155). El ser humano, a través de la cultura, tiene "esa posibilidad de vivir otros mundos, de sentir otros sentimientos, de pensar otros pensares que los reiterados esquemas que nuestra mente se ha ido haciendo en la inmediata compañía de la triturada experiencia social" "(p. 157). "La literatura nos enseña a mirar mejor este mundo de las cosas aún no bien dichas... de las trampas para conformarnos a vivir con la desesperanza de que lo que hay ya no da más de sí" (p. 158).  


jueves, 26 de noviembre de 2020

El Salario del Miedo

 


Clouzot, Henri-Georges. 1953. El Salario del Miedo

Los protagonistas de la película son dos franceses que viven atrapados en la realidad claustrofóbica de un país latinoamericano de la que no saben como salir. La primera parte de la película se dedica a retratar esa realidad. Varados en una situación sin salida, se agarran a sueños e ilusiones para conseguir sobrevivir al tedio y la desesperanza. El personaje al que da vida Yves Montand, Mario, tiene sus sueños colgados en la pared de su infame dormitorio. Son fotos de chicas blancas francesas que presenta a su amigo Jo de la siguiente manera: 

"Estas son mis chicas, mis sueños para pensar en ellas mientras me estoy tirando a una negra" (minuto 27). 

A pesar de tener cerca a una mujer que lo adora, Mario la desprecia y maltrata, prefiriendo sus fotos que no son más que falsas ilusiones. Las fotos rodean el mayor tesoro, la mayor ilusión: un ticket del metro de París, que tiene enmarcado como si de una obra de arte se tratase. Es un simple trozo de papel, pero fue el último billete de metro que cogió en París antes de subirse al tren y luego al barco que le llevó hasta donde se encuentra. En ese pedazo de cartulina sin ningún valor real tiene Mario encarnadas todas sus ilusiones, pues representa el lugar que abandonó y ahora ve como el paraíso perdido. 

La segunda parte de la cinta narra el terrorífico viaje que ambos emprenden para conseguir el dinero que les hace falta para intentar salir de su infierno: el transporte de una peligrosa carga de nitoglicerina necesaria para apagar un pozo de petróleo incendiado. En una conversación mantenida en las escenas finales cuando Jo está a punto de morir (2h:13), éste le revela a Mario la imagen que se le viene a la mente por encima de todas las demás de su vida:  la calle en la que vivía en París, donde había una tapia de la que nunca supo lo que había detrás. Mario conocía el lugar y se lo revela: 

"No hay nada. Es un solar

Entonces Jo insiste incrédulo y dice sus últimas palabras antes de expirar: 

"Esa tapia. ¿Qué hay detrás de esa tapia?

A lo que Mario le vuelve a responder: 

"Ya te lo dije. Nada". 

De la misma forma que Kane, al morir, recuerda a Rosebud y con él toda su infancia, Jo recuerda el misterio de una simple tapia a la que siempre quiso asomarse pero nunca pudo. Esa tapia es la metáfora de la inquietud y la curiosidad, de la necesidad de entender y comprender qué es lo que hay detrás de las apariencias de la realidad, la necesidad de encontrar un significado oculto tras la superficie de las cosas. Es la ilusión por encontrar algo tras el muro opaco que le de sentido a todo lo que ocurre. Pero su pregunta sólo tiene una respuesta: no hay nada. 

Review (CHICAGO TRIBUNE)


lunes, 23 de noviembre de 2020

Moby Dick





Melville, Herman. 1972. Moby Dick. Penguin Classics. 

(Traducción al español de Juan Gómez Casas, 2004)


"There she blows!" "Por allí resopla!"

Al principio del libro, el padre Maple cuenta desde el púlpito la historia de Jonás, de cómo éste quiso huir de Dios y se perdió, para que sirva de aviso a navegantes. Jonás se convierte en un fugitivo, buscando un lugar donde Él no reine. ¿Pero es ésto posible? ¿Existe ese lugar? Pronto se encuentra en los intestinos de una ballena, un animal todopoderoso e inefable, un símbolo de la omnipotencia de Dios, y ambos, metáforas de la Realidad. Es imposible escapar de ella. 

Ahab no tolera que la Ballena se haya impuesto sobre él y quiere vengarse a toda costa. Su lucha personal es la imposible guerra del hombre contra su destino, la rebeldía ante aquello que se interpone contra su voluntad. Es la soberbia del ser humano, que no comprende que haya algo más poderoso que él, algo que no puede doblegar a su antojo. Por eso emprende una lucha titánica contra el Monstruo: 

    "It was Moby Dick that dismasted me; Moby Dick that brought me to this dead stump I stand on now... Aye, aye! it was that accursed white whale that razeed me; made a poor pegging lubber of me for ever and a day!...Aye, aye! and I'll chase him round Good Hope, and round the Horn, and round the Norway Maelstrom, and round perdition's flames before I give him up" (p.261) 

      "Fue Moby Dick quien me desarboló; a Moby Dick le debo este muñón muerto sobre el que me     sostengo ahora... ¡Sí, sí, fue esa maldita Ballena Blanca!¡Ella me dejó como un pobre impedido para     toda la vida! ...  ¡Sí, sí, la he de perseguir más allá del cabo de Horbis, y más allá del de Buena Esperanza, y aún más allá del Maelstrom de Noruega, más allá de los fuegos del infierno, antes de renunciar a capturarla!" (p.224) 

Moby Dick, al igual que la realidad, al ser inabarcable e incomprensible en su grandeza y poderío, se ve rodeada de supersticiones que agrandan aún más su soberanía majestuosa, haciéndose ubicua e inmortal, sobrenatural, sobrecogedora, plagada de fabulosas narraciones. Starbuck, el contramaestre, se escandaliza por esa obsesión dirigida contra una bestia irracional. Pero todos los lectores de Moby Dick, generación tras generación, comprenden secretamente la rebeldía de Ahab, aunque sea una rebeldía irracional que no lleva a ningún sitio, y por eso se ha convertido en un libro inmortal: ¿por qué hemos de soportar los seres humanos callada y humildemente los azotes de la vida? En el fondo, Ahab es como Job, un ser vilipendiado y humillado por los infortunios. Job se rebela contra Dios, Ahab contra la Ballena. Es una lucha que los destroza por dentro, porque no consiguen asumir que hay algo por encima de ellos que rige el destino de sus vidas. Esa rebeldía es una semilla dentro de todo ser humano, que aparece desde las primeras historias del Génesis cuando Adab y Eva se resisten a obedecer sin rechistar. 

    "Small reason was there to doubt, then, that ever since that almost fatal encounter, Ahab had cherised a wild vindictiveness against the whale, all the more fell for that in his frantic morbidness he at last came to identify with him, not only all his bodily woes, but all his intellectual and spiritual exasperations. The White Whale swam before him as the monomaniac incarnation of all those malicious agencies which some deep men feel eating in them, till they are left living on with half a heart and half a lung" (p.283)

    "No era, pues, extraño que, desde la fecha de aquel choque mortal, Ahab acariciara un loco deseo de venganza contra la ballena, más todavía si se tiene en cuenta que, en su insano frenesí, llegó a atribuirle no solamente sus sufrimientos corporales, sino todas sus cuitas intelectuales y morales. Veía a la ballena nadando antes sí como la representación monomaníaca de todas aquellas potencias maléficas que algunas personas sienten, como consumiéndoles el corazón y lo órganos" (p.248) 

La guerra contra la Realidad degenera en locura, pues está perdida desde el principio. Es la misma lucha de Don Quijote, que no puede aceptar la vida al cual es. Ahab, en vez de crear una realidad paralela, se obstina en luchar contra la primera y única posible. En lugar de buscar paz y aceptación en el fondo de su alma, se deja dominar por el odio y se aventura en el océano de la titánica batalla contra el monstruo. 

    "For this appalling ocean surrounds the verdant land, so in the soul of man lies one insular Tahiti, full of peace and joy, but encompassed by all the horrors of the half known life. God keep thee! Push not off from that isle, thou canst never return!" (p.381) 

    "Del mismo modo que este espantoso Océano rodea la tierra verdegueante, en el alma del hombre hay una insular Tahití, llena de paz y alegría, pero rodeada de todos los horrores de una vida semidesconocida. ¡Dios te guarde! ¡No te aventures fuera de esa isla; podrías no volver a ella jamás! (p.364) 

Ahab no se resigna a la paz impuesta y sale del Edén, pues no consigue aceptar que hay algo más poderoso que él. En él nos vemos reflejados cuando a lo largo de nuestras vidas nos encontramos acorralados por el azar y la desgracia y emprendemos una feroz batalla contra ellos, cuando no aceptamos que no hay otra salida que acatar la Realidad.  

Reseña 


martes, 17 de noviembre de 2020

Un Autobús Verde Sale de Alepo

 

Dost, Jan. 2020. Un Autobús Verde Sale de Alepo. Ediciones del Oriente y del Mediterráneo. 

He recordado a Pedro Páramo leyendo este libro, traducción del original escrito en sirio. Es tan habitual la muerte en Alepo a finales de 2016 que ya es imposible distinguir los vivos de los muertos, como en Comala. El mismo protagonista duda de su propia existencia. 

"¿Dónde estoy? ¿Cómo hemos pasado de una autobús lleno de desplazados de Alepo, combatientes y civiles, a un autobús que tan solo transporta a mi familia? ¿He muerto yo también? ¿Han vuelto Maysún y Nazli a la vida? ¿Subieron a la vez que yo, y no me di ni cuenta? ¿Esto es real o se trata de una pesadilla? ¿Es una alucinación de las que he tenido los últimos días en Alepo?¿Una ilusión?" (p. 127)

El anciano Abu Leila lleva encima tanto sufrimiento debido a la guerra de Siria que ha perdido la noción de la realidad. Es tan fuerte el desgarro por la pérdida de todos sus seres queridos que habla con ellos en su imaginación poblada de fantasmas. No hay otra salida ante tanta crueldad que la pérdida de la cordura y la entrada en un mundo de ultratumba en el que los muertos siguen aferrándose a la vida a través del espanto de sus historias, que quieren seguir contando indefinidamente. Como Pedro Páramo en Comala, Abu Leila los escucha con una mezcla de compasión, horror y aturdimiento, enajenado por no saber con claridad el terreno que pisa. La guerra conduce a la realidad más terrible, imposible de aceptar. El anciano permanece sentado en uno de los autobuses verdes que el régimen de Al Asad utiliza para evacuar a los rebeldes tras la caída de Alepo, que se ha convertido en un inmenso cementerio derruido. Mira tras los cristales sin estar seguro de si el autobús que lo transporta es quizá su propio féretro. 

 Entrevista (EL MUNDO)


jueves, 5 de noviembre de 2020

Rifkin's Festival

 


Allen, Woody. 2020. Rifkin's Festival

La última de Woody Allen bien podría tener por título "Las películas que habito". El protagonista, escritor y estudioso del cine, se ve envuelto en una serie de situaciones durante su estancia en el Festival de San Sebastián, y para cada una de ellas se apoya en sueños o ensoñaciones que son escenas de sus películas favoritas. Con esta excusa, recorremos los momentos clave de Ciudadano Kane, Ocho y Medio, Fresas Salvajes, El Séptimo Sello, Jules et Jim o El Ángel Exterminador. Woody Allen se permite así el lujo de entrar en las escenas de las películas de sus directores fetiche, como Bergman, Fellini, Godard, Welles o Buñuel. Ya lo había hecho con Fresas Salvajes en Delitos y Faltas, pero aquí se inmiscuye literalmente dentro de las películas, para su disfrute y el del cinéfilo que comparta sus mismas preferencias por el cine de autor.

El cine, al igual que la literatura, han construido una realidad paralela que descansa sobre la realidad material. En nuestra mente, las historias de las películas se fusionan con los personajes reales y cobran una existencia de un valor similar a los recuerdos o los sueños. Los protagonistas de las películas se convierten en referentes de tanta o más importancia que los personajes reales, de forma que en el imaginario colectivo puede ser tan fuerte la presencia de los detectives interpretados por Humphrey Bogart (1) como la de Napoleón Bonaparte, o la de Harry Potter como la de Greta Thunberg. ¿Acaso no son igual de reales unos que otros una vez que entran en el reinado de nuestra imaginación? 

Las (buenas) películas nos sirven de apoyo para comprender e interpretar el mundo. Habitamos sus escenas como si pudiéramos entrar en ellas, y por un rato nos convertimos en héroes entrando en el papel de Atticus en Matar a un Ruiseñor , o en villanos metiéndonos en la piel del Joker. Cada uno tiene su propio repertorio de personajes y escenas que viven para siempre en su imaginación con la misma fuerza --o aveces más-- que los recuerdos. Como dice Morin en su libro El Cine o el Hombre Imaginario

"Como todo onirismo, los filmes son proliferaciones de la espera, ectoplasmas para mantener el alma en calor; eso es el cine: imagen desordenada, entregada a los deseos impotentes y a los temores neuróticos, su estallido canceroso, su plétora mórbida. La verdadera vida está ausente. El mundo al alcance de la mano, el hombre sujeto del mundo no es más que un programa de ilusión. El hombre sujeto del mundo no es aún, y tal vez no será nunca, otra cosa que una representación, un espectáculo del cine" (p. 187)

"Ha habido que esperar al cine para que los procesos imaginarios sean exteriorizados original y totalmente. Al fin podemos visualizar nuestros sueños porque se han lanzado sobre la materia real" (p. 193). 

Rifkin's Festival es un homenaje al papel que el cine juega en nuestras vidas, por la terapia y ayuda que nos ofrece al representar nuestros sueños, deseos, ilusiones, temores y miedos.   

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(1) Woody Allen ya habitó el mundo de Humphrey Bogart en la inolvidable Sueños de un Seductor (Play it Again, Sam, 1972) 

Reseña (EL PERIÓDICO)