Los equívocos caminos de la ilusión y la realidad a través de la filosofía, la literatura, el cine, el arte, el periodismo y la ciencia
domingo, 10 de febrero de 2019
Breve Historia de la Mentira
Bettetini, M. 2002. Breve Historia de la Mentira. De Ulises a Pinocho. Cátedra
(Breve Storia de la Bugia. Da Ulise a Pinocchio)
La mentira nos ha acompañado siempre. Es la forma de ocultar la realidad a nosotros mismos y a los demás por motivos muy diversos, desde los más nobles (para no hacer sufrir) hasta los más abyectos (para hacer sufrir). Este libro intenta definirla y acotarla, analizar la forma en que ha sido entendida y valorada en la Historia, ver su vertiente negativa y prohibida así como su parte necesaria y positiva, incluso su parte divertida.
La obra parte del análisis que hace San Agustín de la mentira es su obra De Mendacio (359 d.C.)(p.20), para quien la mentira es siempre ilícita, y ahí comienza un recorrido literario que pasa por Los Viajes de Gulliver (Swift, 1726)(p.29), Alicia a Través del Espejo (Carroll, 1865)(p.31), Gelsomino en el País de los Mentirosos (Rodari, 1958)(p.32), Otelo (Shakesperare,1662)(p.34) o Pinocho (Collodi, 1883)(p.39).
En el capítulo "La mentira prohibida" se estudia la mentira desde el punto de vista religioso, basándose en la tradición hebrea y cristiana. Es interesante la forma en la que en la Edad Media se sugieren formas de evitar mentir: el silencio, salirse por la tangente o el uso de términos equívocos (p.48). Kant, al igual que San Agustín, considera que la mentira nunca es lícita (p.54). Schopenhauer es el primero en plantearse el tema de la legítima defensa como argumento que justifica la mentira (p.56).
En el tercer capítulo, se analiza la parte positiva de la mentira. Sócrates le concede al mentiroso su parte de sabiduría, y lo coloca por encima del sincero que no tiene ni idea ni sabe (p.61), y Homero hace de un embustero el héroe de su Odisea (p.63), conviertiendo el mentir en un arte. Mienten los dioses (p.64), mienten los espíritus (p.66). El Decamerón (Bocaccio, 1349) hace de un mentiroso, Caparello, un personaje admirable (p.68). Erasmo afirma en su Elogio de la Locura (1511), que la veracidad solo es atributo del loco (p.71). Maquiavelo ve la mentira como un privilegio de los príncipes, que la necesitan para poder seguir gobernando (El Príncipe, 1513)(p.73). Tomás Moro escribe La Utopía (1516), sobre un lugar que no existe, que es una mentira en sí mismo (p.76). Se ensalza el disimulo como forma de sobrevivir (Galateo de Giovanni de la Casa (1551)(p.78). No es posible vivir sin máscara (El Disimulo Honesto, de Torquatto Accetto, 1641)(p.79).
En el Barroco se defiende la necesidad de "no querer ver" la caducidad y la fealdad de la realidad, lo cual será luego tambien entendido como estilo de vida por Nietzsche (Sobre Mentira y Verdad en Sentido Extramoral, 1873), ya que las "verdades son ilusiones cuya naturaleza ilusoria se ha olvidado"(p.82). Por tanto, más vale dejarse engañar a conciencia por el engaño justo que aportan los sueños, los mitos, el arte, que tras su engaño "regalan una iluminación, una serenidad y una rendición que afluyen sin cesar" (p.83).
Por último, se analizan las "mentiras piadosas", por ejemplo cuando el médico se pregunta si es conveniente que el paciente conozca la gravedad de su estado (ver Do No Harm). Vladimir Jankélévitch mantiene en su ensayo Sobre la Mentira (1942) que es un deber mentir al enfermo grave creándole una falsa esperanza.
El capítulo cuarto trata sobre las mentiras que han hecho historia. Por ejemplo, la Donación de Constantino, falsificación de un supuesto texto de 313 que regalaba Italia al papa Silvestre I (p.96); la Carta del Preste Juan, donde se describen las maravillas de un reino santo en el extremo de la tierra (p.97); el escrito de Lutero De los Judíos y sus Mentiras (1543) donde se les acusa de todo mal en el mundo y se urge a "quemar sus sinagogas y sus escuelas, y lo que no quiera arder habrá de ser recubierto de tierra y sepultado" (p.103); el programa expuesto por Adolf Hitler en Mein Kampf (1925); las mentiras del Pentágono sobre la guerra del Vietnam (analizadas por Hannah Arendt en La Mentira en Política, 1969)(p.106), o por último, las mentiras de la ciencia, dadas por la necesidad de confiar en una hipótesis.
Finalmente, se repasa la mentira divertida, aquella en la que nos deleitamos sabiendo lo que hacemos, pues sabemos que en el fondo todo discurso es mentira, como argumenta el sofista Gorgias (p.109). Aristóteles habla de la katharsis, cuando purificamos las pasiones mediante "la piedad y el terror" , permitiendo el distanciamiento de la realidad a los poetas (p.111). Nos complacemos en la mentira, queremos permanecer en ella, porque "la mentira es más "creíble" que la realidad, porque la mentira se construye "con arte", y es del todo verosímil, carente de contradicciones, cercana a las expectativas del que la recibe; en cambio, la realidad suele ser imprevisible, desestabilizadora y escandalosa" (p. 112). Esta es la función del arte, que ya intuyó Oscar Wilde en La Decadencia de la Mentira (1889) (p.114). De forma que "la única forma de comprender la verdad es contemplarla en el espejo de la mentira de un teatro que la imita, pero que se acerca a ella más que la vida" (p.122). Terminamos así en la este fascinante viaje por la mentira en la escena central de Hamlet, en la que la mentira de la obra de teatro es el único medio de desvelar la verdad.
¿Por qué mentimos? (LA VANGUARDIA)
Discreto elogio del Embuste (EL PAIS)
domingo, 3 de febrero de 2019
Ordesa
Vilas, M. 2018. Ordesa. Alfaguara.
La realidad la tenemos ahí, permanentemente, delante de nuestros ojos, pero la mayor parte del tiempo simplemente no le prestamos atención. No tenemos recursos suficientes para atender a todo, ponemos el piloto automático, seleccionamos el punto de mira, y pasamos de puntillas por la mayor parte de lo que nos rodea cada día. Estamos cientos de horas al lado de otras personas de las que sólo conocemos la superficialidad y apenas arañamos un poco más allá de la piel. La incomunicación cierra puertas que no nos preocupamos por abrir, interesados por otras cosas. Cuando ya es tarde, y esas personas no están, queremos saber sobre ellas, nos hacemos preguntas pero ya no pueden responderlas, y no nos queda otra salida que intentar adivinar y especular. Entonces nos agarramos a una fotografía, a un recuerdo fugaz, a un objeto, para intentar entender aquello que ya es pasado y no está aquí. En ese momento sólo encontramos fantasmas que atraviesan nuestra imaginación desapareciendo como humo.
Esto ocurre sobre todo con nuestros padres, y luego con nuestros hijos. De esto va la novela, sobre los intentos desesperados de un hijo por recuperar las horas perdidas con sus padres. Vilas se adentra magistralmente en esas arenas movedizas de las relaciones paterno-filiales en primera persona, con una sinceridad, humor y compasión admirables. Es imposible no sentirse retratado en algún momento. El libro cautiva por la autenticidad que se respira tras cada confesión, porque el lector siente que lo que allí se cuenta le ha ocurrido a él, nos ha ocurrido a todos. No sabemos si el narrador coincide al cien por cien con el autor, pero no importa, pues todo lo que leemos destila una profunda verdad: lo poco que conocemos a las personas más importantes de nuestras vidas. Nunca llamamos a nuestros padres por sus nombres propios, sino por los apelativos papá o mamá, quizás porque lo único que nos ha importado de ellos ha sido su función, pero no ellos como personas. ¿Quiénes eran antes de que naciéramos, cuáles eran sus sueños, cómo sobrevivieron a su realidad?
"Al morir mis padres, mi memoria se volvió un fantasma iracundo, asustado y rabioso. Cuando tu pasado se borra de la faz de la tierra, se borra el universo y todo es indignidad. No hay nada más indigno que la grisura de la inexistencia. Abolir el pasado es abyecto. La muerte de tus padres es abyecta. Es una declaración de guerra que te hace la realidad" (p.30)
"Tenía muchas cosas que hacer, eso pensaba, cosas que no incluían la contemplación silenciosa de mi padre. Y ahora me arrepiento de no haber contemplado más la vida de mi padre. Mirar su vida, eso, simplemente. Mirar la vida de mi padre, eso debería haber hecho todos los días, mucho rato" (p.73)
"En realidad, yo nunca supe quién era mi padre. Fue el ser más tímido, enigmático, silencioso y elegante que he conocido en mi vida. ¿Quién fue?" (p. 209)
"Me gustaba ver la televisión a su lado. Estuvimos más de cuarenta años viendo juntos la televisión... Fueron pasando cientos de programas, de series, de películas, de telediarios, de documentales, de concursos, de debates, de informativos, fueron pasando los años, los lustros, las décadas. Todo estaba allí, en la televisión" (p.329)
Cuando leemos el libro, entra la urgencia de salir de uno mismo, del ensimismamiento; de quitarse las orejeras y mirar con un poco más atención a las personas que nos rodean antes de que sea demasiado tarde.
Reseña (EL PAIS)
Reseña (ABC)
domingo, 13 de enero de 2019
El Coraje de la Desesperanza
Zizek, S. 2018. El Coraje de la Desesperanza. Crónicas del año que Vivimos Peligrosamente. Anagrama.
(2017. The Courage of Hopelessness. Chronicles of a Year of Acting Dangerously. Allen Lane)
Tras leer Enlightenment Now, de Pinker, resulta muy interesante leer este libro de Zizek: en lugar de poner el foco en lo que va bien, hace exactamente lo contrario. Zizek analiza los problemas de "nuestro paraíso capitalista global" en cuatro niveles: la amenaza fundamentalista-terrorista, las tensiones geopolíticas, los movimientos radicales emancipadores y el flujo de refugiados. Su visión es pesimista: "el auténtico coraje no consiste en imaginar una alternativa, sino en aceptar el hecho de que no existe una alternativa claramente discernible...el auténtico coraje consiste en admitir que la luz que hay al final del túnel probablemente es el faro de otro tren que se acerca en dirección contraria" (p.12). De aquí el título del libro, tomado de una frase de Giorgio Ambagen.
Zizek cita autores como Alex Honneth para entender por qué la creciente insatisfacción que genera el capitalismo global tan sólo se convierte en furia pero no se articula en un proyecto político que no sean los fundamentalismos religioso-nacionalistas o los populismos de Le Pen o Trump.A lo largo del libro, nos encontramos con otras muchas referencias interesantes, como En el Mundo Interior del Capital, de Peter Sloterdijk, que "demuestra que en la globalización actual el sistema mundial ha completado su desarrollo" (p.29). El capitalismo separa a los que están protegidos bajo su cúpula de los que no lo están. "Nuestro deber ético-político no consiste tan solo en ser conscientes de la realidad que hay fuera de nuestra cúpula, sino en asumir plenamente nuestra corresponsabilidad por los horrores que hay fuera" (p.30)
De la misma forma que Vicente Verdú nos muestra a Celebration como la ciudad ideal del capitalismo, o Vicente Serrano elige Las Vegas, Zezik pone como ejemplo a Songdo, nueva ciudad construida cerca del aeropuerto de Seúl, en Corea del Sur, "una especie de supremo manifiesto ideológico en piedra", la "ciudad sin alma" descrita por Francesco Martone:
"Caminar entre esos altos edificios de acero y cristal, por esas carreteras semidesiertas que esperan llenarse de coches, es como vivir en un show de Truman de liberalismo sin límites" (1). Todas estas ciudades representan lo mismo: "el esfuerzo por crear un remanso de paz y protegerlo del enloquecido mundo exterior que genera ese mismo mundo del que intentamos protegernos" (p.31)
Zizek también cita, por supuesto, a Pankja Mishra, quien, como él, afirma justo lo contrario de Pinker con respecto al supuesto progreso de nuestro mundo globalizado: "En el siglo XXI, el antiguo hechizo del progreso universal --ya fuera a través del socialismo estilo occidental, o el capitalismo y la democracia --ha quedado decididamente roto. Resulta imposible mantener el supuesto, que se remontaba al siglo XIX, de que estas ideologías y técnicas universalistas vayan a taer un crecimiento infinito y estabilidad política"(p.34).
Según Zizek, "deberíamos reconocer el fracaso de la civilización occidental como modelo global y el fracaso de las naciones descolonizadas que intentaron emularlo (p.35)... No debería darnos miedo llegar hasta el final: el sistema legal del capitalismo global es, en sí mismo, la corrupción generalizada" (p.42).... La democracia es la democracia de los mercados, el permanente plebiscito de las fluctuaciones del mercado" (p.45). Está, pues, justo en las antípodas de lo que mantiene Pinker, cuyas ideas son claramente criticadas con estas palabras: "Los defensores del capitalismo a menudo señalan que, a pesar de todas las profecías críticas, el capitalismo en su conjunto, desde una perspectiva global, no está en crisis, sino que progresa más que nunca..., y la verdad es que no puedo sino estar de acuerdo con ellos... Definitivamente no está en crisis... quien está en crisis es la gente que se ve atrapada en su explosivo desarrollo" (p.52)
El capitalismo nos envuelve, y nos hace vivir su realidad como la única posible. En este sentido, Zizek menciona a otros autores como Jeremy Rifkin, Gerhard Schulze o Mark Slouka, que hablan de la última etapa del capitalismo como "capitalismo cultural" o "sociedad de la experiencia", en la misma línea que Vicente Verdú habla de "capitalismo de ficción": "queremos poseer cada vez más "experiencias vitales" y nos hemos convertido en consumidores de nuestras propias vidas" (p.50). El capitalismo tiene como pilar el crecimiento sin límites y la expansión constante, ignorando todos los daños colaterales (estamos en el período que Peter Sloterdijk denomina "Antropoceno", en el que ya no somos capaces de controlar nuestra actividad productiva)(2)
Zizek llega al corazón del sistema, a aquello que consideramos intocable: nuestra Democracia, de la que dice, siguiendo a Alain Badiou, que ha sido convertida en un fetiche, un intocable Absoluto: "es como si, al enfrentarnos a la realidad de la dominación y la explotación, de las luchas sociales brutales, siempre pudiéramos añadir: sí, pero tenemos democracia... Es la "ilusión democrática", la aceptación de los mecanismos democráticos como si estos proporcionaran el único marco posible, lo que impide la transformación radical de la sociedad" (p.61). Las democracias occidentales han sido raptadas por el capital, tal y como se demuestra con lo ocurrido con Grecia: "la deuda es el instrumento con el que controlar y regular al deudor...el auténtico objetivo de prestar dinero no es que te reembolsen la deuda con un beneficio, sino que la deuda se eternice para que el deudor se mantenga en una situación permanente de dependencia y subordinación" (p.91). Zizek compara las democracias occidentales con la situación en China, que según él se refleja a la perfección en las películas de Jia Zhangke. China también ha abrazado el capitalismo salvaje, integrándolo en una extraña mezcla de socialismo y confucianismo.
Para comprender la dificultad que tenemos para ver la realidad que nos rodea, Zizek acude al concepto de "transparencia" de Thomas Metzinger (3): "la transparencia es así una forma de especial de oscuridad: no somos capaces de ver algo porque es transparente; o más bien, vemos a través de ese algo" (p.118). Analizando la forma en la que la religión se interpone entre nosotros y la realidad, Zizek hace un buen resumen de tres posiciones epistemológicas posibles:
" 1- El absolutismo ontológico dogmático de la verdad (la verdad es directamente accesible a nuestra mente); 2- el relativismo histórico y cultural (la verdad es una construcción cultural y contingente); 3- eñ subjetivismo trascendental (existe una verdad universal y necesaria a priori, pero es la verdad de un sujeto trascendental lo que enmarca nuestro acceso a la realidad, no la verdad de la propia realidad" (p. 182)
La modernidad se basa en el relativismo subjetivista (desde que Descartes otorgó primacía a la epistemología sobre la ontología), por lo que las formas dogmáticas de ver el mundo son una salvación ante la inseguridad de la visión subjetivista. De esta forma, hay conexiones entre el materialismo dialéctico o la ortodoxia cristiana o musulmana, pues "son en definitiva reacciones tradicionalistas a la modernidad" (p.183). Zizek analiza el papel del islam en el mundo actual; el problema de los refugiados; la revolución LGTB (que se expande hasta LGTBTQIIAAP: Lesbiana, Gay, Bisexual, Transgénero, Queer, Indeterminado, Intersexual, Asexual, Aliados, Pansexual) y su total inmersión en el capitalismo global; la tentación de los populismos, Trump y el Brexit; el papel de la izquierda (citando especialmente a Frédéric Lordon (4) , que se basa en Spinoza como "el pensador capaz de emanciparnos de las ilusiones del libre albedrío y de la elección individual sin ataduras" (p.307)).
La conclusión del libro es la opuesta a la de Piker: la situación actual del mundo, según Zizek, nos lleva a la aceptación de la amenaza como nuestro destino: "si seguimos como hasta ahora estamos condenados, por muy prudentes que seamos... La solución consiste en ser plenamente conscientes de la explosiva serie de interconexiones que hacen que toda situación sea peligrosa. Una vez hecho esto, una vez que abracemos el coraje que acompaña a la desesperanza, debemos embarcarnos en la difícil y prolongada labor de cambiar las coordenadas de toda nuestra situación" (p.376)
________________________________________________
(1) http://www.other-news.info/2016/06/song-do-the-global-city-without-soul/
(2) Sloterdijk, P. 2018. ¿Qué sucedió en el siglo XX? Ed. Siruela
(3) Metzinger, T. Being No One; The Self-Model Teheory of Subjectivity. Cambridge MIT Press.
(4) Lordon, F. 2014. Willing Slaves of Capital: Spinoza and Marx on Desire. Verso Books.
Reseña (LA RAZON)
La valentía de la desesperanza (artículo de Zizek en EL MUNDO)
Para entender la relación de Zizek con Pinker o Harari:
"Feminismo, ideología y violencia: las razones detrás de la batalla detrás de los últimos bestsellers mundiales de la filosofía"
miércoles, 9 de enero de 2019
Incógnito
Eagleman, D. 2013. Incógnito. Las Vidas Secretas del Cerebro. Anagrama
(2012. Incognito. The Secret Lives of the Brain. Vintage)
Eagleman nos desmonta una de nuestras principales ilusiones: el libre albedrío. Esta ilusión ya ha sido analizada por otros neurocientíficos como Antonio Damasio, sobre todo. El autor nos recuerda cómo el hombre ha ido siendo destronado de ilusiones previas, por Galileo, Darwin, la física cuántica o la estructura del ADN, siendo la última la ilusión de que somos libres y dueños de nuestros actos: "La neurociencia ha demostrado que la mente consciente ya no es la que lleva el timón de nuestra vida. Apenas cuatrocientos años después de nuestra caída del centro del universo, hemos experimentado la caída del centro de nosotros mismos" (p.233).
Tras analizar las enfermedades neuronales, nuestra química cerebral, nuestro inconsciente, Eagleman concluye:
"El quid de la cuestión es si todos sus actos ocurren fundamentalmente en piloto automático o si existe alguna pequeña área en la que seamos "libres" de elegir, independientemente de las reglas de la biología... pero no encontramos ningún lugar del cerebro que no sea impulsado por otras partes de la red. Por el contrario, todas las partes del cerebro están densamente interconectadas con otras partes del cerebro, e impulsadas por estas, lo que sugiere que no existe ninguna parte independiente y por tanto, "libre". Así pues, según nuestros conocimientos científicos actuales, no hay manera de encontrar el espacio físico en el que colocar el libre albedrío --la causa incausada--, porque no parece haber ninguna parte de la maquinaria que no siga una relación causal con las otras partes" (p.201).
Se trata de un libro de neurocienciencia, pero no se dejan de citar numerosos filósofos para analizar cómo la filosofía ha ido poco a poco apuntando en esta dirección, hacia ese destronamiento, hasta llegar al desconcierto de algunos filósofos producido por la falta de sentido a la que pueden llevar estas progresivas desilusiones: "Filósofos como Heidegger, Jaspers, Shestov, Kierkegaard y Husserl se esforzaron por abordar la falta de sentido que estos destronamientos parecían haber causado. Albert Camus, en su libro de 1942 El Mito de Sísifo, presentó su filosofía del absurdo, en la que el hombre busca sentido en un mundo básicamente sin sentido" (p. 235)
Pero Eagleman no ve este destronamiento como algo terrible, sino todo lo contrario: "Cada descubrimiento nos ha enseñado que la realidad supera con mucho la imaginación y las conjeturas humanas. Todos estos avances han rebajado el poder de la intuición y la tradición como oráculo de nuestro futuro, sustituyéndolo por ideas más productivas, realidades más grandes y nuevos niveles de sobrecogimiento" (p.236).
Llama la atención que Eagleman no cite a filósofos clásicos como Spinoza o actuales como Comte-Sponville, que le han dedicado tantas páginas al libre albedrío, y que han llegado a una conclusión similar: el libre albedrío no es más que una ilusión, y así hemos de aceptarlo: "El hombre, dice Spinoza, no es un "imperio dentro de otro imperio": formamos parte de la naturaleza, cumplimos su orden y nadie escapa de sí mismo, del mundo, ni tampoco de la verdad. "El alma y el cuerpo son una sola misma cosa" que no se elige, y los hombres solo se creen libres (conscientes de que lo son de sus acciones) cuando ignoran las causas que les hacen desear o querer: llaman "libre" a este efecto -- a su voluntad, del cual ignoran las causas. Pues son ignorantes de casi todo y, en primer lugar, de sí mismos, de su cuerpo y de su historia" (1)
Entre la ilusión y la realidad, el ser humano debe abrazar siempre ésta última sin sentir que avanza hacia su progresiva humillación, sino hacia el asombro y el conocimiento, huyendo de la ignorancia, con el objeto de ser engañado lo mínimo posible.
__________________________________________
(1) Comte-Sponvillle, A. 2009. Vivir. Tratado de la desesperanza y la felicidad/2. Mínimo Tránsito (p.88), citando la Ética de Spinoza.
Reseña (EL PAIS)
Review (The Guardian)
Review (The Independent)
Review (The Brain Blog)
David Eagleman webpage reviews
(2012. Incognito. The Secret Lives of the Brain. Vintage)
Eagleman nos desmonta una de nuestras principales ilusiones: el libre albedrío. Esta ilusión ya ha sido analizada por otros neurocientíficos como Antonio Damasio, sobre todo. El autor nos recuerda cómo el hombre ha ido siendo destronado de ilusiones previas, por Galileo, Darwin, la física cuántica o la estructura del ADN, siendo la última la ilusión de que somos libres y dueños de nuestros actos: "La neurociencia ha demostrado que la mente consciente ya no es la que lleva el timón de nuestra vida. Apenas cuatrocientos años después de nuestra caída del centro del universo, hemos experimentado la caída del centro de nosotros mismos" (p.233).
Tras analizar las enfermedades neuronales, nuestra química cerebral, nuestro inconsciente, Eagleman concluye:
"El quid de la cuestión es si todos sus actos ocurren fundamentalmente en piloto automático o si existe alguna pequeña área en la que seamos "libres" de elegir, independientemente de las reglas de la biología... pero no encontramos ningún lugar del cerebro que no sea impulsado por otras partes de la red. Por el contrario, todas las partes del cerebro están densamente interconectadas con otras partes del cerebro, e impulsadas por estas, lo que sugiere que no existe ninguna parte independiente y por tanto, "libre". Así pues, según nuestros conocimientos científicos actuales, no hay manera de encontrar el espacio físico en el que colocar el libre albedrío --la causa incausada--, porque no parece haber ninguna parte de la maquinaria que no siga una relación causal con las otras partes" (p.201).
Se trata de un libro de neurocienciencia, pero no se dejan de citar numerosos filósofos para analizar cómo la filosofía ha ido poco a poco apuntando en esta dirección, hacia ese destronamiento, hasta llegar al desconcierto de algunos filósofos producido por la falta de sentido a la que pueden llevar estas progresivas desilusiones: "Filósofos como Heidegger, Jaspers, Shestov, Kierkegaard y Husserl se esforzaron por abordar la falta de sentido que estos destronamientos parecían haber causado. Albert Camus, en su libro de 1942 El Mito de Sísifo, presentó su filosofía del absurdo, en la que el hombre busca sentido en un mundo básicamente sin sentido" (p. 235)
Pero Eagleman no ve este destronamiento como algo terrible, sino todo lo contrario: "Cada descubrimiento nos ha enseñado que la realidad supera con mucho la imaginación y las conjeturas humanas. Todos estos avances han rebajado el poder de la intuición y la tradición como oráculo de nuestro futuro, sustituyéndolo por ideas más productivas, realidades más grandes y nuevos niveles de sobrecogimiento" (p.236).
Llama la atención que Eagleman no cite a filósofos clásicos como Spinoza o actuales como Comte-Sponville, que le han dedicado tantas páginas al libre albedrío, y que han llegado a una conclusión similar: el libre albedrío no es más que una ilusión, y así hemos de aceptarlo: "El hombre, dice Spinoza, no es un "imperio dentro de otro imperio": formamos parte de la naturaleza, cumplimos su orden y nadie escapa de sí mismo, del mundo, ni tampoco de la verdad. "El alma y el cuerpo son una sola misma cosa" que no se elige, y los hombres solo se creen libres (conscientes de que lo son de sus acciones) cuando ignoran las causas que les hacen desear o querer: llaman "libre" a este efecto -- a su voluntad, del cual ignoran las causas. Pues son ignorantes de casi todo y, en primer lugar, de sí mismos, de su cuerpo y de su historia" (1)
Entre la ilusión y la realidad, el ser humano debe abrazar siempre ésta última sin sentir que avanza hacia su progresiva humillación, sino hacia el asombro y el conocimiento, huyendo de la ignorancia, con el objeto de ser engañado lo mínimo posible.
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(1) Comte-Sponvillle, A. 2009. Vivir. Tratado de la desesperanza y la felicidad/2. Mínimo Tránsito (p.88), citando la Ética de Spinoza.
Reseña (EL PAIS)
Review (The Guardian)
Review (The Independent)
Review (The Brain Blog)
David Eagleman webpage reviews
lunes, 7 de enero de 2019
Don Juan Tenorio
Zorrilla, J. 1979. (7ª ed.) Don Juan Tenorio. Taurus.
Clement Rosset afirma, cuando analiza las bases de la locura, que "tomar en consideración lo que no existe, actitud característica de la sensibilidad romántica, si se la considera en un sentido muy amplio e intemporal, es también y ante todo el principio general de toda locura" (1). La locura nos hace crear fantasmas, que son necesarios si queremos mantener la diferencia entre un hombre y su cadáver: "Tomad mi cuerpo, os pertenece; pero dejad de lado, os lo ruego, esta parte de mí que no está muerta y no os pertenece. No enterréis mi fantasma" (2).
Los espectros aparecen para demostrarnos que hay algo más allá de la muerte, y nos recuerdan la existencia de otra vida diferente a esta. Don Juan, al igual que Hamlet, ve espectros. No uno, sino muchos. Y además, en un principio, les planta cara y no se amilana ante ellos. A diferencia de Hamlet, no es cobarde, ni depresivo, ni dubitativo, ni procrastinador, ni triste. Dice de él Camus:
"¿Don Juan es triste? No es verosímil. Apenas apelaré a la crónica. Esa risa, la insolencia victoriosa, esos saltos y la afición a lo teatral son claros y alegres. Todo ser sano tiende a multiplicarse. Así le sucede a Don Juan. Pero, además, los tristes tienen dos motivos para estarlo: ignoran o esperan. Don Juan sabe y no espera...Esta vida le colma y nada es peor que perderla. Este loco es un gran sabio" (El Mito de Sísifo).
La ristra de adjetivos que tanto Tirso de Molina como Zorrilla le regalan es opuesta a los que se le podrían atribuir a Hamlet, e infinita, como hace ver García Pavón en el prólogo a esta edición: "castigo de mujeres, engañador, gozador, cruel, burlador de España, langosta de mujeres, Lucifer, profanador, víbora, traidor, cobarde, vil caballero, desatinado, hijo inovediente, de maldad ligera, fiero enemigo, homicida de honras, alevoso, detestable, loco, pirata, diablo en carne mortal, peor que el fuego, aborto del abismo, jugador con ventura, monstruo, vil, audaz y malvado, orgullo necio de necio desenfreno, monstruo de liviandad, hijo de Satanás, libertino, sin alma, sin corazón, una furia, osado, hombre infernal, alma impura, calavera, escandaloso, engañador, atropellador de razón, escarnecedor de virtud, burlador de la justicia, vendedor de mujeres, orgulloso, demonio".
¿Cuál es el peor castigo que se le puede infligir a un ser así? Ya que no obedece por las buenas, habrá que volverle loco, hacerle confundir la realidad con la imaginación. Esa es la venganza que se ejerce sobre Don Juan. Es algo así como la lobotomía que se le practica a Randle MacMurphy, un espíritu libre que nada a contracorriente, en Alguien Voló sobre el Nido del Cuco o la tortura practicada sobre Winston Smith en 1984 hasta que declara su amor al Gran Hermano. Los tres son salvados a costa de hacerles perder su lucidez y su contacto con la realidad. Por eso es por lo que podemos llegar a sentir compasión por un ser tan vil y despreciable. Las palabras de Don Juan suplicándole al espectro de doña Inés reflejan el desconcierto y aturdimiento que siente ante la aparición de tantos espectros:
"Tente, doña Inés, espera.
Y si me amas en verdad,
hazme, al fin, la realidad
distinguir de la quimera.
Alguna más duradera
señal dame, que segura
me pruebe que no es locura
lo que imagina mi afán,
para que baje don Juan
tranquilo a la sepultura.
Mas ya me irrita, ¡por Dios!
verme de todos burlado,
corriendo desatentado
siempre de sombras en pos" (p. 366)
Más tarde, en el panteón, dice:
¡Jamás creí en fantasmas...! ¡Desvaríos!
Más del fantasma aquel, pese a mi aliento,
los pies de piedra caminando siento,
por doquiera que voy, tras de los míos.
¡Oh! Y me trae a este sitio, irresistible,
misterioso poder...
¡Falta de allí su estatua...! Sueño horrible,
déjame de una vez... ¡No, no te creo!
Sal, huye de mi mente fascinada,
fatídica ilusión... Estás en vano
con pueriles asombros empeñada
en agotar mi aliento subrehumano.
Si todo es ilusión, mentido sueño,
nadie te ha de aterrar con trampantojos;
si es realidad, querer es necio empeño
aplacar de los cielos los enojos.
No; sueño o realidad, del todo anhelo
vencerle o que me venza; y si piadoso
busca tal vez mi corazón el cielo,
que le busque más franco y generoso.
La efigie de esa tumba me ha invitado
a venir a buscar prueba más cierta
de la verdad en que dudé obstinado...
Heme aquí, pues; Comendador, despierta" (p.374)
Don Juan es presa de la peor tortura: no consigue diferenciar ilusión de realidad, él, que ha sido el hombre más realista y apegado a la tierra. Actualmente, desde Freud, son voces internas las que nos torturan, como la de de Riggan en Birdman, o la de Herbal en El Lápiz del Carpintero. Antes, en el Romanticismo, eran espectros. Ante ellos, finalmente, Don Juan cede, pasa por el aro, se rinde y cree. Solo la locura le salva de ser condenado.
______________________________________________
(1) Rosset, C. 2008. Principios de Sabiduría y de Locura. Marbot Ediciones (p. 83)
(2) Ibid., p.156
Don Juan, ante el milenio
jueves, 20 de diciembre de 2018
La Verdad de las Mentiras
Vargas Llosa, M. 2011. La Verdad de las Mentiras. Alfaguara.
El libro es una apología de la ficción, algo que el ser humano necesita para evadirse de la realidad que le constriñe: "Los hombres no están contentos con su suerte y casi todos -- ricos o pobres, geniales o mediocres, célebres u oscuros -- quisieran una vida distinta de la que viven. Para aplacar -- tramposamente -- ese apetito nacieron las ficciones. Ellas se escriben y se leen para que los seres humanos tengan las vidas que no se resignan a no tener. En el embrión de toda novela bulle una inconformidad, late un deseo insatisfecho" (p.16)
La ficción, y la novela en particular, no atiende a la verdad o a la realidad objetiva; contiene su propia verdad y su propia realidad que ha de cautivarnos para convencernos de que entremos en ella. Es, por tanto, una forma de ilusión, pues la verdad de la novela depende "de su propia capacidad de persuasión, de la fuerza comunicativa de su fantasía, de la habilidad de su magia. Toda buena novela dice la verdad y toda mala novela miente. Porque "decir la verdad" para una novela significa hacer vivir al lector una ilusión y "mentir" ser incapaz de lograr esa superchería... Arte "enajenante", es de constitución antibrechteriana: sin "ilusión" no hay novela" (p.21).
En otras entradas de este blog nos hemos preguntado: ¿es sana la necesidad del ser humano de evadirse de la realidad? ¿Dónde hunde sus raíces esta necesidad? ¿Es conveniente fomentarla e intentar escapar de lo real, o es más cuerdo y sensato permanecer lúcido luchando por derribar engaños, miedos e ilusiones? Vargas Llosa responde con claridad a estas preguntas:
"... Querer ser distinto de lo que se es ha sido la aspiración humana por excelencia. De ella resultó lo mejor y lo pero que registra la historia. De ella han nacido también las ficciones... el reducto asfixiante que es nuestra vida real se abre y salimos a ser otros... sueño lúcido, fantasía encarnada, la ficción nos completa, a nosotros, seres mutilados a quienes ha sido impuesta la atroz dicotomía de tener una sola vida y los apetitos y fantasías de desear mil. Este espacio entre nuestra vida real y los deseos y las fantasías que le exigen ser más rica y diversa es el que ocupan las ficciones." (p.23)
Por tanto, según Vargas Llosa, el hombre necesita escapar y evadirse de la realidad para poder seguir viviendo. La ilusión y la ficción son necesarias como bálsamo que alivie la dureza de la realidad. No sólo no debemos evitar la fantasía, sino que es la forma que tenemos de sobrevivir a la verdad y a lo real. "Esta es la verdad que expresan las mentiras de las ficciones: las mentiras que somos, las que nos consuelan y desagravian de nuestras nostalgias y frustraciones... el regreso a la realidad es siempre un empobrecimiento brutal: la comprobación de que somos menos de lo que soñamos" (p.23)
Pero entonces, ¿es positiva o negativa esta fuga de la realidad? Si al final no nos queda más remedio que volver a ella, ¿no es más grande la caída, la desilusión y el desengaño si nos hemos permitido soñar con lo imposible? Según Vargas Llosa, es positivo y necesario pues es una forma de vivir nuestra libertad y nuestra rebeldía, es una manera de rebelarse ante la realidad, y esa es la razón por la que la ficción siempre ha sido echada al fuego por inquisidores y regímenes totalitarios:
"Los inquisidores españoles entendieron el peligro. Vivir las vidas que uno no vive es fuente de ansiedad, un desajuste con la existencia que puede tornarse rebeldía, actitud indócil frente a lo establecido... Salir de sí mismo, ser otro, aunque sea ilusoriamente, es una manera de ser menos esclavo y de experimentar los riesgos de la libertad" (p.24).
La ficción, es por lo tanto, una forma de no aceptación de la realidad, que nos pone en tensión, en estado de lucha, en movimiento, en actitud de rebelión puesto que nos muestra ilusiones y posibilidades que quizás no habíamos vislumbrado. Nos saca de nuestra zona de confort y nos muestra otros mundos posibles, apartados de nuestra realidad y en muchas ocasiones inalcanzables. Nuestra mente ha sido dotada del don de la fantasía y no podemos escapar de él. Gracias a este don, hemos elaborado los mitos, las leyendas, las religiones, el arte, la literatura. Nos guste o no, con todas las contrapartidas que tenga, la ilusión es parte fundamental de la definición de ser humano: "Porque la vida real, la vida verdadera, nunca ha sido ni será bastante para colmar los deseos humanos... La fantasía de que estamos dotados es un don demoníaco. Está continuamente abriendo un abismo entre lo que somos y lo que quisiéramos ser, entre lo que tenemos y lo que deseamos" (p. 31).
Este es el gran valor de la literatura, que Vargas Llosa vuelve a subrayar en el epílogo que cierra el libro: "...en ese milagroso intervalo, en esa suspensión provisional de la vida en que nos sume la ilusión literaria.. somos otros. Más intensos, más ricos, más complejos, más felices, más lúcidos, que en la constreñida rutina de nuestra vida real". (p.456)
El libro incluye una colección de 35 reseñas siguiendo la línea apuntada en este prólogo, siendo cada una un ensayo en sí misma defendiendo la importancia de la ficción en nuestras vidas. La reseña sobre los Siete Cuentos Góticos de la baronesa Isak Dinesen termina con una frase que me parece especialmente relevante para este blog:
"Al hacer de la literatura un viaje hacia lo imaginario, la frágil baronesa de Rungstedlund no rehuía responsabilidad moral alguna. por el contrario, contribuía -- distrayendo, hechizando, divirtiendo -- a que los seres humanos aplacaran una necesidad tan antigua como la de comer y adornarse: el hambre de irrealidad" (p.185)
Me pregunto: ¿no es este hambre de irrealidad la que sustenta la estupidez y la credulidad, la que permite el ascenso de populismos y utopías descabelladas, la que favorece la expansión de "fake news" y bulos en las redes, la que inventa prejuicios y refuerza estereotipos, la que utilizan demagogos y timadores, la misma en la que se sustenta el "capitalismo de ficción"?
Por todo esto, para mí el valor de la ficción, la literatura y el arte en general no radica en su condición de vehículo de huida de la realidad, sino todo lo contrario, en su contribución al conocimiento de la naturaleza y la realidad humanas por caminos por lo que no es posible transitar a través de la ciencia, la filosofía o el reportaje periodístico. Porque, y aquí coincido plenamente con Vargas Llosa, también nos muestra la verdad oculta de nuestra existencia de una manera soslayada e indirecta que nos la hace más soportable. Paradójicamente, lo que por un lado nos aleja de la realidad también nos acerca a ella por otros caminos: "... las novelas, aunque cotejadas con la historia, mientan, nos comunican unas verdades huidizas que escapan siempre a los descriptores científicos de la realidad... la verdad escondida en el corazón de las mentiras humanas" (p.27).
Reseña
Reseña 2
Elogio de la lectura y la ficción (Vargas Llosa)
Libros comentados
- El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, 1902.
- Nadja de André Breton, 1928.
- La condición humana de André Malraux, 1933.
- Siete cuentos góticos de Karen Blixen, 1934.
- El cero y el infinito de Arthur Koestler, 1940.
- La granja de los animales de George Orwell, 1945.
- El reino de este mundo de Alejo Carpentier, 1949.
- El fin de la aventura de Graham Greene, 1951.
- El viejo y el mar de Ernest Hemingway, 1952.
- Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi, 1994.
sábado, 8 de diciembre de 2018
Heart of Darkness
Conrad, J. 1983. Heart of Darkness. Penguin (first published in 1902)
La lectura del libro de Kapuscinski sobre África, Ébano, me ha llevado a nueva relectura del libro de Conrad. ¿Es posible llegar al corazón de una realidad tan diferente a la cotidiana? Si es imposible llegar a la insondable profundidad del corazón de uno mismo, cuánto más lo será llegar al fondo del corazón de otra persona, y aún más, de un continente entero. He ahí el verdadero viaje del libro de Conrad: el intento de llegar al corazón del misterio, de lo inimaginable, de la inagotable realidad.
Cuando emprendemos ese viaje, debemos estar dispuestos a encontrarnos con los monstruos y dragones que habitan en el centro del alma humana.
Cuando salimos del estrecho cerco de la realidad que nos circunda cada día y en la que nos movemos como peces en el agua, comenzamos a sentir la sensación de extrañeza, que posteriormente desemboca en otra aún más profunda de perplejidad y finalmente, de absurdidad. Esta sensación de perplejidad, bien estudiada por Clement Rosset, aparece tarde o temprano en todos los viajeros, exploradores y reporteros que se aventuran en África, como ya sabemos por Kapuscinski, Vicente Romero o Paul Bowles. Es la sensación que produce la realidad desnuda e incomprensible, pues escapa a toda lógica, a todo sentido, a toda razón. Es también la absurdidad de Camus.
Nuestra realidad cotidiana nos impide llegar al corazón del misterio, pues el medio se vuelve transparente y creemos que aquello que nos rodea es lo único real y que no hay otra luz y otro aire que aquellos con los que vemos y respiramos. Por eso, cuando nos enfrentamos a una realidad totalmente diferente, comenzamos a sentir la sensación opuesta: sensación de irrealidad. Es como introducirse en un sueño o una pesadilla, y nos pellizcamos para ver si lo que vemos es cierto. No habria que irse a África para experimentarlo: bastaría con acercarse a cualquiera de los mundos que tenemos ahí al lado y a los que jamás nos asomamos: barrios deprimidos, pateras que naufragan, cárceles infectas, infiernos de la droga.
Dice Marlow: "It seems to me I am trying to tell you a dream -- making a vain attempt, because no relation of a dream can convey the dream-sensation, that commingling of absurdity, surprise, and bewilderment in a tremor of struggling revolt, that notion of being captured by the incredible which is of the very essence of dreams" (p.57).
Marlow llega al corazón de Kurtz e, indirectamente, al corazón de Africa, y sólo encuentra una palabra que pueda describir la experiencia: el horror. Una experiencia imposible de transmitir y compartir. Cuando vuelve a Londres, a la "realidad" occidental, se da cuenta de que es una tarea absurda intentar acercar una realidad a la otra:
"I found myself back in the sepulchral city resenting the sight of people hurrying through the streets to filch a little money from each other, to devour their infamous cookery, to gulp thier unwholesome beer, to dream their insignificant and silly dreams... I felt so sure they could not possibly know the thing I knew" (p.113).
Por eso, cuando se encuentra con la prometida de Kurtz para contarle su experiencia, no consigue decirle la verdad, y le disfraza la realidad para hacerle creer que las últimas palabras de Kurtz fueron para ella. Por un lado, quizás se tratase de una mentira piadosa. Pero por otro lado, no sea más que el reconocimiento de la impotencia para comunicar una realidad tan ajena a la propia. Como dice Vargas Llosa en su ensayo sobre el libro, "fue, sobre todo, la aceptación de que hay verdades tan intolerables en la vida que justifican las mentiras" (p.52).
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Vargas Llosa, M. 2002. La Verdad de las Mentiras. Alfaguara.
The Telegraph review
The New Yorker review
The Guardian review
Book online
In our time (BBC radio programme about the book)
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