Los equívocos caminos de la ilusión y la realidad a través de la filosofía, la literatura, el cine, el arte, el periodismo y la ciencia
jueves, 26 de septiembre de 2019
La Llamada de la Tribu
Vargas Llosa, M. 2019. La LLamada de la Tribu. Penguin Random House (Debolsillo)
La lectura de un libro de orientación marxista sobre las utopías, El Principio Esperanza, de Ernst Bloch, me ha hecho volver la vista hacia sus antípodas, siguiendo el juicioso consejo de leer libros ideológicamente opuestos para abordar la realidad desde ángulos diversos. De esta forma ha caído en mis manos esta apología del liberalismo político y económico donde Vargas Llosa repasa los principios de sus referentes ideológicos.
Vargas Llosa comienza con una introducción en la que explica su evolución ideológica desde el marxismo hasta el liberalismo, llegando a ensalzar a Margaret Thatcher y Ronald Reagan, a los que considera "los más importantes estadistas de su tiempo". Ese momento de la introducción es el más difícil de superar para los que tenemos una opinión absolutamente opuesta sobre estos políticos. Una vez tragada la píldora, comienzan los capítulos dedicados a los pensadores Adam Smith, José Ortega y Gasset, Friedrich August von Hayek, Karl Popper, Raymond Aaron, Isaiah Berlin y Jean-François Ravel. Todos son interesantes, pero aquí quiero detenerme en los dos que me han resultado más sugerentes desde el punto de vista de sus ideas sobre cómo analizar la realidad: Karl Popper e Isaiah Berlin.
Popper hace un alegato contra todas las doctrinas y teorías opuestas a la libertad humana en La Miseria del Historicismo y La Sociedad Abierta y Sus Enemigos. Tres son para Popper los grandes malvados: Platón, Hegel y Marx. Según él, Platón y su República están en la raíz de todos los autoritarismos, pues ensalza el despotismo esclavista y racista y el colectivismo y la cultura cerrada de la tribu. Hegel y Marx enlazan con esta tendencia al hacer del historicismo un nuevo dios: la creencia de que la historia obedece a leyes inflexibles y puede ser tratada como una ciencia.
De Popper me atrae su forma de plantearse el acceso a la verdad: la verdad es siempre provisional y dura solo mientras no es refutada. La verdad es frágil, debe estar continuamente bajo sospecha, sometida a prueba, siendo "falseada"; es solo una hipótesis de trabajo, un castillo de naipes que se derrumba una y otra vez. Popper no es, sin embargo, escéptico: cree en una realidad objetiva independiente de la mente humana. Pero el acercamiento a ella nunca debe ser definitivo, sino progresivo. Hemos de estar siempre dispuestos a rectificar, en todos los ámbitos, tanto en el científico como en el social. Por ello Popper defiende el piecemeal approach para los cambios sociales, nunca la revolución basada en utopías. Las verdades fosilizadas llevan a la fe, la magia, la metafísica, los irracional, lo tribal y finalmente al autoritarismo. La separación de la verdad y la mentira es un trabajo constante sin logros definitivos. Es necesario admitir que lo que creemos verdad hoy puede no serlo mañana y estar dispuesto a admitirlo. La ingeniería utópica que pretende cambiar la realidad siguiendo una verdad y un modelo preestablecido se desconecta de la realidad, a la que considera un obstáculo para su fin. Popper está radicalmente en contra de todas las ideologías utópicas, mesiánicas y revolucionarias que creen detectar un fin o esperanza común en la historia de los seres humanos.
Para Popper, la historia no está escrita de antemano, es una ilusión pensar que es posible predecir su curso. Quien crea que está en posesión de una fórmula que la determine está fabricando una construcción irreal, una entelequia que no es más que un acto de fe. La historia no está regida por leyes científicas, sino que es un relato humano que pretende poner orden en el caos de acontecimientos. "La concepción de la historia que tiene Popper se parece como una gota de agua a otra a lo que siempre he creído que es una novela: una organización arbitraria de la realidad humana que defiende a los hombres contra la angustia que les produce intuir el mundo, la vida, como un vasto desorden", (p.179-180), escribe Vargas Llosa. La historia no es una ciencia, es algo más parecido a una novela, que intenta ordenar un mundo sin sentido ni dirección predefinidos.
Por otra parte, de Isaiah Berlin me ha atraído su profundo respeto por las ideas del enemigo, "la escrupulosa limpieza moral con que analiza, expone, resume y cita el pensamiento de los demás, atendiendo todas sus razones, considerando los atenuantes" (p. 237). Dedicó sus mayores empeños a estudiar la obra de sus enemigos ideológicos. "El liberalismo de Berlin consistió, sobre todo, en el ejercicio de la tolerancia, en un permanente esfuerzo de comprensión del adversario ideológico" (p. 276), apunta Vargas Llosa, citando a continuación al propio Berlin: "es aburrido leer a los aliados, a quienes coinciden con nuestro punto de vista. Más interesante es leer al enemigo, al que pone a prueba la solidez de nuestras defensas. Lo que, en verdad, me ha interesado siempre, es averiguar qué tiene de flaco, de débil o de erróneo las ideas en las que creo" (p. 276). Un sabio principio al que me adhiero por completo.
Berlin pensaba que las ideas son las que deben someterse cuando entran en contradicción con la realidad humana, y no al revés. Según él, debemos estar dispuesto a admitir lo que denominaba "verdades contradictorias", es decir, verdades con su cara y su cruz, pues no existe una única verdad a la cual haya que rendir pleitesía, ya que siempre lleva en su seno su opuesto y su contrapartida. Por ejemplo, la libertad es fuente de desigualdades y la igualdad impuesta conduce al autoritarismo. No hay una sola respuesta a los problemas con los que nos enfrenta la realidad: es por ello que hemos de estar constantemente alertas, sometiendo a prueba continuamente nuestras ideas, leyes y valores. Hemos de cuidarnos de los ideales colectivos que arrasan con todo lo que les impide el camino.
Hay otra idea de Isaiah Berlin con respecto a la forma en que captamos la realidad que me ha resultado especialmente atractiva. Es la división de los seres humanos en zorros y erizos, siguiendo un fragmento del poeta griego Arquiloco: "El zorro sabe muchas cosas, pero el erizo sabe una gran cosa". Así, están los que poseen una versión centrípeta de la realidad, una visión centrada, sistematizada. Esos son los erizos: Dante, Platón, Hegel, Nietzsche, por ejemplo. Por otra parte, están los que tienen una visión centrífuga, dispersa, múltiple, contradictoria, inapresable. Esos son los zorros: Shakespeare, Aristóteles, Montaigne, Molière, Balzac, Joyce, y el mismo Isaiah Berlin. En todo erizo hay un fanático y en todo zorro un escéptico. Según Vargas Llosa, "todos los zorros vivimos envidiando siempre a los erizos. Para éstos la vida es más vivible... sufrir y morir resultan menos difíciles e intolerables -- a veces, fáciles -- cuando uno se siente poseedor de una verdad universal y central, una pieza nítida dentro de ese mecanismo que es la vida y cuyo funcionamiento cree conocer". (p. 265).
Yo también me declaro zorro, pues opino que la creencia en una verdad nítida y universal no es más que una ilusión creada para sobrevivir a la realidad.
Reseña 1
Reseña 2
Reseña 3
Reseña 4
Reseña 5
Entrevista (EL PAIS)
domingo, 22 de septiembre de 2019
The Memory Illusion
Shaw, Julia. 2016. The Memory Illusion. Remembering, Forgetting and the Science of False Memory. Random House.
Otro libro más en la línea de A Mind of Its Own de Cordelia Fine, Incógnito de David Eagleman o El Cerebro nos Engaña de Francisco Rubia, que nos hace conscientes de las limitaciones de nuestro cerebro para ver la realidad tal cual es y de su habilidad para crear una realidad alternativa. En este caso, la ilusión se centra en los laberintos de la memoria y los falsos recuerdos. Creemos recordar la realidad tal cual es, pero es muy conveniente estar prevenidos acerca de la gran cantidad de recuerdos que creemos verdaderos pero que han sido creados, embellecidos, reconstruidos o falseados.
La película Blade Runner, nos hizo reflexionar, a propósito del vértigo existencial que sienten los replicantes cuando son advertidos de la falsedad de sus recuerdos, sobre la importancia de nuestros recuerdos a la hora de construir nuestra identidad y percibir la realidad. A partir de aquella reflexión dimos con este libro que analiza pormenorizadamente las ilusiones de la memoria. La autora se denomina a sí misma una "memory hacker", por los experimentos realizados que demuestran que no solo modificamos inconscientemente nuestros recuerdos, sino que podemos ser víctimas de agentes externos que los modifiquen de forma intencional, que es lo más preocupante. "I have convinced people they have committed crimes that never occurred, suffered from a physical injury they never had. or were attacked by a dog when no such attack ever took place" (introduction p. xiv).
Julia Shaw habla de las memorias "imposibles" que creemos tener procedentes de nuestra infancia y que provienen en realidad de fotografías o relatos de nuestros padres. También se analizan los recuerdos generados por una falsa percepción, ya que tendemos a filtrar la realidad a través de esquemas previos e ideas preconcebidas. Los estados de ánimo, los niveles de estrés y excitación también son claves para distorsionar los recuerdos. La falsificación de recuerdos es especialmente activa con respecto a la temporalización, rapidez o ralentización de la realidad. Es posible que los recuerdos sean inicialmente correctos, pero cada vez que los rememoramos, son proclives a ser modificados. Se citan experimentos realizados con animales que demuestran que la manipulación química llevada a acabo en el momento de instaurar el recuerdo o de rememorarlo, también puede contribuir a la falsificación de los mismos. Una de las razones por las que es posible manipular los recuerdos es porque estos se almacenan en múltiples lugares y atendiendo a múltiples factores (emocionales, lingüísticos, visuales, acústicos, etc) y a la hora de recordar, todos esos factores pueden ser recombinados de formas muy diversas.
Un capítulo está dedicado a las personas con una memoria autobiográfica excepcional (HSAMs), a los que tienen una increíble memoria fotográfica o al caso particular de los autistas. En todos los casos tener una memoria fuera de lo común es más bien un problema y no una bendición: "forgetting is probably one of the most important things the brains will do" (p.102). La bendición es, en muchos casos, el olvido.
La atención tiene una importancia clave en la memoria. La autora descarta todo aprendizaje llevado a cabo durante el sueño o por hipnosis, pero sí concede importancia a aquellos recuerdos adquiridos de forma subliminal, fuera del foco de la atención consciente. El sueño sí tiene un papel crucial a la hora de consolidar y reforzar la memoria.
Un asunto al que Julia Shaw dedica gran parte del libro es a la memoria de los testigos. Pone en tela de juicio la fiabilidad de la memoria para recordar rostros y acontecimientos delictivos, que ha causado y sigue causando que muchos inocentes terminen en la cárcel. También demuestra como el compartir nuestros recuerdos con otros, y ponerse en la tarea de rememorar a la vez, es una potente fuente de distorsiones. Verbalizar nuestros recuerdos también contribuye a su falseamiento, ya que el lenguaje modifica necesariamente la realidad. De la misma forma, la visión de fotografías es otro agente activo en la creación de falsos recuerdos. Pero es que además los falsos recuerdos se pueden instaurar artificialmente desde fuera. La autora explica el experimento en el que indujo a varias personas a creer que habían perpetrado delitos que jamás habían cometido.
Especialmente interesante por su actualidad es el capítulo dedicado las redes sociales. El hecho de que estamos permanentemente proyectando nuestras memorias en las redes, colgando fotos e historias que no coinciden exactamente con la realidad, va construyendo una segunda realidad que termina por ocupar el lugar de la verdadera en nuestra memoria colectiva. Cualquier evento en el que participamos es inmediatamente compartido, y finalmente no sabemos qué fue lo que realmente vivimos nosotros y qué fue los que vivieron los demás, pues todo se mezcla. "The distinction between public memory and private memory ...has been blurred to the point of erasure" (p.197). "Transactive memories, like our online interactions, are memories that are collectively formed, updated, and perhaps most importantly of all, stored" (p.203). El hecho de estar realizando varias tareas mientras estamos con el móvil o de saber que toda la información está disponible en Google, también está alterando de forma aún no evaluada por completo la manera en que memorizamos, falseamos y accedemos a los recuerdos.
El capítulo dedicado a los acontecimientos ocurridos en Massachusetts en 1984 sobre abusos sexuales nos hace conscientes de los peligros de las técnicas de regresión e hipnosis a la hora de intentar sacar a la luz recuerdos que supuestamente están reprimidos. Julia Shaw está totalmente en contra de Freud y sus teorías, que denomina pseudocientíficas, acerca de los recuerdos de abusos sexuales sufridos en la infancia y ocultos en nuestro inconsciente y la terapia de regresión que supuestamente los libera. Según Julia Shaw y otros investigadores como Elizabeth Loftus, realmente esta terapia crea las condiciones ideales para la generación de falsos recuerdos, que pueden generar situaciones de histeria colectiva parecidas a la famosa caza de brujas de Salem, Massachusetts de 1692 y 1693. "What we do argue is that suggestive and leading interview techniques can lead to the false recall of terrible things" (p.235). Amenábar realizó en 2015 la película Regression basándose en estos sucesos reales, en los que todo un país llegó a creerse una ilusión colectiva basándose en falsos recuerdos obtenidos a partir de la terapia de la regresión (ver trailer abajo).
Ser conscientes de todas estas ilusiones de la memoria nos puede ayudar a no caer en las trampas que nos tienden los falsos recuerdos, a ser más comprensivos y compasivos con aquellos a los que quizás hemos juzgado como mentirosos y a ser especialmente cauteloso con todo lo relacionado con la memoria de testigos. Además, nos ayuda a poner más énfasis en nuestro presente y diluir un poco la importancia a veces excesiva y solidificada que damos a nuestro pasado.
Finalmente, podemos preguntarnos: ¿cuál es el beneficio de tener una memoria tan flexible y difusa? Quizás su beneficio reside en que su versatilidad permite la creatividad y la posibilidad de elegir aquella versión de lo ocurrido que más se aviene a lo que nos conviene. Si no pudiéramos modificar nuestros recuerdos, seriamos esclavos de la realidad y no habría ninguna rendija por donde escapar de la cárcel de la verdad cuando ésta nos atormenta. "This introduces a flexible creativity into reality...we can actively weave the life we want in ways that maximise our happiness and the happiness of those around us. It allows us to treat life with a sense of magical realism, as a 'paint by numbers' of reality" (p. 253). Es decir, la evolución ha premiado una memoria engañosa porque ésta nos permite cambiar la realidad cuando así nos interesa desde el punto de vista de nuestra supervivencia.
martes, 10 de septiembre de 2019
Érase una Vez en Hollywood
Tarantino, Q. 2019. Once Upon a Time in Hollywood.
El pasado no puede ser cambiado. Tenemos un cierto poder sobre el presente y sobre el futuro, pero el pasado es inamovible. Al menos en la realidad. "El pasado no pasa nunca, ni siquiera --lo dijo Faulkner (1) -- es pasado; el pasado es sólo una dimensión del presente", nos recuerda una y otra vez Javier Cercas en El Impostor. Pero sí podemos cambiarlo, por supuesto, con la imaginación, como hace el personaje de Cercas en su libro. Cuando el pasado no nos gusta, nuestra mente intenta transitar por varios caminos para superarlo. Lo ideal sería aceptarlo tal cual es, enfrentándonos a su verdad por dolorosa que sea. Ese es el camino que nos recomiendan los sabios y los psicólogos. Pero como ya sabemos, a veces la realidad es muy cruel como para poder ser aceptada y el ser humano acude a los trucos que le brinda su capacidad de engaño y fantasía.
Un camino posible es el del olvido, para quien lo consiga. Borrar, destruir, como si de los archivos de un disco duro se tratase. Eliminar los recuerdos difíciles y traumáticos, arrinconarlos, intentar perderlos en los vacíos de la memoria. El problema es que a veces están tan arraigados en las profundidades de nuestra amígdala y de nuestro hipocampo que haría falta una lobotomía para extirparlos.
Otro camino para evitar esos recuerdos es intentar cambiarlos, ya sea consciente o inconscientemente. Nos negamos a aceptar la realidad de lo ocurrido e inventamos una realidad paralela que en el fondo sabemos que no es real, pero a la que damos una dosis de verosimilitud como para poder ser mantenida. Esta vía, cuando se enquista y se fortalece en demasía, puede conducir a la locura y a total disociación con la realidad.
Otra posibilidad es jugar con el pasado utilizando la fabulación, permitiéndonos durante un rato la posibilidad de cambiarlo a través de la ficción. Se trata de elegir el instante propicio, el momento crucial en el que algo ocurrió, la disyuntiva y la bifurcación exacta en la que la moneda gira y el azar decide la cara o la cruz, ese momento que tan magistralmente refleja la película Match Point de Woody Allen. Se puede volver atrás y permitir que la ilusión invierta el camino al que la realidad nos llevó de forma irreversible.
Cuando la literatura y el cine se dejan llevar por estos laberintos de la fantasía, estamos ante lo que se llama una ucronía: nos permitimos cambiar el pasado a nuestro antojo. De la misma forma que podemos decidir entre utopía y distopía cuando imaginamos el futuro, dependiendo de si nos dejamos llevar por nuestras esperanzas o por nuestros miedos, podemos hacer con respecto al pasado. Podemos cambiarlo hacia peor, imaginando lo que habría ocurrido si la suerte no nos hubiera acompañado o el destino no nos hubiera favorecido. Esta fantasía puede servir para apreciar lo que tenemos y ser muy cuidadosos la próxima vez que nos encontremos en una encrucijada. Philip Roth, por ejemplo, imagina en The Plot Against America lo que podría haber ocurrido si Charles Lindbergh, simpatizante nazi, se hubiera presentado y ganado las elecciones que finalmente ganó Roosevelt.
La otra posibilidad, más dulce, es cambiar el pasado hacia lo mejor, eliminando el trauma, el hecho doloroso, el accidente, el crimen, la ruptura, y dirigir la realidad hacia lo deseable. Se trata de utilizar la imaginación, la literatura o el cine como terapia, aunque sea momentáneamente, y permitir que la realidad tome otro curso, a nuestro favor. Podrían existir muchas vidas en universos paralelos, como en la película Mr Nobody de Jaco Van Dormael. ¿Por qué no imaginar el que nos gustaría?
Tarantino se sumerge en este delicioso camino y se venga de un pasado que no gusta a nadie, como ya hizo en su otra película Inglorious Basterds. En aquella ocasión lo hizo con los nazis y en esta ocasión lo hace con los terribles crímenes cometidos en la época dorada de Hollywood por la secta de los Manson, utilizando a dos personajes que se quedarán grabados en la historia del cine: el actor venido a menos interpretado por Leonardo di Caprio y su doble en las escenas de acción, interpretado por Brad Pitt.
Una delicia de película que nos permite gozar haciéndonos creer durante un rato que podemos ser dueños del pasado y de la realidad.
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(1) "The past is never dead. It is not even past". Requiem for a Nun.
36 ejemplos de ucronía en la literatura
Así es como (nunca) sucedió)
Reseña (EL CULTURAL)
Reseña (LA VOZ DE GALICIA)
Reseña (EUROPA PRESS)
Reseña (EL ESPAÑOL)
Entrevista (FOTOGRAMAS)
Here are the differences between Once Upon a Time in Hollywood and the Real Manson Case (ESQUIRE)
domingo, 8 de septiembre de 2019
Mitos y Utopías del Descubrimiento: El Pacífico
Gil, Juan. 1989. Mitos y Utopías del Descubrimiento. 2. El Pacífico. Alianza Universidad.
Este año se conmemora el inicio de la expedición que culminaría con la primera vuelta al mundo, emprendida por Magallanes y terminada por Elcano. El interés por este acontecimiento se ha unido casualmente a la lectura del libro de Bloch El Principio Esperanza. Uno de los principales capítulos de ese libro repasa el papel de las utopías geográficas en la historia de la humanidad, y la forma en la que la fantasía por encontrar lugares míticos y fabulosos ha movido al hombre con una energía y una fe que la simple realidad no habría nunca podido conseguir.
La unión de los dos temas me ha llevado a conocer esta fascinante obra del profesor sevillano Juan Gil, que hace un análisis pormenorizado de la forma en la que los mitos y utopías se convirtieron en el combustible primordial que puso en marcha la era de los descubrimientos. Juan Gil demuestra que tanto Colón como Magallanes iban en busca de Ofir, la mítica isla bíblica con playas auríferas de donde el rey Salomón obtenía las riquezas que le permitieron construir su fabuloso templo. El autor se basa en distintas biografías (1) para retratar a Magallanes como un ardiente misionero y fanático religioso que se vio conmovido por las conversiones en masa de los indígenas, una auténtica "embriaguez de bautismos": "cuando se sucedían estos bautismos sin cuento, que parecían preludiar la segunda parusía de Cristo, el hombre más cuerdo parecía perder la cabeza: alucinaciones semejantes habían de trastornar a los religiosos, fueran franciscanos o jesuitas, en tiempos y parajes muy diversos" (p.21). Magallanes llega a delirar y creerse un enviado de Dios, un nuevo apóstol protegido por Cristo, y es precisamente este exceso de fe el que lo llevó a la muerte.
Los navegantes de la época estaban imbuidos de una poderosa fe mesiánica, creyendo que estaban cumpliendo una misión profética y que se hallaban cerca de las utopías de Tarsis y Ofir, que según la tradición, además de ser el lugar donde estaban las minas del rey Salomón, también eran la cuna de donde procedían los tres Reyes Magos. Álvaro de Mendaña puso una flota en marcha el 19 de noviembre de 1567 con dos naves, una de las cuales se llamaba "Los Tres Reyes", hasta que el 1 de enero de 1568 fueron guiados por una estrella, la estrella de los Reyes Magos, y es por ello que tuvieron el profundo convencimiento de que habían arribado a las islas de Salomón, de donde procedían los tres Reyes. "La estrella de los Reyes se distinguía de las demás del firmamento en que no había sido creada conjuntamente por ellas, sino en el tiempo fijado del nacimiento de Cristo, y que no se encontraba en el octavo cielo, sino en medio del aire o muy cerca de la Tierra. Esta doctrina, que venía a ser la enseñanza oficial de los jesuitas, podía muy bien ser recordada incluso por los rudos marineros que creían pisar la tierra de los Magos y se sentían voceros de Cristo en en los últimos confines del mundo habitado" (p.93).
Los españoles se sentían el pueblo elegido, protegidos y guiados por una estrella diferente a las del resto del firmamento. El país bienaventurado al que conduce la estrella no está al alcance de cualquiera, aspecto en el que coinciden todos los mitos (Perseo llegando con sandalias aladas al lugar encantado de los Hiperbóreos, Ulises llegando a la tierra de los Cíclopes, San Brandán llegando a la isla "Perdida", p. 94). Mendaña se añade a sí mismo a la lista de elegidos, y nombra a la bahía como bahía de la Estrella, y posteriormente todos conocen a las islas como las islas Salomón. "Con esta denominación se cierra el círculo: la flota va en busca de las minas bíblicas bajo la advocación de los Reyes Magos, y éstos con su estrella por guía los conduce a Saba, su isla" (p.96)
El sucesor de Mendaña fue Pedro Fernández de Quirós, su piloto mayor, que tomó posesión de todas las tierras descubiertas y por descubrir hasta el polo sur el 14 de mayo de 1606 "en nombre de la Santísima Trinidad, de la Iglesia Católica, de las Ordenes de San Francisco, de San Juan de Dios y del Espíritu Santo y por último de Su Majestad" (p.117). Allí Quirós cree a pie juntillas que está por fin construyendo su utopía. "Pocas veces se había estado tan cerca de inaugurar en la tierra el tercer y definitivo período de la historia, la era del Espíritu Santo, culminación de los períodos del padre y del Hijo, según la conocida concepción trinitaria del visionario abad calabrés Joaquín de Fiore, esa edad de oro en la que todos los hombre serían hermanos y la esclavitud abolida después del triunfo absoluto de la pobreza franciscana" (p. 118).
Juan Gil sigue desgranando la sucesión de delirios y ensueños australes levantados por Magallanes, Mendaña y Quirós, que continúan hasta bien entrado el siglo XVII. Tras la paz de Westfalia (1648), las quimeras no se esfuman, sino todo lo contrario. Con la crisis del imperio, los fantasmas que han guiado a los españoles aún se hacen más presentes, "acostumbrados a oír a Olivares decir que Dios era español" (p. 220). Hasta que por fin, en el siglo XVIII, tras los viajes de Cook, "la Religión y la Fe son sustituidas por el Progreso, , en cuyo altar se ofrendan ahora nuevos sacrificios y se inmolan gustosas víctimas" (p.357). Es a partir de entonces cuando se pone fin el ensueño de la existencia de un continente austral y se desvanece la quimera de "la posesión de las islas del rey Salomón, que habían de iniciar con su oro mágico el período definitivo de la Historia Universal. Por la consecución de esta idea --y con el tiempo, de otras afines y derivadas,-- habían rivalizado durante siglos los más intrépidos navegantes del mundo" (p. 357)
La creencia en los Reyes Magos, pues, no es simplemente cosa de niños. Su estrella ha guiado a los hombres a conquistar sueños y delirios imposibles, creyendo en esa ilusión como pura realidad.
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(1) Por ejemplo, Benson, E.F. 1930. Ferdinand Magellan. Harper.
La expedición de Mendaña: los españoles que fueron a buscar a los reyes magos
Maravilla y fiebre de las Indias
Entrevista a Juan Gil
Mitos y utopías americanas
sábado, 31 de agosto de 2019
Rabos de Lagartija
Marsé, Juan. 2000. Rabos de Lagartija. Editorial Lumen, SA.
Es difícil no relacionar la novela con el relato central de Obabakoak, de Bernardo Atxaga, en el que un niño introduce un lagarto en la oreja de otro, produciendo consecuencias insospechadas. Aquella deliciosa colección de relatos donde se confunden la realidad con la fantasía tiene varios puntos en común con esta obra maestra de Marsé: los lagartos y las lagartijas, las orejas por donde se cuelan bichos que terminan afectando al cerebro, y el límite impreciso entre realidad y ficción en la mente de los niños y los adolescentes.
Ya hemos comentado aquí otros libros y películas donde se explora ese límite: Léolo, El Espíritu de la Colmena, El Laberinto del Fauno o Industrias y Andanzas de Alfanhuí, donde un niño también juega con lagartijas. En todos ellos, los niños o los adolescentes se enfrentan a una dura realidad y solo su imaginación y su fantasía les permite comprenderla de alguna forma y sobrevivir a ella. Por supuesto, sabemos que esta incursión en la irrealidad es algo también absolutamente necesario para los adultos, pero indudablemente la frontera es mucho más difusa e imprecisa cuando la mente aún no está del todo formada. Las ensoñaciones y desvaríos que consideramos naturales en el caso de la infancia son considerados síntoma de enfermedad mental en la edad adulta.
Dos niños son los narradores de Rabos de Lagartija. Uno de ellos aún no ha nacido, y narra desde el vientre de la madre, y el otro es su hermano David, el personaje central, con el cual se comunica abiertamente. Vemos el mundo desde su perspectiva, el mundo de los terribles años cuarenta en Barcelona donde la pobreza, la supervivencia, y la persecución policial y represiva son la realidad diaria y gris de la que las películas son una de las pocas escapatorias: El Ladrón de Bagdad, La Carga de la Brigada Ligera o Tierra de Audaces (Jesse James). David ve alimentada su fantasía por estas películas, que le proporcionan munición para su propia imaginación, donde visualiza películas de forma permanente.
Estas películas que David recrea en su mente se basan en la realidad, pero transformada, de la misma forma que todos los guiones y todas las novelas. Algunas quizás procedan de conversaciones oídas sin querer, o de memorias que se pierden en el subconsciente; otras nacen de fotografías que adquieren vida y otras son simples fabulaciones creadas de tal forma que se viven como si fueran realidad. En todas ellas aparecen fantasmas que para David tienen la misma consistencia que personas de carne y hueso: su padre desaparecido con su raja en el culo, que le visita en el barranco; su hermano mayor muerto con su pierna de menos; el piloto de la RFA que aparece en una portada de la revista Adler con su impoluta cazadora de cuero; el otorrino al que pertenecía la consulta que utilizan como casa, que se le aparece con su bata blanca y montera de torero; su perro sacrificado con su venda y su agujero en la frente. Todos ellos son alucinaciones vividas como si fueran reales; no hay ninguna diferencia en la mente de David, y así se nos transmiten de manera genial en la novela, por lo que vamos permanentemente de la realidad a la fantasía sin ser advertidos. Este continuo y sorpresivo traspaso de frontera es la sal de la novela.
La obsesión de David no es huir de la realidad, sino conocer y comprender la verdad, pero el camino para llegar a esta no puede ser la realidad, pues la realidad la oculta y la disfraza. Para que su abuela lo reconozca y deje de ser invisible, David ha de disfrazarse de niña y hacerse pasar por el fantasma Amanda; también urde toda un trama falsa con el objetivo de atrapar al inspector Galván en lo que él cree que es la verdad. Solo es posible llegar a la verdad a través de la mentira. En más de una ocasión David nos recuerda a Hamlet, en primer lugar porque ambos hablan con los espectros de sus respectivos padres, y en segundo lugar por el odio que le tiene al policía, porque lo considera cómplice de la desaparición de su padre y porque está convencido de que el "guripa" quiere ocupar el lugar de su padre, cortejando incesantemente a su madre, lo mismo que le ocurre a Hamlet con su tío. Debido a todo esto, y a lo que David cree que ha hecho el inspector con su perro, hace lo posible por destrozar la relación entre el policía y su madre. David quiere demostrar la culpabilidad y maldad del inspector y para ello inventa una trama que saque a la luz lo que él cree que ha hecho, tal y como hace Hamlet con su obra de teatro para poner en evidencia a su tío usurpador del trono.
Los diálogos de David con el fantasma de su padre son todos especialmente memorables. Hay una ocasión, en la que David le cuenta que vio caer un bombardero Marauder B-26 de la RFA en la playa de Mataró, algo que nadie creyó. Su padre, a su vez, estaba pergeñando una mentira que contarle a la madre de David para consolarla con respecto a su inagotable afición a la bebida. David le hizo ver que esa mentira no era creíble en absoluto. En ese momento, el padre le mencionó la siguiente frase, un latinajo que le había enseñado su mujer, que es quizás el motor oculto de toda la novela: "Fortis imaginatio generat casum" (p. 187). Es decir, una fuerte imaginación hace que las cosas sucedan (1) . La imaginación puede llegar a hacerse realidad, la mentira puede llegar a convertirse en verdad, la fantasía puede destronar a lo real y hacerse dueña de la situación.
Terminamos con dos citas imponentes sobre la realidad y la verdad que aparecen en el libro. La primera sale de la boca del padre de David, refiriéndose a las tretas de éste para desenmascarar a Galván y demostrar lo que él cree que es la verdad:
"...tú crees que es un hecho consumado. Pero por el momento, más que un hecho es una apariencia, y eso es lo que te enfurece. Tu impostura es peligrosa, la conozco, la he sufrido en mis carnes. No es que mientas para enterrar la verdad, ya lo sé, lo haces precisamente para desenterrarla, pero en cualquier caso, mientes... Los hay que piensan que una cosa es la realidad y otra la verdad, y tú eres uno de esos. Eres un peligro, hijo mío..." (p. 306).
La segunda pertenece a los pensamientos de su hermano no nacido aún, refiriéndose a la lucha de David por poner orden en la realidad:
"A su modo, David había asumido esa contradicción: como si supiera que la verdad no existe, que solo existe el deseo de encontrarla, luchaba no contra ella, sino contra la fragilidad de su apariencia" (p.336).
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(1) "Una imaginación robusta engendra por sí misma los acontecimientos", según la traducción de la edición de Gonzalo Torné de los Ensayos de Montaigne (2014, Penguin Random House). Con esta frase comienza el capítulo XX, "De la fuerza de la imaginación".
Reseña (REVISTA DE LIBROS)
Reseña (EL MUNDO)
El espacio narrativo en Rabos de Lagartija (Natalia Álvarez Méndez)
Análisis literario (Universidad de Estocolmo)
Fortis imaginatio generat casum
martes, 20 de agosto de 2019
El Impostor
Cercas, Javier. 2019. El Impostor. Penguin Random House
La novela de Cercas está muy relacionada con el libro de Vargas Llosa La Verdad de las Mentiras. De hecho, Vargas Llosa aparece como un personaje en la novela y publicó un artículo sobre el caso Marco titulado "Espantoso y genial". Vargas Llosa es quien empuja a Cercas a escribir la novela, según cuenta el narrador, pues en sus libros suele explorar los límites entre la verdad y la mentira: "para llegar a la verdad, hay que mentir" (p.19). Esta es una de las ideas básicas de la novela: el incierto límite entre la verdad y la mentira, entre la realidad y lo falso: "como sabe cualquier buen mentiroso, una mentira sólo triunfa si está amasada con verdades" (p. 69).
El otro tema recurrente es la necesidad de escapar de la realidad para sobrevivir, refugiándose en la ficción, la imaginación y la invención de una segunda realidad: "la realidad mata, la ficción salva" es otro de los mantras de la novela. "Enric Marco es pura ficción. ¿No te das cuenta? Todo él es una ficción enorme, una ficción, además, incrustada en la realidad, encarnada en ella. Enric es igual que don Quijote: no se conformó con vivir una vida mediocre y quiso vivir a lo grande; y, como no la tenía a su alcance, se la inventó" (p.29).
Hay una tercera idea que se repite a lo largo del libro: todos somos en realidad unos impostores, nos inventamos a lo largo de nuestra vida un personaje para ir sobreviviendo a las vicisitudes y zarpazos de la realidad. Embellecemos y adornamos lo bueno y ocultamos y falsificamos lo malo, para salvar nuestra dignidad y hacernos merecedores del cariño y el amor de los que nos rodean. "Marco se parece a don Quijote o a Emma Bovary, otros dos grandes mentirosos que, como Marco, no se conformaron con la grisura de su vida real y se inventaron y vivieron una heroica vida ficticia; en ese sentido hay algo en el destino de Marco, como en el del Quijote o la Bovary, que profundamente nos atañe a todos: todos representamos un papel; todos somos quienes no somos; todos, de algún modo, somos Enric Marco" (p. 40).
El libro, a pesar de ir desvelando las mentiras de Marco una a una y exponernos a su última verdad de forma metódica, detectivesca, no consigue que el personaje nos caiga mal, sino todo lo contrario: es el narrador el que se va haciendo progresivamente antipático por su crueldad, su minuciosidad, su insistencia salvadora. Hay un momento crucial, cuando Marco le dice a Cercas: "Por favor, déjame algo" (p.348) en el que el lector siente una compasión infinita por Marco y quisiera decir: "déjalo ya, déjalo en paz, no te ensañes más", porque todos sabemos que una disección pormenorizada de nuestras vidas dejaría al descubierto multitud de invenciones y mentiras. No queremos ser salvados por la verdad, hemos construido un personaje que se ha salvado a sí mismo por la ficción. ¿Por qué tiene nadie que venir a exponer pornográficamente la cruda realidad de nuestra biografía? Si el mismo narrador una y otra vez nos recuerda que la verdad mata y la ficción salva, ¿por qué se obstina en destrozar toda la ficción creada a lo largo de una vida?
El único capítulo del libro que no se basa en la realidad, sino que es ficción, es un supuesto diálogo entre Marco y Carcas (capítulo de 8 de la tercera parte), desde mi punto de vista el mejor del libro. En él , el personaje Marco se rebela contra su autor, Cercas, y le echa en cara su obstinación por salvarlo. Le hace ver que el novelista es el mayor mentiroso de todos, pues él inventó un personaje, el republicano Miralles, en Soldados de Salamina, que muchos se tragaron como real. Marco le recrimina no haber buscado al Miralles real, sino haberse inventado uno falso. Cercas se justifica: "La poesía (o sea, la ficción, y para el caso, la novela) es un engaño en el que quien engaña es más honesto que quien no engaña, y quien se deja engañar más sabio que quien no se deja engañar" (p. 375), siguiendo a Gorgias (siglo IV aC). A lo que Marco le responde: "Y una mierda: no lo buscó porque a usted la verdad le importaba un pito, lo mismo que a mí; lo que a usted le importaba era escribir un buen libro para forrarse y salir en la foto y que le quisieran y le admiraran" (p. 376). Cercas hace terapia personal con este capítulo en el que permite a Marco decirle todo aquello que su propia conciencia le recrimina por haberse dedicado con tanta tozudez a desenmascarar sus mentiras.
El lector sabe que un novelista no se enzarza con su personaje como si lo odiase; ni Cervantes odia a don Quijote ni Flaubert odia a Emma; un novelista entiende la necesidad de mentir de sus personajes y les permite vivir su ficción, porque sabe que ésta es la que los salva. En este caso, ocurre lo contrario, en vez de crear ficción, el novelista la destruye concienzudamente para llegar a la verdad, casi hasta llegar a destrozar al personaje, que se resiste a morir con uñas y dientes, y el lector no puede sino sentir simpatía por él, pues no quisiera verse sometido a la misma tortura.
Una novela fascinante por estar hecha al revés, buscando la destrucción de la ficción en vez de construirla.
Espantoso y genial (Vargas Llosa)
Reseña (EL PAÍS)
Reseña (EL CULTURAL)
Entrevista a Enric Marco en la Cadena SER
domingo, 11 de agosto de 2019
Blade Runner
Scott, Ridley. 1982. Blade Runner.
Villeneuve, Denis. 2017. Blade Runner 2049.
Blade Runner y su secuela del 2017 son quizás las películas más emblemáticas, junto con la saga de Matrix, de lo que llamamos posmodernismo, con todo lo que ello implica de hiperrealidad, transhumanismo, inteligencia artificial y realidad virtual. La película de Ridley Scott grabó en nuestra conciencia colectiva una de las más extendidas distopías de nuestro tiempo. El año del futuro en el que transcurre la acción es justo nuestro 2019, y en lugar de quedarse anticuada se ha visto confirmada en muchos aspectos, como hemos podido ver en libros como Homo Deus, La Destruction du Réel, La Herida de Spinoza, El Estilo del Mundo o los tres volúmenes del filósofo alemán Peter Gabriel: una sociedad donde el hombre se ve superado por la tecnología y pierde las riendas de la misma; donde el medio ambiente está envilecido hasta tal punto que apenas queda naturaleza; donde la realidad virtual ocupa el lugar de la realidad, de forma que todo parece un gigantesco holograma.
Las dos películas, tanto la original como la secuela, revelan todos estos miedos, pero en esta ocasión queremos detenernos en uno especialmente: la pérdida de la identidad por la manipulación de nuestros recuerdos. Una de las claves que se repite en ambas películas es la construcción artificial del pasado de los replicantes: éstos han sido imbuidos de recuerdos falsos, de forma que creen tener un pasado y una historia personal. Por eso, para ellos, dudar de estos recuerdos es una de las mayores heridas que se pueden infligir en su autoestima. Necesitan creer que son verdaderos y reales. Por eso Rachael, la replicante experimental, llora cuando se le hace consciente de que sus recuerdos no son verdaderos, sino implantados.
El caso es que nosotros, seres humanos y aún no transhumanos, tenemos la misma inseguridad que los replicantes: ¿hasta qué punto son reales nuestros recuerdos y no han sido construidos y reconstruidos a lo largo de nuestra vida? (1). Somos conscientes de que no lo recordamos todo, afortunadamente, pues eso sería insoportable como bien sabemos por Funes el Memorioso, el relato de Borges, y que muchas veces albergamos dudas sobre la veracidad de nuestros recuerdos. Construimos nuestra identidad utilizando los recuerdos que seleccionamos, de forma que es nuestra memoria autobiográfica la que da coherencia y sentido a nuestra vida. Gracias a un mecanismo perfeccionado por la evolución, olvidamos lo que nos desgradada y tendemos a embellecer lo que nos causó placer y felicidad. Lo que recordamos es siempre una distorsión de la realidad, afortunadamente, adornada en unos aspectos y censurada en otros. Vamos construyendo un relato personal, convirtiéndonos de esta manera en novelistas de nosotros mismos. Los recuerdos terminan uniendo la realidad con la ficción construida, confundiéndose con ilusiones, esperanzas, sueños, miedos, frustraciones, por lo que siempre están teñidos de emociones.
Las investigaciones sobre la memoria autobiográfica demuestran que con el paso del tiempo, tenemos una tendencia a admitir como ciertos aquellos hechos que nos resultan verosímiles o queremos creer aunque no hayan ocurrido en la realidad, y viceversa. Las investigaciones de Elizabeth Loftus (2) sobre los falsos recuerdos o las de Julia Shaw (3) sobre las distorsiones de la memoria nos informan sobre la facilidad con la que falseamos la realidad borrando recuerdos reales o creando otros inexistentes.
Por otra parte, las neurociencias van teniendo cada vez más acceso a los lugares del cerebro donde se seleccionan y guardan estos recuerdos. Gracias a los estudios sobre los casos de amnesia y de la enfermedad de Alzheimer y a las últimas técnicas de resonancia magnética o tomografía por emisión de positrones, se va perfeccionado el conocimiento del mapa de los lugares donde los guardamos. De la misma forma, cada vez tenemos más acceso a la modificación de nuestros estados de ánimo gracias al avance en nuestros conocimientos sobre la forma en que la farmacología puede incidir en nuestros circuitos hormonales. El soma de Aldous Huxley ya llegó, se llama Prozac, y en nuestra sociedad el consumo de antidepresivos aumenta en progresión geométrica. ¿Por qué no recurrir al remedio rápido de una pastilla en lugar de otras terapias personales más largas y costosas?
¿Llegará el día en el que a diferencia de los replicantes de Blade Runner, en lugar de apreciar la autenticidad de nuestros recuerdos y renegar de su falsificación, lleguemos a pedir su manipulación, de forma que consigamos borrar por completo aquellos que no nos gustan o embellecer aún más aquellos que nos agradan? Esto es algo que ya hacemos de forma natural, pero puede llegar el momento en el que el proceso pueda ser potenciado artificialmente, y lo que es peor, ese proceso podrá ser guiado por otros que dominen la tecnología para hacerlo en lugar de nosotros mismos. En ese caso, nuestro relato autobiográfico habría dejado de estar en nuestras manos, como le ocurre a los replicantes de Blade Runner.
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(1) Otras películas que versan sobre nuestros miedos y dudas ante los laberintos y experimentos sobre la memoria humana y la posibilidad de manipularla son, por ejemplo, Memento (Christopher Nolan, 2000), Eternal sunshine of the spotless mind (¡Olvídate de mí!)(Michel Gondry, 2004), Inception (Origen) (Christopher Nolan, 2010), Total Recall (Desafío Total)(Len Wiseman, 2012) o Regression (Regresión) (Alejandro Amenábar, 2015). También es muy interesante el documental Memory Hackers, disponible en Youtube)
(2) TED Talk : La ficción de la memoria, disponible en Youtube.
(2) Shaw, J. 2017. The Memory Illusion. Remembering, Forgetting and the Science of False Memory. Random House
Posmodernismo en Blade Runner
Blade Runner o el Posmoderno Prometeo
Blade Runner, recuerdos del futuro
Blade Runner 2049
Enlaces a páginas sobre los falsos recuerdos y la manipulación de la memoria:
Regresión o como crear falsos recuerdos (HUFFPOST)
Implantar recuerdos (XL SEMANAL)
Modificar los recuerdos (INVESTIGACIÓN Y CIENCIA)
Científicos descubren cómo borrar y manipular recuerdos (COMPUTER HOY)
¿Se puede manipular la memoria? (NEUROPSICOLOGÍA Y APRENDIZAJE)
Falsos recuerdos: ¿se puede manipular la memoria) (HIPERTEXTUAL)
Consiguen manipular recuerdos con una técnica bastante sencilla (TENDENCIAS CIENTÍFICAS)
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